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AULA DE CULTURA VIRTUAL

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Transcripción conferencia de la periodista y escritora Margarita Rivière y 4

Hay muchas otras cuestiones pendientes en torno a lo que acabo de mencionar, como, por ejemplo, la aparición y el reconocimiento de la existencia de un pensamiento hecho por mujeres. Falta que se nos reconozca algo que todavía no se nos reconoce: qué pensamos. Porque aún, paar muchos, no pensamos; es decir, si os fijáis en las cuestiones de Estado, solamente las deciden los hombres. Cuando se habla de la forma del Estado en seminarios muy serios a los que asisten señores de cualquier edad, casi nunca hay mujeres, a pesar de que hay alguna especialista buena en temas de nacionalismos, por poner un caso. Filósofas también tenemos unas cuantas, pero cuando hay que debatir sobre la existencia de Dios ¿qué puede opinar una mujer? La verdad es que este tema me irrita bastante, y creo sinceramente que debe ser una frontera eliminada. A las mujeres que han llegado al mundo del pensamiento, al mundo de la ciencia, no les gusta confesar las dificultades que han tenido para ser reconocidas como tales, pero, a la larga, lo hacen. Es más, contaré algo que servirá para apoyar mi tesis: cuando salió a la calle el libro La inteligencia emocional pensé ´menos mal que hay aquí un señor americano que viene a explicarnos a todos, incluidas a las mujeres, que hay algo que se llama 'inteligencia emocionalí', cosa que creía que nosotras sabíamos de toda la vida.

Pero no, tenía que venir un señor americano a explicarnos que esto es estupendo. Hombre, yo me alegro mucho, ¿por qué no? Bienvenido sea este señor y otros, como, por ejemplo, mi amigo José Antonio Marina gran analista de los sentimientos. Esto no hace sino reafirmar que hay un movimiento por parte de los hombres hacia lo que había sido entendido como mundo propio de las mujeres: la emoción, el sentimiento, etc. Pero no nos olvidemos de que emoción y sentimiento son premisas básicas para el pensamiento; sin emociones, sin percepciones y sin sentimientos no puede haber razón, así que hay que reivindicar el hecho de que las mujeres también pensamos -y vaya que si pensamos-.

La última cuestión pendiente que queda por tratar aquí es la de ayudar a los hombres en su nuevo papel, porque todos estos cambios sufridos por las mujeres -y los que vendrán- así lo requieren. Además, son evoluciones sufridas en carne propia; el hecho de denunciar, por ejemplo, los malos tratos implica mucho valor. Esto es lo que, a mi entender, define el momento que vivimos. Ellos ven cómo las mujeres vamos cambiando, afrontando y denunciando nuestros problemas, discretamente, sin grandes alardes, ayudando. Nosotras, por nuestra parte, debemos comprender, sobre todo, que está en crisis el concepto de masculinidad; si el machismo ya no se lleva, ha de ser muy duro para un hombre que está educado en la idea de que no hay que equivocarse nunca, saberlo todo, ser el primero y el más fuerte no encontrar un modelo de recambio. Es decir, no se sabe bien en qué consiste ahora eso de ser hombre: ¿tiene que llorar un hombre o no puede llorar?; está clarísimo que puede llorar, que ha de llorar, pero todavía los hay que no lo han asegurado tajantemente. Como digo, esto de qué es lo masculino es otra de las cuestiones que quedan pendientes y en la que las mujeres tenemos que participar de alguna forma.

En la que yo creo que es la parte clave de mi libro, hablo de que el mundo, la Historia, la han controlado los hombres; la historia de las mujeres se está escribiendo ahora. Estamos empezando a saber cosas de nosotras, de nuestro pasado, de la lógica de la dominación que nos ha atenazado a todas y que debería llevarnos a algo mejor, ya que las mujeres, por primera vez, podemos decir lo que opinamos y se nos reconoce que pensamos; por primera vez nos interesamos por los problemas colectivos de verdad, empezamos a tener voz. Ahora es cuando nos va a tocar esa gran responsabilidad de decir qué queremos, así que no podemos excluir a los hombres, como hicieron muchos de ellos con nosotras, sino al contrario: tenemos que cogerles de la mano e ir todos juntos, pero no repetir el error de la lógica de la dominación, sino ir hacia una lógica de la fraternidad, que yo he llamado lógica -provocadoramente- del mestizaje, del mestizaje de géneros, de culturas, de experiencias. Este paso es inevitable, porque estamos en un mundo tan interrelacionado que evidentemente es imposible no saber qué está pasando ahora mismo en la otra parte del mundo. Creo que solamente esta lógica de la fraternidad, del mestizaje, puede sacarnos del marasmo. Ésta es la responsabilidad de las mujeres. (Como veis, estoy en contra de la guerra de los sexos, y eso ha resultado ser, finalmente, lo más polémico de mi libro.)

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