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AULA DE CULTURA VIRTUAL

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Transcripción conferencia de Luis Rojas Marcos, Presidente de la Corporación de Sanidad y Hospitales Públicos de Nueva York - 4

Aun así, la felicidad es subjetiva, aunque el sentimiento es algo que podamos compartir, los ingredientes en cada persona varían: las personas mayores en general le dan mucha importancia a las relaciones con otras personas, a la seguridad económica, a la salud física; jóvenes de 19, 20 años no piensan tanto en la salud, en la seguridad económica, sino que hablan más de su imagen en relación al grupo al que pertenecen, de sus éxitos, de su apariencia física. Hace poco tiempo, hace unos 20 o 25 años, los científicos que empezaron a interesarse por el tema de la felicidad quisieron inventar un termómetro, una forma objetiva de medir la felicidad en las personas. Lo mismo que hoy día medimos el colesterol en la sangre o la presión arterial, o la electricidad que produce el cerebro con un electroencefalograma, o el corazón con un electrocardiograma, se pensaba que podíamos inventar un método objetivo para ver lo feliz que eran las personas.

Desafortunadamente, todavía no se ha inventado un aparato o una fórmula para averiguar, de una forma objetiva, el nivel de satisfacción que tenemos con la vida; entonces, la mejor forma de averiguar si una persona está satisfecha con la vida o no es preguntárselo. Yo comprendo que no es un termómetro perfecto, pero es el único que tenemos, y si nosotros preguntamos -la pregunta más frecuente- cuál es su nivel de satisfacción con la vida en general en una escala del 0 al 10 -ésa es la cuestión que se suele hacer en diversos estudios acerca del tema- la respuesta es que entre el 65 y el 85% de las personas de este mundo en que vivimos dicen sentirse satisfechas; es decir, dan más de un 5. Yo estoy seguro de que si fuéramos a preguntar a la mayoría del público hoy, daría un número mayor que éste -un 6, un 7, un 8, un 9- e incluso alguno llegaría al 10.

Sorprende -a mí, de hecho, me sorprendió cuando empecé a escribir este libro hace dos años y medio- la cantidad de estudios que se han hecho sobre el nivel de satisfacción con la vida. Algunos envolvían a más de 150.000 personas de 15 y 16 países, y, en la mayoría de los casos, como decía, la mayor parte de las personas se sienten satisfechas con la vida. Otra cosa es que la persona va a tender a dar un 8 cuando realmente es un 4; bueno, sí, eso es posible y hay que tenerlo en cuenta, ya digo que no es un termómetro perfecto, pero no hay razón para dudar de que si alguien sabe si se siente feliz o no es la persona que contesta. Es verdad que el ser humano tenemos una serie de mecanismos que nos ayudan a sobrepasar momentos difíciles: por ejemplo, el jugador de fútbol que pierde el partido echa la culpa al árbitro; el estudiante que suspende un examen, al profesor que le tiene manía o que le ha hecho una pregunta que no venía en el libro.

Todos tendemos a auto-engañarnos para mantener nuestro nivel de satisfacción, y esto es saludable. Yo comprendo que hay gente que reacciona a esto como algo negativo, pero tenemos que aceptar que poseemos esa capacidad que nos ayuda a sobrepasar momentos difíciles, momentos donde nos sentimos fracasados o nos avergonzamos. En España, se hace un estudio, antes de entrar en el año 2000, que demuestra que la mayoría de los encuestados -es una encuesta cara a cara de varios miles de personas-, tiene una esperanza; son hombres y mujeres esperanzados que se sienten satisfechos con la vida en general y ven un futuro mejor, una esperanza.

El tema siguiente que me gustaría tratar es el reparto de la felicidad ¿Quiénes son más felices, los hombres o las mujeres?, ¿ustedes qué creen? La verdad es que no hay diferencia; cuando se hacen estos estudios de miles y miles de personas, se tiende a separar por el sexo, pero la mujer es tan feliz como el hombre, cosa que llama la atención porque, si uno mira la Historia y uno ve tantos años de opresión, de discriminación en contra de la mujer, es razonable pensar que a lo mejor se siente más insatisfecha que el hombre, quien, en general, ha tenido más libertad. Lo que ocurre es que hay dos factores que juegan un papel en esta respuesta: uno es que la mujer tiende a compararse con otras mujeres, no se compara con el hombre, se compara con otras mujeres, y el hombre se compara con otros hombres; otro es que la mujer, como ocurre con el hombre, cuando valora su felicidad o su nivel de satisfacción con la vida, lo hace enfocando las cualidades únicas de la mujer: su unión a la vida, la mujer como protectora de la vida, la mujer que no cree tanto en las jerarquías como los hombres, que piensa en la felicidad como en algo concreto, la antipatía hacia la violencia que tienen la mujer.

