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AULA DE CULTURA VIRTUAL

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Transcripción de la conferencia de Francisco García Olmedo- 2

Sin embargo, curiosamente, otro aspecto que debería ocupar el segundo lugar ocupa, en realidad, el primero en nuestras charlas acerca del tema: la obesidad. Y no es para menos; la proporción de obesos está creciendo en todo el mundo -la proporción, no ya el número absoluto-. La tasa anual de crecimiento es de asustar; si se extrapolara la situación actual de un país como EE UU a los próximos 20 años, esto es, si se presumiera que en los próximos 20 años va a ocurrir lo mismo que ha ocurrido en los últimos 20, toda la población sería obesa, por razones que mencionaré más adelante. Evidentemente, esto no va a ocurrir, pero lo que quiero aclarar con esto es que se trata de un problema muy serio, cuyas causas son mucho más complejas que la simple figuración de que esto sólo les ocurre a los gringos. La realidad es que prácticamente en todos los países del mundo se da la misma tendencia; otra cosa es que en algunos sitios vayan más adelantados, pero es un problema universal. En la actualidad, más de 300 millones de habitantes del Planeta padecen obesidad y muchos más están en sobrepeso. Esta enfermedad es el mal de la opulencia por antonomasia, y principalmente a ella me voy a referir a lo largo de esta charla.

Una anécdota al respecto la tenemos en aquella foto, muy famosa ya, que hace unos meses salió en la portada de todos los periódicos -supongo que también en El Correo-. En ella aparecen Aznar y el canciller Kohl juntos, y se puede apreciar que el alemán es unas dos veces y media Aznar. Su titular dice: «Con Kohl funciona la física y la química», y yo añadiría que lo que también funciona con el canciller es la biología molecular. Precisamente de eso es de lo que espero convencerles en los próximos minutos.

Pero antes de retomar el asunto, me gustaría hacer una digresión retrospectiva, porque entiendo que no está de más echar la vista atrás para entender la coyuntura en que se encuentra la especie humana ahora mismo. En la Prehistoria, nosotros, como especie animal, estábamos adaptados a un régimen de vida típicamente propio, simplificando un poco la cuestión, de los cazadores-recolectores, y en ese régimen hemos vivido durante miles de milenios. En cambio, como agricultores, apenas llevamos 10 milenios, lo que, en la evolución global de cualquier especie, es un suspiro, no hay tiempo para un total desarrollo. Por tanto, nuestra fisiología y nuestra genética realmente están adaptadas a la primera etapa, a la vida antes de inventar la agricultura, y de ahí se derivan parte de nuestros problemas actuales.

Para hacernos una idea de cómo podía ser esa dieta cazadora, evidentemente tendremos que mezclar el uso de nuestra imaginación con la observación de algunas poblaciones humanas que hoy día perviven con un régimen alimenticio que, más o menos, corresponde al que debimos de tener en esos primeros milenios. En concreto, me estoy refiriendo a una de las poblaciones que vive en el desierto de Kalahari, que aún vive como cazadora-recolectora aunque sus hábitos estén un poco perturbados. Hacia la mitad del siglo XX, en los años 60, fue estudiada por un grupo de la Universidad de Harvard que decidió no ir a vivir con ellos, sino entrar de vez en cuando y analizar su modus vivendi, para no alterar su ritmo vital. Y la verdad es que algunas de sus conclusiones son dignas de mención. Su dieta, por ejemplo, es muy variada; no tanto en relación con el tipo de menú -lo que nosotros conocemos por menú degustación- como con la diversidad alimenticia de un día para otro. Efectivamente, a lo largo del año, comen de todo, incluso en un periodo de hambre no demasiado extrema al final de la estación seca. Además, en contra de lo que pueda pensarse, es una dieta básicamente vegetal; dos tercios de ésta son nueces, granos, semillas, etc., ya que, así, como trashumantes que son, los habitantes pueden transportar un alimento de alto valor calórico y muy poco peso. Sin embargo, no hay forma de conservar la caza, por lo cual, es consumida en el acto, a modo de festín, y compartida entre todos los miembros de la población.

Si uno examina los datos de estos estudios, comprueba que su salud es bastante buena. No hay obesidad, no hay hipertensión, no hay, por tanto, colesterol alto; de hecho, éste disminuye con la edad, algo que no nos ocurre a los que estamos aquí presentes. Tampoco hay caries dental y la esperanza de vida, para que se hagan una idea, aproximadamente es la que había en Escocia a finales del siglo XIX; es decir, no tan larga como la actual, pero de una duración considerable. Quizá eso dé una imagen demasiado idílica de ese periodo; no obstante, debieron ocurrir otras cosas que pueden desmitificar esta idea. Por ejemplo, que esta dieta fue extraordinariamente hostil en sus comienzos. Este pueblo tuvo que aprender a superar la presencia de sustancias tóxicas, inhibitorias y antinutritivas en aquellas especies vegetales y animales que usaba como alimentos.

 

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