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Las necesidades de cada nicho de edad van variando,
por lo que es necesario a medida que cumplimos años ir modificando
nuestra estrategia inversora y adaptándola a nuestras necesidades.
Los jóvenes buscan ahorrar primero para comprarse una moto,
por lo que es posible que soliciten un crédito al consumo.
Más adelante, cuando sus ingresos superan a los gastos y
se plantean salir del cascarón, es muy probable que suscriban
una cuenta vivienda y si aún ganan más que lo que
gastan es posible que coloquen su dinero en un depósito a
corto plazo que les permita, si lo necesitan, sacar el dinero para
irse a esquiar al otro hemisferio en pleno verano.
A los treinta y tantos la estrategia financiera deja de ser personal
para convertirse en familiar y los gastos se multiplican. Sin embargo,
es ya el momento de mirar más allá y conviene hacer
las primeras aportaciones a planes de previsión. Si todavía
quedan recursos se pueden hacer, además, inversiones de cierto
riesgo porque aún tenemos tiempo de recuperarnos en caso
de que salgan mal.
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