El 'crack' de Wall Street acaba con una década
de optimismo económico
La brutal caída de la Bolsa
es el detonante de una grave crisis. Los totalitarismos de los
30 se explican en parte por la pobreza generalizada de la gran
depresión
 |
LA GRAN DEPRESIÓN.
Centenares de personas hacen cola
en una ciudad de EE UU para recoger alimentos de una entidad
benéfica. |
No fue la mayor caída de la Bolsa de Nueva York
a lo largo de su historia, pero sí la de consecuencias
más devastadoras. El 'crack' de Wall Street en los últimos
días de octubre de 1929 fue el detonante de una crisis
económica de gravísimas consecuencias, que extendió
la pobreza por Estados Unidos y Europa durante la siguiente década.
La crisis fue a su vez el caldo de cultivo adecuado para el triunfo
del nazismo en Alemania y la consolidación del fascismo
en Italia, y todo ello llevó a la Segunda Guerra Mundial.
El hundimiento de la Bolsa de Nueva York fue sólo el
reventón de una burbuja que había crecido demasiado:
la especulación era imparable en un mercado que había
alcanzado unas cotizaciones inexplicables desde el punto de vista
de la rentabilidad. Sólo los conspicuos analistas de 'The
New York Times' habían advertido de los peligros, pero
nadie, ni siquiera la ahora tan prudente Reserva Federal, les
hizo caso.
Y de pronto, como si los inversores se dieran cuenta de que
el valor de sus acciones carecía por completo de sentido,
se pusieron a vender. Entre el 22 de octubre y el 29 del mismo
mes, la caída acumulada fue de aproximadamente un tercio
de la capitalización bursátil. No hubo una oleada
de suicidios una imagen creada para la mitología
por la literatura y el cine, pero sí llegó
la ruina para unos 300.000 estadounidenses de clase media y media-alta,
justamente los que sostenían la mayor parte del consumo
de bienes no imprescindibles del país.
La economía, que ya estaba estancada, acusó
el golpe y la ola alcanzó pronto a Europa. El sueño
de los felices veinte terminaba con una pesadilla que sólo
pudo aliviar, en Estados Unidos, el 'new deal' de Roosevelt.
En Europa, durante los duros años treinta, dominaron los
totalitarismos y el resultado de todo ello fue la Segunda Guerra
Mundial, el conflicto más devastador que ha visto la Historia.

Los Datos
Las caídas: los días 28 y 29 de octubre
de 1929, el índice de valores industriales de la Bolsa
de Nueva York perdió un 13% en cada jornada.
Los afectados directos: En Wall Street invertían
menos de un millón de personas y los atrapados en la caída
no superaron los 300.000.
El 'new deal': El presidente Roosevelt aplicó
su política de 'new deal', basada en el intervencionismo
del Estado para reactivar la economía y logró sacar
a EE UU de la crisis para mediados de los años treinta.

El Análisis
La resaca
que cambió
la historia |
Roberto Velasco
Nada fue igual después de los
felices 20, años de charlestón, vino y rosas. El
firmamento financiero se desplomó cuando expiraban y sólo
acudiendo al Libro del Apocalipsis cabe aproximarse a los efectos
del derrumbamiento en la economía, la política
y, pari passu, en la marcha del mundo. La tribu económica,
algunos de cuyos miembros más conspicuos atribuían
las fluctuaciones de los negocios a la misteriosa influencia
de las manchas solares, mostró todas sus vergüenzas
(la depresión no estaba siquiera contemplada en sus esquemas
teóricos) y la Gran Resaca sentó sus reales, sobre
Occidente, patria de la sociedad satisfecha.
Más de un lustro se tardó
en retirar los escombros, tiempo suficiente para descubrir entre
ellos la inestabilidad inherente a un sistema, el capitalista,
cuyos mecanismos de autorregulación eran demasiado inseguros
para canalizar tan poderosas energías. Se comprobó
también que ni el mercado ni sus principales valedores
tenían fórmulas para sostener el capitalismo a
punto de naufragio. Y hubo de recurrirse a las políticas
keynesianas de estímulo público de la demanda y
el empleo, una revolución en toda regla que empaparía
la intervención del Estado en la vida económica
durante las décadas siguientes.
Otro de los fenómenos derivados
de la Gran Depresión fue la aceptación generalizada
del Estado Protector, el antídoto de Bismarck para el
avance de las ideas socialistas entre millones de afectados por
las crueldades del capitalismo de la época. La resaca
de la euforia financiera acalló las críticas de
quienes veían en la incipiente Seguridad Social al peor
enemigo de la libre empresa y permitió consolidar el Estado
de Bienestar, una figura que (si bien muy discutida por quienes
no lo necesitan) es todavía hoy una sólida parte
integrante del capitalismo de rostro humano. En definitiva, la
gran crisis que cerró los años 20 puso al descubierto
que la economía no existe aparte de la política.
Los tiempos que siguieron demostraron
también que la exaltación del papel del Estado
como remedio de los problemas ciudadanos no estaba exenta de
terribles errores, como los contenidos en el modelo implantado
en la URSS. Y tampoco es para olvidar que el desempleo masivo
ejerció una gran influencia en el acceso de Hitler al
poder, otra consecuencia trágica de la Gran Depresión.
En definitiva, ninguna otra época influyó tanto
en el devenir del siglo como la de los años 20 porque,
pese a la conocida fragilidad de la memoria colectiva, algunos
de sus episodios han dejado una huella indeleble en la conducta
de la humanidad. Quizás por eso la Historia encontró
en ella la excusa necesaria para cambiar su rumbo.