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AULA DE CULTURA VIRTUAL

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Transcripción de la conferencia de Xabier Azkargorta y 3

La desorganización es otra fuente causante de conflictos. Cuando las tareas no están distribuidas equitativamente, tanto la organización del juego como del entrenamiento no la asume absolutamente nadie. Entonces es cuando se desbarata la vida interna de equipo, del grupo; todo se convierte en correr por correr, sin orden ni cordinación, como en la vida, hacer por hacer. Así que para que esto no ocurra, evidentemente es necesario un método de trabajo, y para que haya un método de trabajo se necesita atender a una determinada disposición. Una palabra que yo creo que es muy importante en cualquier actividad en grupo es la jerarquización; jerarquizar al grupo, saber quién es quién y qué puesto ocupa para saber quién le precede y quién le sigue. Además, con relación a este tema puedo aportar mi propia experiencia: en Japón dicen que la gran diferencia de producción entre tres alemanes y tres japoneses es que los tres primeros son individualmente muy superiores a los tres segundos; sin embargo, en grupo son mejores estos últimos, y es porque mientras los alemanes discuten quién es el jefe, quién es el que obedece o quién es el que va a por el bocadillo, los japoneses preguntan quién es el mayor, y a ése le hacen jefe, quién es el menor, y a ése le mandan a por un bocadillo, e inmediatamente comienzan a trabajar. Es decir, tienen a la sociedad claramente jerarquizada, y el ser mayor supone un auténtico grado de respeto para los japoneses; por eso funcionan muchísimo mejor que en otros sitios cuando trabajan en grupo. No olvidemos que, en definitiva, un equipo es una red de relaciones. Con respecto a esto de las jerarquías me gustaría comentar, antes de pasar a otro punto, que hay una expresión muy oída tanto en fútbol como en la vida cotidiana con la que yo no estoy en absoluto de acuerdo: estar en su sitio. Yo no creo que un señor pueda estar en su sitio; en el sitio están esta botella, este micrófono, este vaso, etc. En todo caso, habrá que estar en situación, en situación de hacer algo, de moverse, de relacionarse con la gente.

Y por volver a nuestro asunto, también podemos hablar de los conflictos habidos por insuficiencias motivacionales; es decir, porque no hay motivación. Quizá es que motivación es un concepto demasiado utilizado en la vida y en el fútbol, puede ser; pero de todas formas, de existir ésta deberá empezar por una automotivación. Si un entrenador tiene que estar motivando "externamente" a un equipo va muy mal, por lo que la automotivación se convierte en el eje, en el motor de toda esta actividad de grupo. Y para que ésta nazca nunca pueden existir falsas promesas; hay equipos de fútbol, organizaciones, que prometen enormes premios por ser campeones del mundo y que luego no son capaces de cumplir con el sueldo mensual, y ahí está el error.

No obstante, no hemos acabado con nuestras fuentes de conflicto. Las interferencias en la relación entre un jugador y el entrenador es otra de ellas. Y para que ello no suceda no deben existir prejuicios, animadversiones. Desgraciadamente, en el fútbol, esto de que si el sudaca, que si este africano, ya se sabe que los negros son desorganizados, que si el futbolista del Sur está todo el día pensando en cantar y bailar, que si el del Norte es muy serio, etc., se da mucho, cuando lo que realmente valen son los individuos, no los adjetivos. La única manera de evitarlo es, entonces, que haya una gran transparencia, una gran claridad de ideas y una claridad de respuestas.

