| ¿La
montaña profanada?
El cincuenta aniversario de la primera ascensión
y la masiva afluencia de alpinistas traslada al K2 la controversia
de las expediciones comerciales
La polémica está servida. La masiva afluencia
de alpinistas
al K2 con motivo del cincuenta aniversario de la primera ascensión
y la presencia de expediciones comerciales ha trasladado al ochomil
más difícil una controversia reservada hasta ahora
al Everest y los ochomiles más accesibles.
Si el suizo Kary Kobler, responsable de la expedición
comercial en
la que 16 alpinistas intentan llegar a la cumbre cumple su palabra,
por primera vez el Espolón de los Abruzzos quedará
equipado hasta prácticamente la cima con cuerdas fijas,
incluídos los peligrosos tramos del Cuello de Botella y
la travesía hasta la piedra '8.400'.
Los lugares donde en los últimos años todos los
alpinistas que han intentado cumbre se han dado media vuelta por
las dificultades técnicas que presentaban.
En realidad, Kary Kobler se juega algo más que la cumbre
de sus clientes. Por contrato -cada uno paga casi 20.000 euros-
les ha asegurado que esos tramos quedarán equipados con
cuerdas fijas. Su apuesta no es gratuita. El año pasado,
en el que también vino al K2, uno de sus clientes se mató
por encima del Cuello de Botella cuando intentaba ascender sin
cuerdas fijas.
Por ello no ha escatimado esfuerzos. Sus ocho porteadores de
altura son los más fuertes del Campo Base, cuatro de ellos
sherpas directamente traídos de Nepal y con varios 'Everest'
en su haber (uno de ellos, Migma Tamang, lo ha ascendido nueve
veces). De momento, son los únicos que han llegado hasta
el campo IV (8.000 metros), han dejado un depósito con
500 metros de cuerda Kevlar y tiendas y esperan a que mejore el
tiempo para seguir hacia arriba.
Opiniones dispares
¿Y el resto de expediciones? ¿Qué postura
toman? Ahí surge la controversia. Hay opiniones para todos
los gustos. Desde las que muestran su escándalo públicamente
ante esta circunstancia y reivindican la pureza de una ascensión
sin cuerdas fijas, hasta los que asumen que quien haya venido
este año al Chogori no se puede llevar las manos a la cabeza
al ver el Espolón de Abruzzos cubierto de cuerdas. Pasando
por el grupo, quizás el más numeroso este año,
que simplemente está a la espera de que otros equipen la
montaña para lograr un cumbre que de otra manera estaría
muy lejos de sus posibilidades.
Entre los primeros se encuentra el jefe de la expedición
oficial italiana, Agostino da Polenza, un hombre tan polémico
como avezado en la organización de expediciones a ochomiles
y que ya ascensión el K2 en 1983 por la cara norte. «Nuestra
expedición reivindica el alpinismo más puro y estamos
aquí para subir sin porteadores, sin oxígeno y sin
cuerda fija». Las palabras son un ataque frontal a Kary
Kobler y su filosofía de ataque a cumbre.
Pero la respuesta del suizo no es menos incisiva. «Dirá
lo que quiera, pero por el momento sus alpinistas han llegado
hasta el campo III gracias a las cuerdas fijas que han puesto
mis porteadores. ¿Y cuando mis hombres hayan equipado a
partir de los 8.000 metros?, ¿acaso los italianos van a
pasar por ahí sin agarrarse a las cuerdas? Si no quieren
cuerdas fijas, si quieren ser puristas, que elijan otra ruta de
ascenso, como han hecho los catalanes en la 'Magic Line'.
Hay que ser mas realistas».
Y para realista, Juanito Oiarzabal. Su opinión es una
muestra del pragmatismo del que siempre ha hecho gala. «Este
año creo que está fuera de lugar llevarse las manos
a la cabeza por venir aquí y ver la que hay montada. Todos
los que estamos aquí sabíamos que es el cincuenta
aniversario y rasgarse las vestiduras por ver la ruta equipada
me parece fuera de lugar. Nosotros estamos aquí para grabar
un documental y hacer cumbre. Si hay cuerdas fijas, mejor, y si
no, las pondremos nosotros. A partir de ahí, que cada uno
sea dueño de sus propias palabras», afirma.
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