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AULA DE CULTURA VIRTUAL

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Transcripción de la conferencia de Guillermo de Osma- 3

Su nieto Felipe IV seguiría la tradición del abuelo. No sólo es el gran mecenas de Velázquez al que le unió una amistad personal sino que estuvo en el centro de la cultura de la Edad de Oro española del siglo XVII. En su palacio del Buen Retiro que como el Escorial reflejaría tanto su gusto como su ideal político, se representaron las obras de Calderón y Lope de Vega y se escucharon las músicas de Tomas de Vitoria.

Estamos en el periodo del Barroco y del poder absoluto en el que el Rey es el mayor patrono de las artes, que sirven para glorificar su figura y su reinado.

Evolución del retrato

Es interesante notar como en los retratos del monarca, Velázquez elimina los atributos de poder (corona, cetro) como si los reyes de la Casa de Austria no necesitarán reflejar su poder ya que eran reconocidos universalmente como los más poderosos en la faz de la tierra. Ser rey de España era sinónimo de grandeza y poder político y no hacia falta demostrar nada como era el caso de los soberanos de naciones menores.

- Coleccionista de los más grandes pintores de su época, como los franceses Poussin o Cloude Lorrain, el italiano Domenichino o el flamenco y cosmopolita Rubens al que encargó del ciclo de la Torre de la Parada, donde interviene con sus discípulos más importantes.

- Velázquez: el pintor más moderno de su tiempo.
Viaje de Velázquez a Italia donde pinta el fantástico retrato del papa Inocencio X, para comprar obras de arte: Paisajes de la Villa Medici.

- Encargo a Zurbarán en 1634: 12 trabajos de Hércules.

Las paredes del Buen Retiro se convirtieron en un extraordinario museo, albergando la mejor pinacoteca de su época de las escuelas italiana, flamenca y española. Es uno de los primeros ejemplos de una colección con una organización que responde a criterios específicos: la sala de paisajes, la sala de retratos, la sala de bufones, la sala de las batallas (Rendición de Breda.

Coleccionista apasionado, con un ojo y un buen gusto casi infalibles, especialmente interesado en la pintura contemporánea y siempre al tanto de las ocasiones que se pueden presentar.

Compra parte del taller de Rubens a la muerte de éste y piezas capitales de la colección de Carlos I de Inglaterra que se ponen a la venta tras su fallecimiento. Entre ellas recupera el retrato de Tiziano de Carlos V con su perro. Carlos de Inglaterra siendo príncipe de Gales había visitado Madrid en 1623. Una de sus visitas fue la de la colección Real y siempre quiso poseer alguna obra de esta colección, considerada entonces como unas de las mejores. Pudo adquirir este retrato que volvería a Madrid gracias a Felipe IV.

Ya en el siglo XIX y reinando Fernando VII el destino de las fabulosas colecciones reales será el de convertirse en un Museo, proyecto en el que jugará un importante papel, su mujer la reina Isabel de Braganza. El Museo se inaugura en 1819 en el edificio de Villanueva en el paseo del Prado, cercano al Jardín Botánico, que había sido concebido par albergar la Gran Academia de Ciencias, reflejo de la mentalidad ilustrada de la época. En 1872 se fusiona con el Museo Nacional de la Trinidad creado en 1836 con los cuadros procedentes de los conventos suprimidos por la desamortización de Mendizabal, creándose así el Museo Nacional del Prado.

Siguiendo el ejemplo de la Corona y también en muchos casos para demostrar su poder, las grandes casas de la nobleza participaron activamente en la adquisición y mecenazgo de obras de arte. Hubo grandes colecciones como la del Conde Duque de Olivares, la del Marques de Leganes especializado en pintura flamenca, la del duque del Infantado, la del duque de Lerma que encargo su espléndido retrato a caballo a Rubens (hoy en el Prado), la de los duques de Villahermosa, la de Medinaceli, éstas dos se conservan en parte en la actualidad, pero la única verdaderamente importante que hoy se mantiene casi intacta después de cuatrocientos años y en la misma familia es la de los duques de Alba. Constituida en Fundación la colección de la casa de Alba está repartida entre el Palacio de Monterey de Salamanca, la casa de las Dueñas en Sevilla y sobre todo en el espléndido Palacio de Lidia en Madrid residencia de los actuales duques.

A diferencia de las colecciones reales con su carácter más público y propagandístico cercano al concepto de Museo como hemos visto, una colección privada más íntima, más personal tiene un encanto especial que en gran medida tiene que ver con el marco en que se expone. Lejos de las frías e impersonales salas de un museo, las obras de arte en una casa - en este caso Liria - se nos presentan como algo cotidiano, lleno de vida y relacionado íntimamente con sus propietarios y con una gran complicidad entre ambos. A través de sus paredes se nos muestra una parte de la historia de España y de Europa y una valiosa muestra del arte europeo desde el siglo XVI a nuestros días.

La Colección de Alba ha sido desde sus comienzos una colección viva que ha ido incrementándose con los sucesivos familiares y que los actuales duques han sabido continuar con importantes adquisiciones del arte de su momento.

La Casa de Alba es un ejemplo único ya que ha ido absorbiendo por matrimonio o herencia muchos de los grandes linajes españoles incrementando en cada caso su patrimonio artístico, que ha sabido conservar inteligentemente de una manera excepcional en la historia del coleccionismo español hasta hoy.

La colección tiene su origen en don Fernando Álvarez de Toledo y Pimentel (1508-1582), III duque de Alba, capitán general de los Reinos de Castilla y Aragón, gobernador de Milán, Virrey de Nápoles y más tarde, gobernador de Flandes. Retratado por Tiziano.

La primera aportación importante es la de la casa de Monterey, virrey de Nápoles y coleccionista de Domenichino, Allori, Gentilleschi y Ribera (paisajes del palacio de Monterrey identificados recientemente por el actual duque. Del Marqués del Carpio heredan La Venus del Espejo de Velázquez, cuadro que junto a la Madona de la Casa de Alba de Rafael y un cuadro de Correggio fueron requisados por el nefasto Godoy y que hoy son admirados en Londres y Washington.

En el siglo XVIII la hija de Alba se casa con el duque Berwick y Liria. De esta época son los encargos a Anton Raphael Mengs exponente del primer neoclasicismo y gran retratista.

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