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Conferencia de Dominique Lapierre y Javier Moro- 4

Y cómo no, es obligación mencionarles a una señora llamada Sajda Bano, casada con Mohamed Asrah, empleado de Carbide y la primera víctima de la fábrica. En realidad, fue víctima de su propia inconsciencia: él mismo se quitó la máscara antes de tiempo y unos vapores de fosgeno le intoxicaron. Murió dos días después a raíz de una agonía tremenda e increíble. Pero lo que de verdad fue muchísimo más increíble que cualquier ficción posible fue lo que le pasó a su mujer, a Sajda, la noche del 2 de Diciembre de 1984. Llegaba a Bhopal en tren, con sus dos hijos. El tren se detuvo en la estación de la ciudad a las 12:15 minutos de la noche, justo cuando la nube de gas tóxico entraba en los andenes. Uno de sus hijos murió al respirarlo. Y todo se debió al destino: ella había sacado su billete para viajar el día anterior; sin embargo, un vecino de su madre le había disuadido porque, según él, no era un día de buenos auspicios. «Vete mañana, que es domingo. He mirado las estrellas y me han dicho que no se te ocurra viajar en sábado», le dijo, así que esta mujer cambió su billete para el día siguiente. El resto, ya lo he contado; llegó a Bhopal en el momento fatídico. Aquella empresa tan maravillosa no sólo le había robado un marido, también le acababa de robar un hijo.

También fue importante la hermana Felicity, una de las "madres teresas" de Bhopal -aunque nosotros sólo conociéramos a una, la verdad es que hay muchas madres Teresas que llevan ejerciendo su labor de misioneras en la India desde hace más de 45 años-. Esta escocesa y su hermana se instalaron en la ciudad y abrieron un dispensario en el barrio cercano a la fábrica. Su ayudante era, precisamente, la pequeña protagonista del libro de la que ya he hablado antes, la chica que tenía que casarse aquel día, Padmini.

Y dos personajes cuyas vidas tampoco hubiéramos podido inventar eran Ganga Ram, un ex-leproso, y su mujer, Dalima. Este hombre, que perdió varios dedos de su mano derecha, y su mujer, que no podía caminar porque sufría las secuelas de un accidente tremendo, se conocieron en el hospital. Consiguieron rehacer su vida; él consiguió un trabajo, se hizo pintor de brocha gorda, y con lo primero que ganó, quiso ofrecer un regalo a todos sus vecinos y también a sí mismo: compró el primer televisor para aquel barrio de chabolas. Todo el barrio acudió a ver aquel prodigio de la técnica que les abría una ventana a un mundo inaccesible desde sus barracas de cartón y de plástico ¿De dónde sacaron la luz para hacer funcionar ese televisor?: se la robaron a la fábrica de Union Carbeid, tras tirar un cable al tendido de la fábrica.
Pero lo que en realidad quería comentarles es que hay una escena que describimos con detalle en el libro a propósito de esta pareja. Aquella noche, la noche del 2 de Diciembre de 1984, era una noche bendita por los astros y propicia para los casamientos, según lo que habían dicho los astrólogos hindúes. Una costumbre india es casarse en invierno y de noche. Las razones para hacerlo así no vienen ahora al caso, ya que tienen que ver con la religión hindú, pero lo cierto es que aquella noche había bodas en todo Bhopal. Era una noche de fiesta, con un recital de poesía incluido que empezaba a los 12:00 en punto, en la Plaza de las Especies de la vieja ciudad. Pues bien, en el libro contamos cómo se salvó ella de lo que pasó después.

Dominique Lapierre: En aquella noche fatal, la exacta imagen del martirio la personificó un hombre que llevaba a su desgraciado hijo en brazos, en busca de algún doctor. Cuando se encontró con uno de ellos, un verdadero héroe que salvó muchas vidas, le dijo: «sálvele a mi hijo, doctor, sálvele», a lo que éste contestó: «yo no puedo hacer nada, su hijo está muerto». El médico era excelente, además de una gran persona, pero no pudo hacer nada. Fue terrible.

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