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AULA DE CULTURA VIRTUAL

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Transcripción de la conferencia de César Vidal- 4

El cuarto milenarismo, realmente peligroso y en buena medida paralelo al último, es lo que algunos quieren denominar 'regímenes populistas'. Personalmente, yo no sé si es muy sensato llamarlos 'populistas' o simplemente hay que denominarlos 'nacionalistas', aunque sea un nacionalismo muy sui géneris. Son regímenes que sin ser marxistas sí le tienen cierta simpatía y que recogen una herencia claramente antidemocrática y antioccidental. Les estoy hablando de la Venezuela de Hugo Chávez, por ejemplo, que en estos momentos está salvando a la Cuba de Fidel Castro y cuyo régimen democrático se ha disuelto como un azucarillo en apenas unos meses. Estamos hablando, también, del Perú de Fujimori, cuyo destino les puedo asegurar que en estos momentos es tremendamente indeciso. E incluso podríamos estar hablando de la Rusia de Vladimir Putin, que en estos momentos nadie sabe hacia dónde va. En todo caso, para que se hagan una idea de hasta qué punto son milenaristas, el señor Chávez, sin ir más lejos, está convencido de que es la reencarnación de Simón Bolivar, y suele ser habitual que en las reuniones del Consejo de Ministros deje un sitio vacío a un lado para que se siente el espíritu de éste.

Y el quinto y último milenarismo importante es el de los países islámicos. Imagino que no es políticamente correcto hablar del peligro del Islam, pero veo muy difícil obviarlo. En primer lugar, es una fe de carácter militante que no sólo se define en términos espirituales óque, por cierto, sería incluso más tolerante que otras religiones a la hora de hablar de quién se va a salvar el día del juicio finaló: a la hora de establecer el orden social tiene muy claro que ni cristianos, ni judíos y menos los paganos pueden tener una situación de igualdad en una sociedad civil. De hecho, El Corán establece muy claramente que los dos primeros grupos únicamente pueden vivir sometidos. En cuanto a los paganos, ni que decir tiene que su futuro se presenta todavía peor. Es por todo esto que el Islam resulta, entonces, una visión absolutamente incompatible con la democracia, lo que implica a su vez algunas cuestiones que no son ni mucho menos para olvidar: por ejemplo, que los países que profesan esta religión representan una potencia demográfica de 900 millones de personas en continua expansión. A diferencia de lo que puede ocurrir en Europa, el islamismo no se va a ver frenado demográficamente en las próximas décadas, sino que va a crecer espectacularmente.

Otra cuestión es que implica una situación de fricción internacional, lo que no deja de ser significativo. Si alguno es tan ingenuo como para pensar que el conflicto de Oriente Medio es una excepción es que no conoce cuáles son las fronteras del Islam. Precisamente, en estos momentos hay conflictos en la India, en Indonesia, en el Norte de África e incluso en el África Subsahariana, lugares no fronterizos con los israelíes.

En tercer lugar, el islamismo se ha revelado en las últimas décadas, sobre todo desde el acceso a la independencia, como un auténtico fracaso a la hora de dar estabilidad y respuesta al atraso de los países donde es mayoritario. De hecho, se podría decir que los países más sólidos son las monarquías federales, es decir, los emiratos del Golfo, Arabia Saudí, etc., son muchísimo más estables en términos políticos de lo que pueden ser regímenes supuestamente revolucionarios y socialistas como el Irak de Saddam Hussein, o Siria, o Sudán o Egipto; luego tampoco hay una situación realmente muy halagüeña en el ámbito geo-estratégico.

Además, por si fuera poco, los musulmanes llegan a Europa; para el año 2030, entre el 30 y el 40% de la población europea será musulmana. Es un hecho que no sé cómo vamos a tratar, pero ante el cual, desde luego, no podemos cerrar los ojos. En estos momentos, y aunque suele ser muy habitual echar la culpa a Occidente de todo lo malo que sucede en la Tierra, si uno se molesta en mirar un globo terrestre, la zona occidental es un archipiélago de libertades rodeado por totalitarismos, y para el siglo XXI ósobre esto hay poca discusiónó me temo que esa situación será todavía más grave: Occidente seguirá siendo ese reducto de libertad rodeado por una idea totalitaria muy avivada por visiones de carácter milenarista.

La pregunta del millón es si existe alguna forma de reacción frente a ese pensamiento milenarista que está al otro lado de nuestras fronteras e incluso dentro de ellas, aunque no cabe la menor duda de que décadas de democracia han hecho bastante por erradicarlo de nuestro seno. La respuesta, a mi juicio, y por supuesto pueden ustedes discrepar, es que efectivamente sí existe una posibilidad de enfrentarse con los milenarismos, y creo que en varios planos. El primero de ellos es aceptar la información veraz acerca de los milenarismos. Personalmente, no sólo es que no tengo ningún problema en aceptar la libertad de expresión, sino que tampoco sé qué haría yo en este país si no existiera, porque forma parte de mi manera de ser y trabajar; sin embargo, hay que saber admitir que no todas las cosmovisiones son válidas: el nazismo o el marxismo no se asemejan a un pensamiento liberal y democrático, ciertamente. Por eso debemos partir de la aceptación de que el milenarismo como tal es un fenómeno en mayor o menor medida perverso y con consecuencias históricas graves.

El segundo consiste en comprender que junto a determinada información tiene que ir ligado un discurso coherente. Y eso, en el ámbito milenarista, falla por la base, ya que el respeto a la persona, por ejemplo, se infravalora sobremanera, se subordina a nación, proletariado, revoluciones, etc., Así como se subestiman la vida y la libertad, valores igualmente importantes que debieran estar muy por delante de cualquier supuesta meta maravillosa de carácter histórico (y cuando hablo de esta meta me estoy refiriendo a la "gloriosa" revolución obrera y campesina o al dominio del Islam sobre el resto del Planeta).

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