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AULA DE CULTURA VIRTUAL

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Transcripción de la conferencia de la periodista Rosa Villacastín del 10 de mayo de 2000 - 4

Enzarzadas nosotras en esas batallitas de casa, de cama, hemos abandonado durante siglos nuestro objetivo principal, la igualdad y la independencia económica, y sólo disponiendo de nuestro propio dinero se puede conseguir esa igualdad. El cine, que tanto ha contribuido a abrirnos los ojos en otras ocasiones, fue nefasto en cuanto a que creó arquetipos de mujeres y de hombres que en realidad no existen; de ahí la decepción de muchas mujeres en su primera noche de bodas o durante la convivencia, del amor juvenil basado en personajes irreales. Ya no existen los príncipes azules, eso lo sabemos todos, pero tampoco las princesitas. Este cine, como digo, ha dado al traste con muchas parejas, y en relación con tal asunto, retomo, de nuevo, la opinión de un sociólogo, un hombre muy prestigioso que hay en Madrid, quien dice que el amor concebido como algo sublime y que transporta a otro mundo es un invento de principios de siglo pasado, porque antes la gente se casaba por conveniencia.

Por supuesto que no es eso lo que defendemos, sino que la gente se case de verdad, con la persona adecuada, porque así se evitarían muchos divorcios, muchas separaciones, muchos fracasos. Ahora bien, øquién es el adecuado?, pues si supiéramos quién es el perfecto, desde luego, andaríamos todas detrás de él. Hace días, Diario 16 publicó una encuesta en la que decía que el 80% de las mujeres pide el divorcio, pero ¿por qué lo piden?; no es que la mujer sea una libertina, simplemente lo pide porque, antes, estaban hartas de su marido -algunas, simplemente hartas; otras, muy hartas-, y, sin embargo, no se atrevían a tomar esta medida por la falta de medios económicos para sobrevivir. Hoy, la mujer que trabaja, la mujer que tiene una independencia económica -de ahí que sea el gran reto que tenemos planteado y al que todas aspiramos-, tiene otra actitud ante la vida. Además, todo esto, ha dado lugar a muchos cambios sociales: es normal que, en la actualidad, una mujer viva sola, o que una mujer soltera adopte un niño, o que una pareja de mujeres vivan juntas, o una pareja de hombres; lo estamos viendo todos los días y no es ni mejor ni peor que lo conocido, es, simplemente, que la sociedad está cambiando a pasos agigantados y que la idea que teníamos de la familia ha cambiado tanto que, como decía Alfonso Guerra, `no la reconoce ni la madre que la parió´.

Entre los muchos retos, hay otro importante, y yo diría que es esa tercera pata de la mesa. Se dice que la educación es más valiosa que el dinero, con muchísima razón; las mujeres nos volvimos peligrosas para los hombres, para la sociedad, cuando empezamos a leer, a escribir, a cultivarnos. Tradicionalmente, las mujeres estábamos libres de tener que interesarnos por la cultura, que era un mundo de hombres, un mundo, el del conocimiento y del saber, que les pertenecía en exclusiva. Pero, en menos de 100 años, una buena parte del sector femenino se ha puesto al día y está a la misma altura cultural que el masculino; hoy, a una mujer ilustrada, nadie la mira como una cosa rara, sino todo lo contrario: yo creo que produce verdadero placer cuando una mujer -pueden ser, mismamente, vuestras hijas o vuestras hermanas, o vuestras cuñadas, u otras de la familia- ha llegado a conseguir un puesto, o ha llegado a hacer una oposición, o ha llegado a ser profesora de la universidad, o dependienta, o a estar en una fábrica. Pues bien, todo eso empieza por la cultura, de ahí que los hombres hayan empezado a preocuparse por lo que consideran sus competidoras femeninas -y que conste que yo no tengo nada contra ellos-.

Estaréis de acuerdo conmigo en que hay todavía muchos tics masculinos que hay que erradicar definitivamente de nuestra vida, como, por ejemplo, el lenguaje. Yo insisto mucho en la solidaridad entre las mujeres, porque, a lo largo de mi trayectoria profesional, curiosamente, yo no me he encontrado con hombres que me pusieran zancadillas, sin embargo, quizá, las mayores enemigas han sido las mujeres -todas o casi todas las aquí presentes podríamos contar alguna historia de lo que nos ha pasado personalmente-. Con motivo de todo eso, de esos conceptos que tienen ellos, tan diferentes a los nuestros, se está produciendo un fenómeno que no es que no existiera anteriormente, sino que, simplemente, quizá, no salía tan a flor de piel -o no salía-, o no nos hacíamos eco de ello en los medios de comunicación como nos hacemos ahora: me estoy refiriendo a la violencia, a los malos tratos, un tema que yo creo que a todas nos debería de hacer recapacitar, porque son 3.000 mujeres en nuestro país las afectadas por malos tratos anualmente, un asunto muy grave que se ha estudiado -y se estudia- mucho.