Ahora bien, el siguiente de los conflictos se produce por algo que, en principio, parece llevar la contraria a todo lo hasta aquí expuesto: por excesiva organización. Parece paradójico, ¿no?, pero la verdad es que así sucede. No olviden que cuando se manejan quipos de fútbol ante todo manejamos seres humanos, por lo que no hay que robotizarlos. También en este punto me ha servido mi experiencia en Japón, donde me costó combatir precisamente la condición humana; porque, por ejemplo, en los aspectos técnicos y físicos, el futbolista japonés no tiene ningún problema, ya que se trata de aspectos concretos, numéricos: una posición del pie a una altura determinada del balón, una superficie de contacto y, para mejorar el tiro, 300 tiros a la portería y preparación física, carreras, saltos, flexiones, vueltas a un circuito, kilos de pesas, todo en una cantidad apropiada. Sin embargo, cuando llega la táctica, donde lo concreto pasa a lo abstracto, donde no hay situaciones cuadriculadas ni definitivas puesto que en el terreno de juego son muchísimas las posibilidades combinatorias, ahí se bloquean ¿Por qué?, porque no están acostumbrados a tomar decisiones; están acostumbrados a obedecer, a ser un poquito robots, un poquito lo que ellos llaman el salary man, el hombre que cobra un salario y tiene un puesto fijo en la empresa, al que no le importa si se tiene que quedar dos horas más sin cobrar si se hace por la empresa -para la alegría de los catalanes, incluso en japonés empresa se dice kaixa-.

Y por último -ahora sí- está el conflicto surgido por la intolerancia a la frustración. El futbol debería enseñarnos a sufrir o a ver que no debemos sufrir con histeria, sino a sacar conclusiones de las derrotas, a saber convivir con la derrota y transformar lo negativo en positivo. Se hace equipo al competir, al entrenar, al jugar, al intercambiarse opiniones, al dialogar, al gozar con lo que se hace y al encararse con los conflictos cuanto antes, no al guardarlos en un cajón. Si el domingo he tenido un problema, si puedo, ese mismo domingo por la noche tengo que solucionarlo, ni siquiera dejarlo para el lunes. Y sobre todo esto hay algo todavía más importante: el fútbol debe enseñarnos a creer en lo que hacemos. Los que hemos jugado al fútbol hemos tenido la suerte de hacerlo porque nos gusta, sin que nadie nos lo haya mandado, así que tenemos más facilidad para llegar a creer en lo que hacemos.

Para terminar, tal y como esta hoy en día la sociedad en general y el fútbol en particular, les voy a contar un pequeño cuento, que es el de un señor que monta un centro para rehabilitar a ejecutivos con estrés. Un buen día, llega un ejecutivo a rehabilitarse y el director de dicho centro le dice: 'mire usted, como primer trabajo, lo único que tiene que hacer durante todo el día es coger los 1.000 pollos de esa granja que ve usted ahí, cortarles la cabeza y dejar los cuerpos en una cadena y las cabezas en otra. Eso sí, tiene usted todo el día para hacerlo. Tómeselo con mucha calma'. Al cabo de tan sólo media hora, llega el ejecutivo y le dice: 'ya está, ya he terminado', a lo que el director responde: 'no hombre, no, tómeselo usted con más calma. Mire, como segundo trabajo, lo único que tiene que hacer es coger una hazada y esparcir por el prado esa montaña de estiércol que hay en la campa que tiene enfrente. Eso sí, tiene usted todo el día para hacerlo. Tómeselo con mucha calma'. Y como anteriormente había sucedido, vuelve de nuevo a la media hora y le dice: 'ya he terminado', a lo que el director vuelve a responderle: 'no hombre, no, que aquí usted ha venido a rehabilitarse, se lo tiene que tomar con más calma. Le voy a dar una tercera tarea. En esa otra granja que ve usted allí, hay un canasto grande con huevos y dos canastos más pequeños a los lados; pues bien, lo único que tiene que hacer es repartir los huevos de tal manera que los más frescos estén en un canasto y los más pasaditos en otro. Y no se olvide de que tiene usted todo el día para hacerlo'. Pero esta vez pasa media hora, una hora, dos horas, y no viene. El director se pone contento y piensa que ya le está cogiendo el truquillo al asunto, así que decide ir a visitarlo. Cuando llega, se encuentra al ejecutivo con un huevo al lado del oído y sin ningún huevo en los canastos pequeños. Entonces le dice: 'que, ¿algún problema? ', a lo que el ejecutivo responde: 'mire usted, yo, cortar cabezas y echar mierda, lo que usted quiera, pero tomar decisiones... '

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