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«Me hubiera gustado subir al K2 de
otra manera»
«Me impresiona ver tantas expediciones comerciales,
que no me gustan nada porque me parece faltarle al respeto a la
montaña»
Juan Vallejo (34 años) es ante todo un hombre sobrio.
Su seriedad marca distancias. Aunque luego, el trato más
cercano descubre a una persona afable y con un profundo sentido
del humor. Su relación con el mundo de la montaña
le viene casi obligada. Por genes. Su padre es Ángel Rosen,
uno de los precursores del alpinismo vasco y protagonista de las
primeras expediciones vascas al Everest.
Pero Juan dejó hace mucho tiempo de ser un 'hijo de'.
Sus logros, tanto en ochomiles como en grandes paredes de roca,
le sitúan desde hace mucho tiempo a la vanguardia del alpinismo
vasco y español. Y todo ello impregnado de un filosofía
difícil de mantener en los tiempos que corren y que desprende
en cada una de sus respuestas.
-Después de un mes de campo base y tras subir hasta el
campo III, ¿qué sensaciones te ofrece el K2?
-Yo creo que lo tenemos bastante bien. Percibo buenas vibraciones.
Hasta el campo III hemos ido muy bien. Nos hemos aclimatado muy
bien y creo que habiendo alcanzado esa altura estamos bastante
aclimatados y preparados para hacer un intento por lo menos digno
a la cumbre.
-¿Cómo ve a sus compañeros?
-Pues muy bien. Además, me ha sorprendido que estamos
andando todos a muy buen ritmo. No hay nadie que se esté
quedando rezagado, ni por enfermedad ni por mala forma. Vamos,
que estamos yendo bastante bien y creo que tenemos muchas posibilidades
de subir todos si hace un buen día.
-¿Y usted personalmente?
-Yo me encuentro muy bien. Todas las sensaciones que he tenido
mientras estábamos aclimatando han sido muy buenas y...
bueno, lo del último día siempre es una incógnita,
no sabes como te vas a encontrar, puedes pillar una diarrea o
cualquier tontería de éstas que te deja fuera de
combate, pero si va todo normal, yo me veo con muchas posibilidades
de hacer cumbre.
Falta de respeto
-¿Qué opina de la polémica de las expediciones
comerciales y toda la gente que se ha reunido este año
para ascender el K2?
-Hombre, pues no me gusta. Y menos en una montaña como
el K2. Ya parece que hemos dado la batalla por perdida en el Everest,
el Cho Oyu y sitios así, donde parece que va a ser difícil
que las cosas cambien. Pero verlo aquí, en el K2, la verdad
es que me impresiona un poquito, porque ha sido una montaña
a la que yo siempre le he tenido un montón de respeto y
ver aquí a gente en expediciones comerciales me parece
un poco... bueno, que me parece faltarle al respeto a la montaña.
Pero, por otro lado, también tengo la esperanza de que
sea una cosa excepcional, de este año. Que haya sido la
tontería del cincuenta aniversario y que a partir del año
que viene todo vuelva a su cauce, y la montaña, el K2,
quede como ha sido siempre, para alpinistas de verdad.
-Tantas expediciones, tanta gente en la montaña, ¿beneficia
o perjudica a la ascensión?
-Siendo sincero, la verdad es que al final lo que hace es facilitar
mucho la ascensión. Y mucho además, eh?, no un poquito.
Yo creo que si no subimos este año vamos a perder una oportunidad
muy buena para lograrlo. Aunque no estemos muy orgullosos de la
forma de subir, la verdad es que lo facilita mucho. Es el mismo
caso que el Everest. Hay un montón de gente, de porteadores
de altura, de gente poniendo cuerda, y hay huella prácticamente
abierta todos los días, lo que facilita mucho la ascensión.
Al final yo creo que falsea un poquito lo que es una montaña
de éstas.
-¿Se desvirtúa la ascensión en estas condiciones?
-Sííí. Sin ninguna duda.Cuando subí
al Everest hace tres años me di cuenta que estaba subiendo
de una forma que realmente no tenía mucho valor. Sí
tiene un significado especial en cada uno a nivel personal, pero
te das cuenta de que eso no es alpinismo. Es un mero ejercicio
de subir por una montaña.
-¿Hubiese preferido en el K2 una situación con
menos gente, con menos expediciones?
-Sí, sí. Sin ninguna duda, vamos. Yo sé
que me iba a quedar un recuerdo mucho mejor. De hecho, las montañas
de las que tengo mejor recuerdo son aquellas en las que hemos
estado solos, las que nos ha costado un montón, en las
que hemos tenido que equipar toda la montaña. Hombre, con
el K2 me imagino que dentro de unos años al final te olvidas
un poco de las circunstancias en las que has subido, ¿no?
