| DÍA 42 |
| Desde el campo base |

Fernando J.Pérez
Enviado especial
|
Oiarzabal y Pasaban, ingresados en Islamabad
Los médicos confirman la gravedad de las congelaciones
del alpinista alavés, que junto a su compañera regresarán
mañana a España Llegaron al hospital tras seis horas
de vuelo en un helicóptero militar
La vuelta a la 'civilización' de Juanito Oiarzabal y
Edurne Pasaban tras la ascensión al K2 se produjo ayer.
Pero no como ellos hubieran querido: en un agradable 'trekking'
de aproximación de cuatro o cinco días por el valle
de Hushe tras superar el conocido paso del Gondogoro, a 5.600
metros de altitud, punto emblemático de los trekkings del
Baltoro y que los compañeros de los dos alpinistas cruzarán
mañana.
Su retorno fue tan traumático como las casi seis horas
de vuelo en helicóptero militar que tuvieron que soportar
con todas las incomodidades que ello supone. Y todo por el bien
de sus congelaciones, cuya premura en el tratamiento es una de
las principales claves para una mejor evolución de las
mismas.
Tras una noche en la que los cuidados del médico de la
expedición andaluza, Raimundo García del Moral,
fue alabada sin fin por ambos pacientes, a las ocho de la mañana
dos helicópteros del Ejército paquistaní
-los únicos con permiso para volar en esa zona fronteriza
con India, considerada 'zona de guerra'- aterrizaban en el campo
base del K2, cargaban a sus atípicos viajeros y, sin llegar
a detener las hélices, reemprendían vuelo hacia
Skardu.
Para esa hora, Juanito era ya otro hombre respecto al que había
alcanzado el campo base a a primera hora de la madrugada. Tras
ser hidratado, dormir casi siete horas y, sobre todo, respirar
aire cargado de oxígeno, por lo menos el doble del que
hay a ochomil metros, comenzaba a parecerse al Juanito que todos
conocen, socarrón, unas veces, malhumorado, otras, y arrollador,
siempre. Un estado que fue mejorando a todas luces según
transcurría el día.
Lo que apenas mejoró fue el estado de sus estómagos.
Una de las características de la altitud es que el cuerpo
humano apenas admite nada sólido -y en algunos casos o
situaciones, ni líquidos-, cincunstancia que no es inhabitual
que se prolongue luego durante varios días. Y eso es lo
que les sucede todavía a Edurne y Juanito, cuyos estómagos
ayer aún a duras penas admitían un poco de arroz.
Reencuentro con Araceli
En Skardu se produjo también el momento más emotivo
del día para Juanito, ya que allí se reencontró
con su mujer Araceli, a la que había despedido en el campo
base un día antes de partir hacia la cumbre y esperaba
allí con su grupo de 'trekking' tras conocer las preocupantes
noticias del descenso.
Araceli se sumó al grupo evacuado y se pusieron de nuevo
en marcha. Todavía quedaban los cerca de 700 kilómetros
de trayecto hasta Islamabad, previstos en avión. Pero el
vuelo quedó suspendido debido al mal tiempo, por lo que
de nuevo fue movilizado el Ejército para el traslado de
los dos montañeros vascos a la capital paquistaní.
De nuevo, la actuación de la embajada española resultó
decisiva para agilizarlo.
Cuatro horas tardó el Alouette militar en cruzar medio
país hasta Islamabad , donde los dos pacientes fueron recibidos
por un médico de la compañía de seguros de
'Al Filo', Europea de Seguros, que ya será su acompañante
permanente hasta que lleguen a Madrid. Inmediatamente fueron trasladados
al hospital Al-Shifa, el mejor de la ciudad. Allí recibieron
todo tipo de atenciones, análisis y las curas necesarias,
y quedaron ingresados hasta que mañana, a primera hora,
monten en un avión rumbo a Madrid.
Tras la revisión médica, el doctor del seguro confirmó
que las lesiones en los pies de Juanito son mucho más graves
que las de Edurne. E incluso aventuró un diagnóstico
con congelaciones de tercer grado, siempre, por supuesto, a expensas
de la opinión definitiva de Kiko Arregui en Zaragoza. Sin
embargo, también mostró su extrañeza, que
a la vez es optimismo, por el comportamiento de las heridas del
alavés, ya que los dedos de los pies mostraban movilidad
«lo que significa que el hueso no está afectado.
Es como si la congelación sólo fuera superficial»,
explicaba.
Sebastián Álvaro recordaba la sorprendente capacidad
de regeneración de Juanito cuando en otras ocasiones ha
sufrido congelaciones. Eso sí, mucho menos graves. «Le
he visto dedos casi negros y sin embargo con el paso de los días
han ido regenerándose hasta volver casi a la normalidad».
|