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AULA DE CULTURA VIRTUAL

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Transcripción de "EL LENGUAJE DEL MAR", entrevista de Iñaki Esteban a Arturo Pérez-Reverte 4

I. E.: ¿Te has planteado alguna vez hacer una novela sin fondo histórico, incluso no ya sin fondo histórico, sino una en la que la Historia sea también parte protagonista como lo es generalmente?

A. P-R.: Alguna vez he hecho alguna chorrada como lo de Cachito, por ejemplo, y cosas de esas, pero lo que pasa es que la cuestión está en que a mí la Historia me gusta mucho. Y, sobre todo, la Historia, y con esto enlazo con lo que he dicho hace un momento, permite comprender, o sea, sin Historia somos eslabones aislados, y eso no tiene gracia ninguna; la salsa está en saber qué nos ha traído hasta aquí, es decir, contextualizar una realidad presente. Es la Historia la que nos permite entender el presente, por eso mi obsesión por ella; no es que el Reverte esté siempre con su españolismo, no, estás equivocado, a mí España me importa un bledo, se trata de la memoria que España contiene, eso es lo que me interesa. A mí me parece que el concepto patria, por la vida que he llevado, es un concepto muy diluído; mi patria son mis libros, mis amigos, el mar que me gusta, mujeres que tengo en la cabeza y en la memoria...; el concepto de patria es otra cosa, es memoria, es idea, es conocer, es saber que esto es un lugar en el cual hemos transitado mucha gente, durante muchos siglos, que han pasado muchas cosas... -bueno, nos hemos acuchillado unos a otros, nos hemos puteado, nos hemos amado, nos hemos mezclado, nos hemos separado-, y eso durante mucho tiempo, lo que ha creado una realidad que nos ha traído hasta aquí. Desconocer el proceso, negar el proceso, olvidarlo, ocultarlo, dejarlo de lado y no prestar atención significa quedarnos sin herramientas para entender el presente; entonces, claro, es hacernos insolidarios, extraños, y volver otra vez al todos contra todos, de ahí mi obsesión continua por esa memoria, ese contexto, esa Historia, como clave, como base y como asiento, como explicación, como aplomo que te permite comprender el mundo. Además, es una Historia fascinante: pocos lugares, por no decir países, tienen una Historia tan complicada, tan rica, tan diversa, tan llena de hazañas y de hechos abyectos, tan miserable y tan hermosa, tan dura y tan terrible y, al mismo tiempo, tan gloriosa y tan sucia como la que tiene la que llamamos España. Recorrerla con la amplitud de miras de quien quiere conocer, ir a ella sin ninguna orejera, sino con la generosidad de ánimo de quien quiere decir "quiero saber más de mí y de la gente que me rodea", es una aventura fascinante; por eso, cuando me meto en los Alatristes, con esta novela, estudio navegación del siglo XVIII, la marina en el XVIII, lo que era la España, los jesuitas...; he recuperado cosas de las que no me acordaba, he encontrado cosas nuevas, asi que ha sido un ejercicio de memoria, y me he dado cuenta de qué desgraciada, qué infeliz, qué triste España: otra vez, en el XVIII, en época de buen estar de los marinos, los marinos ilustrados, cuando España por fin parece que va a levantar de nuevo la cabeza, llega Fernando VII y de nuevo se va todo al diablo, y nos dan un hachazo en la cabeza. Pero bueno, a lo que voy es a que cada novela es un pretexto para hacer una incursión por un aspecto del paseo y la memoria, y es, al mismo tiempo, un ejercicio personal, enriquecedor y maravilloso. Estoy encantado, lejos, ya, de que vaya bien o mal, porque el escribir una novela significa el zambullirte en cosas que están ahí, al alcance de cualquiera, y que me hacen preguntarme cómo somos tan estúpidos que no las visitamos más a menudo.

I. E.: ¿Por eso sueles decir que, durante el tiempo que te tomas para documentar o para estudiar un poco la época que vas a reflejar en la novela, tú te lo pasas incluso tan bien como al escribir la novela ?