Pero la verdad es que sí que me gustaría haber subido
de otra manera.
-Sin embargo, ¿no es un poco hipócrita quejarse
de la masificación del Espolón de Abruzzos cuando
el K2 tiene otras ocho o nueve vías que ahora mismo están
desiertas?
-Sí, pero esto se nos escapa a nosotros, los alpinistas.
Nosotros venimos en un programa de 'Al Filo' con la consigna de
ascender la vía original en su cincuenta aniversario y
por eso estamos ahí. Hombre, si yo hubiera venido a título
personal igual hubiera elegido otra cosa, pero bueno... Ahí
sí que venimos un poco limitados. De todas formas, también
quiero decir que me ha sorprendido un montón la vía.
Estuve en el 97 en la Cessen y realmente me he dado cuenta de
que la vía de Abruzzos, la denominada 'normal' del K2,
es mucho más complicada que la Cessen, lo que pasa es que
es lo que hemos comentado antes: diez expediciones, cuerdas fijas
todos los años... bueno... cosas que desvirtúan
bastante. Pero esa misma ruta, desequipada completamente y para
un equipo solo, es una vía de tres pares.
-El K2 lleva casi tres años sin ascenderse. ¿Dónde
va a estar la clave para alcanzar la cumbre?
-En el tiempo. Como siempre, en tener una buena ventana de buen
tiempo y estar ahí. Estar en el sitio y en el momento adecuado.
Yo creo que no es una ruta excesivamente complicada y vamos gente
de sobra para subir por ahí sin ningún problema.
El factor que limita aquí siempre es el tiempo. Que tengas
un buen día y que te deje hacer la ascensión. Si
hay mal tiempo no va a subir nadie.
-¿Condiciona la historia del K2, y sus tragedias, a la
hora de afrontar la ascensión?
-Síííí. Claro que pesa. siempre te
acuerdas... Además, normalmente te acuerdas de las historias
malas, de las tragedias. De las grandes ascensiones y éxitos
la gente no habla. Hombre, siempre lo tienes en la mente. Yo al
menos personalmente si que lo tengo. Pero la verdad es que intento
olvidarme un poco de aquello. No puedes ir pensando siempre en
esas cosas porque al final ni vendrías. De todas formas,
lo piensas, lo tienes allí en el fondo de la cabeza, pero
el día de cumbre te olvidas de todas esas cosas y en lo
único en lo que piensas es en dar un paso detrás
de otro y en ganar altura como sea. Entonces esas cosas pasan
a un quinto plano.
Montañas diferentes
-Su ascensión al Everest fue una de las más rápidas
sin oxígeno. ¿La ascensión al K2 se puede
plantear de la misma forma?
-Es diferente. Son montañas diferentes. Aquí a
partir del campo IV hay que escalar y no puede ir cada uno a su
aire, como en el Everest. Hay que ir juntos, hay que hacer largos,
hay que asegurarse. Entonces ya te obliga a hacer una ascensión
más tranquila, ir al ritmo del más lento e ir siempre
juntos. Salvo los últimos 300 metros, que son ya sencillos
y cada uno va a ir a su aire. Pero las montañas más
técnicas es a lo que te obliga. Tienes que hacer un poco
más grupo, más equipo. Podrías pasar solo,
pero vas juntos para, en definitiva, asegurar más la cumbre.
-Éste sería su sexto ochomil. ¿Se plantea
la carrera de Los Catorce?
-En principio no me atrae. No es algo que me vuelva loco. De
hecho, en los últimos años, cada vez menos. Sí
que me gustaría subir a los cinco más grandes -Everest,
K2, Kangchenjunga, Lhotse, Makalu, de los que tiene Everest y
Lhotse- porque la altura tiene una atracción especial y
son montañas que todavía guardan mucha historia.
Pero aparte de eso y alguna vía diferente, los ochomiles
por vías normales no me atraen en absoluto, porque es lo
que estamos viendo aquí. Todas las rutas normales de los
ochomiles se convierten en una romería y es un tipo de
alpinismo que no me llena y ni me satisface para nada. Sobre todo
habiendo un montón de cosas para hacer. Picos más
bajos... A mí me gusta mucho escalar en roca y todos los
años trato de hacer una salida para hacer algo de roca.
Acumular por acumular... pues no. Hombre... si dentro de unos
años por una circunstancia o por otra me veo con once o
doce ochomiles... pues igual me lo plantearía, pero muy
a largo plazo y sin ir a por ello.
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