OIARZABAL CULMINA LA CARRERA
DE LOS
OCHOMILES


Oiarzabal, soberano del Himalaya

"Es el fin de un ciclo de una parte de mi vida"

LA OPINION DE...
Salud y libertad
Juanjo San Sebastian

Diario de una hazaña "ochomilista"

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El equipo utilizado

Los 14 "ochomil"
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El "club" de los 8.000

JUANITO OIARZABAL / MONTAÑERO

"Es el fin de un ciclo,
de una parte de mi vida"

F. RUIZ DE ESQUIDE
VITORIA

Juanito Oiarzabal concluyó ayer la frenética carrera de los ochomiles. Pocas horas después de culminar la hazaña y aún a 7.300 metros de altura ­donde ha pernoctado­ el montañero vitoriano expresaba sus sentimientos. «Ha sido muy emotivo, he llegado a llorar», explicó. Agotado por el esfuerzo y con un casi imperceptible hilo de voz, Oiarzabal valoró la gesta lograda. «Es el fin de un ciclo, de una parte de mi vida».

­¿Cómo se encuentran físicamente después de haber alcanzado la cumbre?
­Estamos los tres muy cansados porque desde el día 26 no hemos parado ni un minuto. Hay que ver qué careto tenemos, je, je. La verdad es que hemos madrugado muchísimo y ha sido una gran paliza. Además estamos sin comida y sólo podemos tomar productos energéticos. El que está jodido es Eneko: lo tendremos que bajar mañana.

­¿Cómo ha transcurrido la ascensión y el descenso hasta el campo III?
­Ha sido larguísima, pero con un tiempo bastante bueno. Lo más complicado ha sido el descenso porque son pendientes de 45 grados y bajas ya sin demasiados reflejos debido al cansancio. Es necesario poner los cinco sentidos. Nos ha costado tres horas y media bajar y es entonces cuando verdaderamente nos hemos dado cuenta de por dónde habíamos subido a la noche. Había inclinaciones muy serias.

­¿Qué ha sentido al pisar la cumbre de su último 'ochomil'?
­Ha sido muy emotivo. En poco tiempo te pasan tantas cosas por la cabeza... Me he acordado de los que he dejado atrás, de Zulu, de Atxo, de Miranda. También de todos los que me han apoyado. He sentido una alegría tremenda y me he emocionado mucho al hablar con mi mujer, he llegado a llorar.

­¿Qué supone personalmente para usted convertirse en uno de los seis hombres que han alcanzado las catorce cimas más elevadas del planeta?
­Supone poco y mucho a la vez. Poco, porque después de tantos años tenía que llegar un día u otro. Curiosamente ha sido un 29 de abril cuando nunca antes había alcanzado una cima antes del 7 de mayo. Pero supone mucho también, porque en definitiva es el fin de un ciclo, de una parte de mi vida dedicada a la alta montaña.

­¿Qué recuerdo se lleva del Annapurna, la montaña que le ha encumbrado?
­El Annapurna no se lo recomiendo a ningún amigo, es una montaña peligrosa y que te obliga a mantenerte permanentemente en tensión. Tampoco me llevaré un gran recuerdo en el sentido de que llegábamos aquí con un gran compromiso después de todo lo que habíamos hecho antes y eso no te deja disfrutar plenamente de lo que significa la montaña. Lo que sí puedo decir es que el Annapurna se ha comportado fabulosamente conmigo, porque el tiempo nos ha acompañado en todo momento.

­¿Cuál ha sido el momento más peligroso de esta expedición?
­El momento en que tuvimos que equipar la ruta hasta el campo III. En teoría los coreanos debían hacer una parte y cuando llegamos vimos que no era así y tuvimos que trabajar mucho, siempre con la amenaza de las avalanchas. Dos de ellas nos pasaron cerca.

­¿Puede describir la cumbre?
­Sólo hemos estado veinte minutos, pero en realidad son tres cumbres. La más bonita, la de la izquierda, no es la más alta. Nosotros hemos ido a la más alta, la central, una verdadera cornisa. Pero lo que se dice hasta la punta, punta, no se puede llegar porque los dos últimos metros son un bloque de hielo.

­¿Cuáles son los siguientes pasos que va a dar?
­Ahora vamos a dormir en el campo III porque no nos ha sido posible llegar hasta el campo II, debido al agotamiento físico. Pero mañana comenzaremos a bajar hasta el campo base, cuando llegue allí pensaré que ya estoy salvado.

­¿Y partir de entonces?
­Bueno, me dedicaré a otras cosas, pero con más tranquilidad. Pensaré en ir a Venezuela, en trabajar como guía, en organizar expediciones comerciales y en volver al Everest para subirlo sin oxígeno.


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