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AULA DE CULTURA VIRTUAL

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Transcripción de la conferencia sobre 'El niño de los coroneles'- 3

Rosa Regàs: Tengo que decir que este libro ha supuesto una de las grandes alegrías literarias ­y también de otro tipo­ de este año. Es verdad que conocí a Fernando hace ya algún tiempo, cuando presentó su maravillosa y breve novela ya mencionada, Esta noche moriré, una novela que me impresionó tanto que incluso llamé al autor para decírselo. Entonces ahora me encuentro con este novelón de 400 ó 500 densas páginas que el lector en ningún momento tiene la tentación de dejar porque desde el punto de vista literario es creíble, está muy bien hecho, y me parece una verdadera filigrana.

Es un entrelazado de historias que van pasando el interés narrativo de la una a la otra, por lo que uno no sabe exactamente dónde se encuentra. Al principio, uno se pregunta ­poco a poco lo va descubriendo­ por qué el autor, que está relatando una historia en una carta, al final acaba mezclándose en la vida de otra persona. El caso es que ambas vidas se van configurando de tal manera que uno no puede dejar de leer este libro; yo, al menos, lo empecé a leer un domingo por la mañana y acabé a las tres de la madrugada, muerta de remordimiento porque tenía muchísimas cosas que hacer. Pero no podía dejarlo, y hasta que no lo acabé y me quedé agotada, resoplando ­porque el nivel emocional que se consigue con este libro es realmente muy alto­, no me quedé tranquila. Así que, volviendo al discurso, toda la acción transcurre alrededor de estos personajes que digo. Y se podría decir que son dos líneas casi paralelas que tienen puntos de encuentro ­las verdaderamente paralelas nunca se unen­; curiosamente, los personajes empiezan juntos, se van bifurcando poco a poco, se mueven por distintos raíles, viven una vida absolutamente distinta y, sin embargo, siempre hay algo que les une.

Además, uno de ellos es la personificación del mal, con lo que una de las grandes cualidades de este libro es que no sólo tiene ingredientes de novela negra, sino también de novela de tesis. Se trata de una profunda investigación sobre qué es el mal ­el mal gratuito no es exactamente el mal en beneficio de las propias intenciones­, sobre cómo se puede llegar ya no a matar, que sería muy fácil, sino a torturar, y sobre todo a crear un verdadero monstruo que mate y torture en favor de lo que nosotros nos hemos propuesto. Ésta es la historia de El Niño de los coroneles.

Una historia relatada en una prosa magnífica, realmente espléndida. Los personajes están dibujados casi con primor de chino; muchas veces, un pequeño detalle basta para explicar cómo es el personaje. Es casi como una acuarela muy refinada que dibuja a los dos personajes de los que les he hablado, Víctor y Luis, pero también a otros muchos personajes: el que recibe la carta donde se sabe todo, el propio niño de los coroneles, es un personaje patético y a la vez muy bien dibujado, como lo son los indios y los nazis, o el resto de los personajes que salen en esta novela.

Ya sé que tendría que explicarles hasta qué punto es, literariamente hablando, muy importante, pero teniendo en cuenta que no soy crítica, creo que lo mejor que les puedo decir es que un libro que crea un mundo creíble a pesar de la brutalidad circundante, un mundo en el que repentinamente surge una flor, del amor, del remordimiento o del recuerdo, entre el lodazal es maravilloso. Sé muy bien que una novela no tiene por qué ser un testimonio para ser buena. Al narrador, al novelista, no se le pide que sea un autor comprometido, pero si lo es, su novela también resultará comprometida. Yo tengo que reconocer que estoy a favor de las novelas comprometidas, me gustan, seguramente porque el autor que hay detrás es comprometido y me gusta la gente comprometida no solamente con su tiempo, no solamente con la sociedad, sino también con la literatura y con la propia escritura.

Es cierto que en esta escritura hay un interés por el cuidado, un compromiso total con la literatura, con el lenguaje, con el ritmo del lenguaje; esto está logrado de la primera página a la última. Pero hay más: hay el compromiso del autor con su tiempo. Como ya he dicho es una reflexión brutal sobre qué es el mal, sobre cómo estamos rodeados de tanto mal, cómo podemos seguir viviendo con tanto mal, como hay tantas gentes que matan, que torturan en nombre de no sé sabe que extraños y brutales principios. Ésta es la historia de un hombre que se vende a los nazis precisamente porque tiene algo que darles: la forma en que ellos podrán torturar a sus prisioneros. Y cuando todo esto se acaba huye, como huyeron tantísimas personas que habían estado luchando a favor de los nazis, a un pueblo imaginario donde organizará las torturas y el verdadero mal extendido por América Latina durante tantos y tantos años. Se nos ha dicho muchas veces que la memoria histórica no es necesaria, y yo creo que siempre lo es; siempre hace falta que venga alguien y que nos recuerde lo que hemos vivido. Por otra parte, me pregunto a qué viene este verdadero placer por hacer el mal, en ver cómo el mal se va multiplicando y refinando hasta extremos inimaginables. En todo caso, no se trata de una novela truculenta, es la novela de nuestros días, es la novela de nuestra época, es la novela de tantas y tantas brutalidades que se han hecho en nombre de la ley y del orden en el mundo en el que vivimos. Tal vez por eso el gran mérito de esta novela es que este compromiso está profundamente adecuado con un tipo de prosa muy determinada. Entonces, la memoria histórica de lo que hemos vivido nos viene como ráfagas, como explicaciones de todo lo que nosotros no hemos entendido o hemos dado por hecho. Cuando hablamos de la Guerra Civil o de la postguerra se nos dice siempre que es capítulo superado ¿Qué quiere decir que está superado? Nada está superado; ni está superada Agustina de Aragón, ni está superada la Inquisición, ni está superado el Oeste americano, ni está superada la guerra del Vietnam. Y los escritores, los pintores, los poetas y los cineastas recurren una y otra vez a lo mismo para encontrar una pequeña arista donde introducir su propia sensibilidad y dar un poco más de conocimiento; un conocimiento que evidentemente no es un conocimiento científico, pero sí poético. Un conocimiento poético que nos alcanza por la emoción, que nos alcanza por el horror, que nos provoca, que nos hace un poco más partícipes de este mal tan brutal en el que nos movemos y muchas veces queremos ignorar. Yo les aconsejo vivamente esta novela. Estoy convencida de que ninguno de ustedes la podrá dejar; incluso tal vez alguno, como yo misma hice, tendrá que descansar un poco, porque a veces el espectáculo de la maldad frente a estas pequeñas flores de emociones, de amor y de cariño sobrecoge de tal manera que uno se pregunta si será capaz de continuar. Sólo espero que todos ustedes sean capaces de hacerlo; les aseguro que ésta es una novela espléndida.

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