A. P-R.:No, no, me lo paso mejor, porque escribir es un acto laboral, profesional, de reglas, de por la mañana tacatá, tacatá, tacatá..., es más mecánico; hay muchas cosas buenas, pero también hay muchas malas, agotadoras y negativas. Sin embargo, la fase inicial de documentación, de lecturas, es la excusa perfecta ¿Tú sabes lo que es un pretexto para leerte, como para esta novela, 500 libros de Náutica, de Cosmología, de Astronomía, de Historia, de Jazz ...? -Me he pateado el Jazz para arriba y para abajo; yo, que no sabía nada de Jazz, ahora, sé un montón gracias a esta novela-. La novela es una forma de llevarte; después voy a morir dentro de nada, como todo el mundo, pero, mientras tanto, es un llenarse el zurrón de cosas, justificas el estar vivo. Cuando oyes un discurso determinado, oyes una cosa, tienes elementos, tienes criterios, tienes mecanismos autodefensivos para poder interpretar eso y para poder decir "no, no, mire usted, no me cuente usted mi memoria, que la conozco yo mucho mejor". El problema es cuando estás sujeto a esos discursos, a esos bombardeos, y no tienes los mecanismos de defensa necesarios. A veces supongo que si yo hubiera ido a la vida, como fui adonde me tocó vivir, sin todas las lecturas que tenía, si hubiera ido analfabeto al mundo ése, me habría perdido en ese marasmo, y ya no sé que sería de mí, pero, por suerte, me habían formado mis padres y mis abuelos, y había leído, y yo salí al mundo, digamos, con el disquete formateado; eso permitió que todo fuese instalándose en su sitio. Por eso me aterra ver cómo a veces dejamos en el mundo a jóvenes, a generaciones, absolutamente desprovistas de las armas para defenderse, a merced del primero que llegue y les cuente una historia, y sin los conocimientos y la base necesaria para que el mundo sea digerible y sea soportable. Que el mundo es muy jodido, el mundo es muy perro, el mundo es muy avieso y muy esquinado, y, entonces, si no tienes elementos de juicio, si no tienes el aplomo que te da la cultura como memoria, pues estás desvalido frente al mundo.

I. E.: ¿Por qué crees que estamos olvidando la historia?, ¿es una cosa deliberada?

A. P-R.:A veces es deliberada. Yo tengo una doble teoría, hay dos cosas -yo tampoco quisiera ahondar, porque es un tema que no nos ocupa hoy, pero con esto ya zanjamos el asunto-: una es que el mundo es mucho más superficial y mucho más frívolo, Tómbola y todo esto, y El Gran Hermano, y la madre que lo parió, la tele, el mando a distancia, la comodidad, el estatus, el esfuerzo mínimo... -el mundo deriva hacia eso, y es así porque es así-; por otra parte, está la manipulación; de hecho, existe una manipulación consciente y liberada, hay un deseo de transformar la Historia, de adaptarla a intereses económicos, políticos, sociales, personales, y como ahora hay mucha información circulando y debe ser muy fácil meter el contrabando -antes había cuatro cauces, muy sólidos, con lo cual era muy difícil-, cualquiera puede meterte en Internet una teoría sobre la evolución del hombre y mañana todo el mundo la hará pública, y dirá que sí, que de acuerdo, que es eso. Entonces, ahora somos más vulnerables en ese sentido; hay una deliberada manipulación de gente que utiliza la Historia como mecanismo personal. La única defensa es conocerla, porque si no la conoces no puedes defenderte; cuando te digan que los andaluces fueron los culpables de tal cosa, creerás que eran los andaluces, y eso es muy peligroso y muy grave. El problema está, también, en la gente que sabe que eso es así, la gente que conoce la verdad y que se calla por miedo; se callan, dejan y contemporizan, son los cómplices pasivos, eso es lo peor. Tengo más desprecio a un cómplice pasivo que a un actor activo.

I. E.: Decías que con esta novela habías aprendido mucho de Jazz. Haciendo un poco de memoria, yo creo que es la primera de tus novelas, o casi, que tiene música -por lo menos, en la que la música es más evidente-, ¿por qué has metido la música de Jazz asociada al personaje principal de Coy?

