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AULA DE CULTURA VIRTUAL

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Transcripción de la conferencia de Guillermo de Osma- 4

Con el legendario personaje de la duquesa Cayetana, modelo y amiga de Goya, entran en la colección el magnífico retrato del pintor aragonés. Ella fue también la propietaria del cuadro de Velázquez de La Infanta Margarita. Hereda los títulos y la colección su sobrino Don Carlos Miguel, XIV duque de Alba que incrementó notablemente la colección con un Fray Angélico, cuadros italianos y holandeses, entre ellos un Rembrandt.

Tía de los Alba fue la emperatriz Eugenia de Montijo que les regala el espléndido retrato de la Marquesa de Lazán de Goya.

En el siglo XIX se adquieren las obras de artistas ingleses y en el siglo XX cuadros de Madrazo, Sorolla, Zuloaga, Sotomayor y se recuperan cuadros que habían pertenecido a la colección y que en algún momento se habían vendido. La actual duquesa Cayetana siguiendo la tradición familiar completa la colección con obras de importantes artistas europeos como Courbet, Boudin, Renoir, Chagall y Picasso que en ese momento no estaban representados en las colecciones españolas tanto públicas privadas.

Es evidente que para estimular el coleccionismo es necesario una cierta estabilidad tanto política como económica, cosa que no sucedió durante nuestro turbulento y complejo siglo XIX. Al ir perdiendo paulatinamente los reyes su poder político y económico, su papel hegemónico como mecenas va disminuyendo a pesar de que sigan siendo una fuente fundamental de encargos pensemos en la cantidad de retratos de Isabel II, Alfonso XII o Alfonso XIII.

Por un lado, el Estado mediante sus instituciones empieza a desarrollar un papel cada vez más activo, a través de la creación de museos (el Museo de Arte Moderno se constituye en 1894), fomentando las compras a los artistas directamente o a través de las exposiciones nacionales de Bellas Artes, la primera tiene lugar en 1856.

Por otro lado se va a ir desarrollando el coleccionismo particular especialmente a partir de la restauración de Alfonso XII que trajo a España la necesaria estabilidad política y una cierta bonanza económica.

Junto a la aristocracia culta e ilustrada, que seguirá jugando un papel importante hará su aparición cada vez con mayor pujanza los representantes de la nueva clase social, la burguesía, sobre todo la alta, constituida por grandes comerciantes industriales y banqueros que desean reflejar su predominante situación social, su poder, su cultura y su gusto formando importantes colecciones para sus nuevos palacios de Barcelona, Oviedo, Valencia, Madrid o Bilbao.

También es verdad que este grupo de nuevos coleccionistas representaba una pequeña minoría y en esta época que va desde finales del siglo XIX hasta la Guerra donde se pusieron a la venta a cuenta de la desamortización y la confusión del siglo XIX una enorme cantidad de obras de arte, en general a precios bajísimos, salieron de España obras fundamentales que se perdieron definitivamente para el patrimonio español. Es en esta época cuando los coleccionistas y museos americanos adquieren gran cantidad de obras en España que son la base las espléndidas colecciones de pintura española que podemos admirar hoy en sus museos. Entre otras se vendieron en subasta las colecciones de Osuna y la del Marques del Salamanca.

Don Francisco Cambó quizás el más importante coleccionista español de esta época ( primer tercio de siglo) advierte en un conocido discurso ante las Cortes en 1935 como la legislación española con respecto a la exportación y comercio de obras de arte es totalmente ineficaz y pasiva: "no se pensó más que en un país que vendía su patrimonio artístico, no se pensó en que España pudiese ser un país que acrecentaría su patrimonio artístico".

Él junto con otros coleccionistas intentaron remediar esta sangría y los poco medios del Estado completando el patrimonio artístico español comprando tanto en su país como en el extranjero obras de considerable valor.

Aparte de algunos legados relevantes que recibió el Museo del Prado como el de Pedro Bosch o la colección de dibujos de Fernández Durán el grupo más notable de coleccionistas de esta época la constituyen Don Guillermo de Osma, el Marqués de Cerralbo y Don José Lázaro Galdiano que crearon sus propias casas-museos a los que donaron sus colecciones y a los proveyeron de rentas para su mantenimiento y el propio Cambó que deja su espléndida colección al Prado y al Museo de Arte de Cataluña.

Don Guillermo de Osma fundador del Instituto Valencià de Don Juan en Madrid fue diplomático después de graduarse en Oxford. Ministro de Hacienda con Maura fue nombrado más tarde presidente del Consejo de Estado falleciendo en 1922. Apasionado estudioso y coleccionista de las artes industriales y decorativas en España quiso crear con su Instituto más un centro de investigación y estudio que un Museo abierto al disfrute público.

Su palacete de estilo neoarabe alberga sus colecciones más bien atípicas ya que junto a pinturas y dibujos sobresalen la impresionante colección de cerámica que abarca desde lo hispano musulmán hasta la producción dieciochesca de Alcora y Buen Retiro, los textiles hispano árabes, marfiles, azabaches y bronces.

El marques de Cerralbo (1845-1922) fue un carlista convencido siendo jefe del partido tradicionalista en varias ocasiones, lo que no le impidió participar activamente de la vida social de la Corte - sus bailes con más de mil invitados eran famosos - o ser miembro de las Academias de la Historia, de la de Bellas Artes o de la Real Academia Española. Construyó un suntuoso palacio donde instaló de una manera abigarrada y ostentosa sus enormes colecciones de todo tipo de objetos y calidad reflejando un tanto pomposo de la época.

Don José Lázaro Galdiano (1862-1947) es quizás la figura más llamativa y variopinta del coleccionismo español de esos años. Editor de la "España Moderna", amigo de escultores y artistas, conocedor de los entresijos del comercio del arte, viajero infatigable, visitante asiduo de anticuarios, pero también de chamarileros y casas de empeño, no vacilaba en adquirir a veces, lotes grandes de obras para vender luego una parte y poder financiar sus compras hasta que casó con una riquísima mujer que le permitió multiplicar sus colecciones y construir el enorme palacio-museo que lleva su nombre. Hombre de enorme vitalidad coleccionó de todo y en grandes cantidades. Siempre se ha dicho que en su colección hay piezas de gran calidad (Carreño, Paret, Goya, Zurbarán, Velázquez) junto con muchas obras dudosas. Hecho por otro lado bastante típico de las colecciones formadas en las primeras décadas del siglo XX, en que proliferaban falsarios especializados de una extraordinaria habilidad y los criterios de catalogación eran mucho menos estrictos que hoy en día sin posibilidad de estudiar científicamente las obras. Pensaba que su ojo era infalible, y a menudo se equivocaba en atribuir sus adquisiciones a algún gran artista. Responde a un tipo de coleccionista acumulador que se lanza a adquirir compulsivamente sin analizar detenidamente lo que compra y no busca el asesoramiento de los especialistas o anticuarios serios. A su muerte en 1947 su palacio de la calle Serrano se convirtió en un museo.

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