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DÍA 39
Desde el campo base


Fernando J.Pérez
Enviado especial



Oiarzabal: «Sufriremos, pero vamos a subir»
El alpinista alavés, Pasaban, Vallejo y Zabalza instalan el campo IV a 8.000 metros y hoy intentarán hacer cumbre

EL DÍA. Oiarzabal y sus compañeros esperan hacer cumbre hoy en el K2. / 'AL FILO'

A cumplir las estadísticas del K2

Vamos a sufrir, pero vamos a subir». La frase, en boca de Juanito Oiarzabal, reflejaba ayer por la tarde perfectamente los ánimos de la expedición de 'Al Filo', instalada ya en el campo IV, a 8.000 metros, la penúltima estación de un recorrido que comenzó hace cuatro días con la incertidumbre de una climatología cruel, como suele ser en el Karakorum, pero que hoy puede alcanzar el mejor de los términos para el alavés, Edurne Pasaban, Juan Vallejo y Mikel Zabalza. Y con ellos, el porteador baltí Hassan y los nueve italianos que también han llegado hasta el C-IV.

Sin embargo, la jornada de ayer puso a prueba a los cuatro alpinistas de 'Al Filo' -definitivamente Ferran Latorre no ha podido alcanzarles-. La ascensión hasta el C-IV fue un ejercicio severo, en el que durante cerca de cinco horas tuvieron que abrir huella «casi hasta la cintura» -Juanito destacó expresamente la labor de Juan Vallejo, Mikel Zabalza y el italiano Silvio Mondinelli- durante buena parte el recorrido y cargados con todo en la mochila. «Ha sido muy duro, una pala interminable», sentenciaba Oiarzabal.

La buena noticia les llegaba cuando por fin salían al Hombro, esa gran explanada de nieve en suave ascenso entre los 7.900 y los 8.100 metros. «La vía se ve bastante bien, sin mucho hielo y nieve en buenas condiciones», explicaba Oiarzabal. Esa circunstancia, precisamente, les evitó tener que montar el campo lo más adelantado sobre el Hombro, plan establecido en el caso de que hubiesen encontrado nieve blanda para evitar todo el desgaste posible en el ataque a cumbre. «Parece ser que el viento que ha pegado estos días ha hecho un buen trabajo», apostillaba.

Pero ese viento que tanto bien ha hecho hasta ahora, en las próximas horas se puede convertir en sus principal enemigo, en el gran condicionante del ataque a cumbre. Los partes de ayer, que por cierto prolongan el anticiclón sobre el K2 hasta casi el fin de semana, mantenían los vientos para hoy entre los 20 y los 50 kilómetros por hora, con la ventaja de que eran de componente noroeste, justo la dirección contraria a la vía por la que suben los alpinistas. Pero esa protección les durará sólo hasta que pasen el Cuello de Botella. «No vamos a pensar en eso. Nosotros vamos a subir y veremos lo que nos encontramos», decía Juanito.

Mientras, Ferran Latorre llegó hasta el campo III, a 7.400 metros, y allí se quedó, en compañía del palentino Vicente Lagunilla . «No estamos tan finos como hace unos días», se justificaba en su comunicación con el CB. En todo caso, hoy ascenderán hasta el C-IV y mañana intentarán la cumbre.

Día duro

Pero si el día de ayer fue duro, es sólo un aperitivo de lo que les espera hoy, la jornada de cumbre.

A media noche de ayer, los alpinistas comenzaron a desperezarse. A 8.000 metros y en la noche previa al ataque a cima no hay ser humano que pueda dormir. Se habrán despejado del duermevela en el que habrán dejado pasar las horas nocturnas, cada uno embutido en sus pensamientos, y habrán iniciado el tedioso ritual de vestirse y derretir nieve para desayunar algo. Seguramente, a ninguno le apetecerá, pero la hidratación es uno de los secretos del éxito en cualquier cumbre por encima de los ocho mil metros.

«La hora prevista para salir es la una y media» detallaba ayer Juanito en su última comunicación. A partir de ahí, estarán en los dominios exclusivos del K2 y del viento. «Vamos a llevar 600 metros para equipar todo lo que haga falta», continuaba el vitoriano. Calcular entre diez y doce horas de subida no es desaventurado. «Es lo que tardé hace diez años cuando subí con los Iñurra, Kike y Juan Tomás», recordaba Oiarzabal, «pero todo depende de las condiciones en que encontremos los tramos más comprometidos». O sea, que a mediodía de hoy podrían haber hecho ya cumbre.

El peligro del descenso

Luego llegará el descenso, peligroso como en ningún otro ochomil -el K2 ostenta el triste récord de mayor número de fallecidos durante la bajada-. «Toda esa cuerda que llevamos para equipar es precisamente para favorecer la seguridad durante el descenso», explicaba, «y para llegar al campo III». Ése es el objetivo: los 7.400 metros del C-III. Tanto por altitud -a esa altura el cuerpo si tiene cierta capacidad de recuperación, que es nula a 8.000- como por seguridad: entre el C-III y el C-IV no hay cuerda fijas «aunque está muy bien balizado», apostillaba, y del C-III para abajo la ruta está totalmente equipada, algo fundamental para garantizar el descenso en caso de que entre mal tiempo.






 

 

 

galería de fotografías
La ruta de ascenso I GRÁFICO
El equipo de Juanito I GRÁFICO
La expedición
Juanito Oiarzabal Edurne Pasaban Juan Vallejo Mikel Zabalza
Ferrán Latorre      
La expedición de Juanito Oiarzabal la completan Edurne Pasaban, Juan Vallejo, Mikel Zabalzay Ferrán Latorre.