A. P-R.:Una novela es un poema narrativo que se resuelve con una estructura y unas herramientas de trabajo; necesitaba una estructura determinada que después no se notara, pero que yo supiera que estaba ahí, un tipo de ritmo narrativo, de cortes, de vueltas atrás, de recuerdos, de temas que se repetían, que iban y venían... Un día, oyendo algo de jazz, dije "¡diablos!, esto se parece a la novela que tengo en la cabeza", y comprobé que, efectivamente, así era. Entonces, me fui a Estados Unidos aprovechando un viaje, me compré todo el jazz que pude, lo oí , lo estudié, me leí todo lo que pude, me contaron, y, cuando por fin entendí lo que era aquello, con eso, apliqué la estructura del jazz a la novela. Ahí está y yo estoy contento; funcionó, pero yo no sabía nada, yo era analfabeto musical y lo sigo siendo.

I. E.: Después de todo esto, ¿con qué músicos te quedarías? Con Charlie Parker, al parecer, tienes más ...

A. P-R.:Quizá sí. Es que en mi caso, como escritor, para mí no existe la música sin el autor; en el caso de la música ocurre una cosa muy singular que no me pasa con la literatura: para mí, la música -quizá porque he leído tanto estos días que conozco la vida de Charlie Parker o Miles Davis tan bien como sus obras- está muy vinculada a quien la hace. Ya te digo que quizá sea Charlie Parker el que más me..., pero, bueno, es una cuestión personal que se sale de esta historia.

I. E.: Simplemente, para acabar: cuando tú estás en alta mar, en tu barco, sueles navegar solo ¿verdad?

A. P-R.:Sí, bastante tiempo solo, sí.

I. E.: ¿Qué sueles hacer, cómo pasa un marino un día en alta mar?

A. P-R.:Cuando hay mala mar, peleando para no perder el barco y no perderte tú, claro, rizando y atento. Además, en mi terreno es un mar muy cambiante; a diferencia de éste, aquél es un mar en el que, en un día, puedes tener veinte vientos diferentes, veinte situaciones diferentes, y entonces, pues, bueno, en días malos estoy atento y destrozado, trabajando, y mojado, procurando hacerlo lo mejor que sabes, y en días buenos, en los que tienes quince nudos de viento, un sol razonable, la mar está llana, hay un poniente con la costa a barlovento y tienes poca mar, abres un libro, te sientas en la cubierta de popa y lees, y miras. Fíjate, yo soy un tipo que se vuelve loco en cualquier lado si no puede leer, y estar sentado en un aeropuerto, en el dentista, si no tengo algo que leer, hace que se me vaya la olla, me pongo frenético, o no, frenético no, me siento angustiado y me siento mal. Y cuando estás en el aeropuerto y ves a la gente sentada, el vuelo se retrasa hora y media y ves a la gente que está sentada mirando la pared, yo les miro y digo "este tío, vaya vida interior tendrá este gachó, que está una hora mirando la pared y con eso le basta"; yo les envidio, hay que ver qué riqueza espiritual, qué sobrado es este tío, o esta tía. Una vez, en el aeropuerto de Roma, hace tiempo, yo me acuerdo de esa escena, había uno de esos vuelos de Iberia muy retrasado y estabamos leyendo solamente -y había como quince o veinte personas- un niño, que leía El pequeño vampiro, y yo. Me acuerdo de que estaba delante de mí y entonces nos mirábamos, yo le guiñaba un ojo y el chico miraba así, todo orgulloso, y seguía leyendo;es esa complicidad del lector. Te iba a decir que el mar es el único sitio en el que puedo estar horas sin leer, sin hacer nada, en ningún lugar me había pasado jamás, jamás, pero en el mar puedes estar mirando la luz, cómo baja el sol.... De noche, muchas veces, lo que hago es apagar las luces, coger una estrella cualquiera, una estrella que vaya a estar fija, por lo menos, durante una o dos horas -más o menos, lo calculo-, y la tengo ahí, y voy con ella, y miro las estrellas, y las veo salir, ves que estas esperando a que salga Orión, y que salga el cinturón y la vaina, y que salga el pie y suba, y el Pegaso, y estás buscando estrellas... El mar es el único lugar en el mundo en el que me ha pasado eso; es otra de las cosas que tiene de singular.

I. E.: Bueno, Arturo, pues igual es tiempo de plegar velas.

A. P-R.:Vamos a plegar velas. Muchísimas gracias a todos por estar aquí esta noche.

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