Mucha gente piensa que eso sólo ocurre en determinados ambientes, en ambientes de un nivel económico o cultural bajo, y no es cierto, porque hay otra violencia mucho peor y que destruye más, que es la violencia psíquica; asi pues, no es sólo la física. Lo importante en este problema es que seamos muy solidarias entre nosotras, y en el momento en que tengamos la idea de que un hombre maltrata -recordemos que hay muchos tipos de vejación y que uno de ellos es el lenguaje-, deberemos llamarle la atención y denunciarle. Me consta que muchas mujeres aceptan el insulto como parte del matrimonio y de la relación, cuando el diálogo y el respeto es lo que más puede unir a las personas. Incluso, puede repercutir en los niños, ya que muchos de los que han sufrido esos maltratos se convierten en maltratadores.

Debido a todo esto, yo he oído muchas veces decir que la culpa de lo que está ocurriendo la tiene, precisamente, la libertad que nos hemos tomado las mujeres, y no es así; la libertad es un don, el más preciado de la persona, y por eso es tan difícil conseguirla, y por eso mueren cada año miles de personas -no sólo mujeres- en todo el mundo, y por eso se declaran las guerras. Lo que sí se está produciendo es una serie de desajustes, y ahí es donde cada una de nosotras, desde su pequeña o gran parcela, debe hacer hincapié, para intentar cambiar esta sociedad. No creáis que exagero con respecto al importante papel que desarrollamos todos; incluso los medios de comunicación deberíamos tener otra actitud diferente, ya que, no en vano, tenemos una gran responsabilidad, y, sobre todo, la televisión, que está proyectando una imagen de la mujer que no se corresponde con la realidad. Estos medios tienen una doble función que es la de educar y la de informar, y la pregunta que yo les haría hoy a ustedes es si se sienten representadas o reflejadas en el papel que se les asigna en ellos. Lo digo como autocrítica, ya que yo formo parte de los mismos, pues quizá no sepamos dar la imagen correcta de la mujer.

Hay, yo creo, una ausencia general de temas que afectan a las mujeres, a sus relaciones, y eso lo deben denunciar ustedes y lo debemos denunciar nosotros, porque, con frecuencia, se está dando una imagen muy negativa que se corresponde con viejos modelos y comportamientos de mujeres y hombres de otro tiempo. Así, en la publicidad, si os dáis cuenta, hemos pasado de ser objetos sexuales a ser mujeres de diseño; hoy, lo único que se nos pide a todas es que seamos delgaditas, estilizadas, da igual lo que tengas en la cabeza pero no cómo tengas el cuerpo. Pero, ¿por qué ocurre esto?; yo me lo he preguntado muchas veces porque conozco la televisión por dentro muy bien, y digo `¿pero por qué todas las que salen por televisión tienen que ser niñitas con dos tiritas y no gente preparada, gente que sepa?´, porque, desde luego, la mayoría de la población no es eso, yo no me veo reflejada en niñas de 18 años.

En Estados Unidos, los informativos los presentan hombres y mujeres de 50 años, ya que es cuando realmente tienes un poso cultural, una prepación; sin embargo, aquí, ¿por qué está pasando esto? Creo que esto ocurre porque la belleza todavía es el canon principal, impuesto por los hombres, y es algo contradictorio que esto ocurra en un momento en que la mujer está emancipada, es más liberal; de ahí que yo abogue por denunciarlo constantemente, porque, además, todos nosotros, de alguna forma, y cada uno desde nuestra parcela, somos muy responsables. La seducción, por ejemplo, ha sido el arma por excelencia de la mujer para conquistar todo, para conquistar al hombre, para conquistar el poder, y es un lastre que debemos superar.

Si las mujeres queremos situarnos a la cabeza de ese cambio cultural que requiere nuestra sociedad para que, definitivemente, se produzca el cambio de mentalidad, vamos a tener que esforzarnos mucho, todas. Yo insisto en que debemos hacerlo cada una desde nuestra parcela: las que tenéis hijos, educando a los hijos y a las hijas exactamente igual; las que no los tienen, pues haciendo exactamente lo mismo con los ajenos, etc. Y todo esto porque la igualdad de la mujer con respecto al hombre es, en el fondo, un problema de libertad, y las mujeres debemos acostumbrarnos a manejar nuestra propia independencia sin complejos de ningún tipo. La única manera de traspasar ese muro invisible pero prácticamente infranqueable contra el que las mujeres nos estrellamos una y otra vez es llegar al poder; sólo desde el poder se puede cambiar la sociedad. Hay que apoyar que las mujeres tengamos la misma igualdad para cambiar esa sociedad, y, como decía mi admirado Antonio Machado, `se hace camino al andar´. Gracias.

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