OIARZABAL CULMINA LA CARRERA
DE LOS
OCHOMILES


Oiarzabal, soberano del Himalaya

"Es el fin de un ciclo de una parte de mi vida"

LA OPINION DE...
Salud y libertad
Juanjo San Sebastian

Diario de una hazaña "ochomilista"

La conquista del Annapurna
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El equipo utilizado

Los 14 "ochomil"
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El "club" de los 8.000

LA OPINION DE ...

Salud y libertad

Juanjo San Sebastian

Si no recuerdo mal, fue en 1982 cuando Juanito Oiarzabal dio sus primeros pasos por el Himalaya. Ascendió al Kangchuntse, cima secundaria del Makalu cercana a los siete mil quinientos metros.

Dudo mucho que en aquella lejana ocasión, Juanito llegara siquiera a soñar que un día después de la festividad de San Prudencio, patrón de Alava, diecisiete años más tarde, iba a culminar su largo periplo por las catorce elevaciones que superan los ochomil metros que existen en el planeta.

Por lo que le conozco, creo que semejante idea no se le metió en la cabeza hasta después de haber ascendido varias de ellas, muy especialmente el Everest en 1993 y el K2 en 1994. A partir de entonces, supo Juanito lo que es estar encadenado a una idea.
Hasta entonces, él había hecho, más o menos, la montaña que le apetecía. Era libre para elegir y había elegido escalar. Sabía lo que era esforzarse y sufrir por el objetivo inmediato, por la vida en presente, por la grandeza de sentirse uno dueño de sus propios actos.

Con las dos cumbres más altas dentro de su palmarés, casi la mitad del camino recorrido y sin sentir aún el cansancio por los esfuerzos que ya quedaban atrás, Juanito se fue a por todas. Al fin y al cabo, no era más que seguir haciendo lo que hasta entonces había hecho. Lo que sabía que podía hacer.

Entonces el horizonte dejó de ser el presente y se convirtió en futuro. Cada montaña dejó de ser motivo de ilusión por sí misma para convertirse en eslabón de obligado paso hacia otra meta distinta. De pronto, todo el cansancio por esfuerzos y sacrificios presentes y pasados, todo el dolor por los amigos perdidos durante tantas expediciones apareció como una pesada losa. Cuando eso ocurrió, Juanito estaba aún en el último tercio de su carrera.

Ha aguantado el tirón como un deportista de casta, como alguien que, como es su caso, está habituado a soportar el sufrimiento. Primero fue la ilusión, después llegaron la ambición y más tarde la esclavitud y el hastío para conseguir culminar un proyecto que se le ha hecho interminable. Quizá esas sean las claves de un éxito. Ahora le llega, por fin, la libertad: ¡Enhorabuena Juanito, disfrútala, y salud!


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