| DÍA 44 |
| Desde el campo base |

Fernando J.Pérez
Enviado especial
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Oiarzabal y Pasaban llegan a Barajas exhaustos
y en silla de ruedas
Ambos aseguraron que no les ha compensado ascender el
K2 por los problemas físicos y emocionales sufridos
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| DE VUELTA A CASA. Oiarzabal,
a la izquierda, y Pasaban charlan en el vuelo de retorno a
Madrid. / F. J. PÉREZ |
Fue una comparecencia ante los medios breve. La pequeña
expedición tuvo problemas con el vuelo que debía
llevarles hasta Madrid, y tras pasar unas horas en el aeropuerto
de Londres, llegaron a la terminal entre aplausos, cinco horas
después de lo previsto. Una ambulancia les esperaba a la
puerta de Barajas para llevarles hasta el hospital MAZ de Zaragoza,
donde el doctor Arregui les espera para hacer un análisis
más profundo de las congelaciones en los pies.
Edurne Pasaban, más habladora que Oiarzabal, indicó
que el médico «nos ha visto las heridas mediante
fotos, pero no nos ha hablado de su gravedad».
Los dos montañeros destacaron la imposibilidad de descansar
desde que el martes llegaron al campo base. «No hemos dormido
ni diez horas», apuntó Edurne. «Ha sido un
desastre estar en el hospital allí. No podíamos
dormir porque no paraban de hacer ruido», afirmó,
a la vez que señaló que no sabía ni siquiera
«en qué día estamos».
Cansados anímicamente
Tanto Edurne como Juanito mostraban en sus rostros la rabia y
la frustración. No estaban contentos, aunque sonreían.
Aseguraron que estaban «tocados». No sólo físicamente,
aparte de las congelaciones en los pies, sino anímicamente.
«No nos ha compensado subir. A pesar de que la montaña
se ha portado bien conmigo, no nos ha compensado», rumiaba
Oiarzabal. Tuvo suerte. Anduvo perdido pero le trajeron a casa.
Edurne corroboraba sus palabras. «He tenido un bajón
anímico en el avión de vuelta. Me he hundido cuando
más relajada estaba, después de todo lo pasado».
Y se acabó. Ni una palabra más salió de
sus bocas. Rápidamente se fueron hacia la ambulancia, camino
de Zaragoza. Álvaro fue el encargado de responder a las
preguntar y de justificar por qué se decidió ir
a la cima con el mal tiempo. «Estábamos a 200 metros
y teníamos un hueco de buen tiempo y nos lanzamos a por
la cima. Fue una decisión de todos porque todos asumimos
el riesgo», señaló el director de 'Al filo
de lo imposible'.
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