Otra cuestión es hacer distingos por la edad. A menudo se dice que las personas mayores y, sobre todo, los adolescentes no son tan felices. Parece que no nos queremos acordar de nuestra propia adolescencia porque fueron años de tumulto. Sin embargo, esto no es así, los adolescentes, como sus mayores, son felices y tienen un nivel de satisfacción con la vida más que aceptable; lo que cambia son los ingredientes en los que se fijan. Las personas mayores enfocan ciertos aspectos de la vida y los adolescentes, otros.

De otra forma, se dice que el dinero no da la felicidad excepto en personas muy pobres, en sociedades muy pobres, donde la carencia llega al punto de minar las necesidades básicas. Ahí, más dinero sí compra más felicidad, pero, entre personas que tienen lo suficiente para vivir, cuando se comparan con multimillonarios, los niveles de felicidad son equiparables. Los segundos no son más felices que las primeras. Estudios que se han hecho con personas a las que les toca la lotería o aciertan las quinielas un año después del golpe de buena suerte, se sienten tan felices o tan desgraciadas como antes del mismo; luego, repito, el dinero, como la raza, no da la felicidad.

Las personas que se sienten que forman parte de un grupo suelen sentirse más satisfechas con la vida que las que se sienten aisladas. Parece ser que un factor que influye es que nos sintamos formar parte de un grupo; un grupo que puede ser una familia, una pareja, un grupo social. La verdad es que, a propósito de esto, la capacidad de adaptación del ser humano es increíble; si ustedes van a un hospital de crónicos o de personas que han sufrido accidentes y se han convertido en personas paralíticas, que no pueden moverse - como los cuadrapléjicos, que no pueden mover ni un miembro y a lo mejor necesitan respiración artificial-, y les preguntan, a los 3 ó 4 años del accidente, verán que la mayoría se siente tan feliz como antes de su desgracia ¿Qué ocurre?, que estas personas ven su situación en el mundo utilizando otros valores Si les preguntas que cómo es que te dan un 7 o un 8 en nivel de satisfacción con la vida, te responden que se debe a que hoy se sienten bien porque hoy les han venido a visitar.

La espiritualidad es muy importante. Hoy en día, la religión, que es una de las fuentes más importantes de esperanza y de felicidad para mucha gente en la Historia, va cambiando un poco; muchas personas sienten la espiritualidad pero no ven la religión como un Dios, con la imagen de hombre con barba que hace milagros, sino que tienen una espiritualidad más abstracta. Esta espiritualidad, la unión con fuerzas fuera de nosotros, es una fuente de satisfacción y de esperanza muy importante, como lo es el cuerpo, como lo son los sentidos.

Otro tema es la semilla de la dicha, de la felicidad ¿De qué se compone nuestra felicidad? Para empezar, se compone de nuestros genes; se ha demostrado que los genes que heredamos son un factor importante a la hora de explicar nuestra predisposición al optimismo, a la extroversión, a la sociabilidad. La forma de demostrar esto han sido los estudios que han hecho en gemelos, que, como saben, son de dos tipos: el gemelo univiterino o idéntico porque tiene los mismos genes y el gemelo viterino, que, aunque nace el mismo día casi más o menos a la misma hora, sale de un óvulo y de un espermatozoide diferente. Los primeros forman un grupo muy útil a la hora de estudiar los genes porque si a estos gemelos idénticos y a un grupo de gemelos que fueron separados al nacer y fueron adoptados por familias distintas que incluso ni se conocen, al cabo de dos años, se les hace la pregunta sobre la felicidad, coinciden en una gran parte: tienen un nivel de satisfacción con la vida muy parecido. Los gemelos que no son idénticos, por su parte, aunque hayan nacido y crecido en la misma familia, tienen un nivel de satisfacción con la vida tan diferente como dos personas que no se conocen. Así que los genes tienen importancia. Ahora bien, aunque los expertos calculan que, en un 40% más o menos, nuestra predisposición, nuestro optimismo, nuestra capacidad para superar los aguijonazos de la vida, vienen de nuestros padres, de nuestros abuelos, de nuestros genes, luego hay un 60% que podemos controlar en cierta manera.

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