Hay tradiciones que pisan fuerte, con gracejo y mucho público. Así da gusto. Es el caso de la zarzuela en la Aste Nagusia de Bilbao. De un tiempo a esta parte, no falta nunca el ‘género chico’, y esta temporada no va a ser menos: se presenta ‘La del manojo de rosas’, de Sorozábal, bajo la batuta de José Antonio Irastorza y con dirección escénica de Humberto Fernández. El papel de la protagonista, Ascensión, correrá a cargo de Rosa Ruiz, una soprano que ya conocen los aficionados; cantó el año pasado en ‘La rosa de azafrán’ y se quedó con ganas de volver. Y, atención, anuncia que en esta ocasión se lucirá aún más, que lo suyo es el sainete y este rol le va que ni pintado.
No cabe duda de que el argumento de la obra se las trae... Una mujer independiente, con negocio propio y deseos de casarse con quien le dé la gana, no parece nada extraordinario; pero, en aquel entonces, poco antes de la Guerra Civil, aquello no era lo más corriente que digamos. Normal que sea la destinataria de unos cuantos piropos, como aquellos de la célebre romanza: «Madrileña bonita, luz de verbena; eres como un ramito de hierbabuena. Tiene tu aroma perfume de la Virgen de la Paloma. Eres luz y alegría de mi querer». Esto mismo le tocará cantar con ojos de cordero degollado a Juan Tomás Martínez, otro artista que le está cogiendo afición al ‘botxo’.
Con la música de Sorozábal cualquiera se siente cómodo, nada que ver con algunas partituras zarzueleras que parecen escritas para romper las cuerdas vocales. El maestro donostiarra conocía muy bien su oficio; ni apostaba por lo fácil, ni le interesaba revolucionar el género. Era un hombre serio y concienzudo, que sabía adaptarse a distintos tipos de público. Recuerden, si no, la banda sonora de ‘Marcelino, pan y vino’... A estas alturas, nadie pone en duda que la popularidad no tiene por qué estar reñida con el rigor. El bueno de Espasa, por ejemplo, que tanto divierte en esta zarzuela, sobresale como una figura teatral modernísima. Y, miren por dónde, será David Venancio Muro (de la serie televisiva ‘Escenas de matrimonio’) quien asuma el reto de estar a la altura de la verborrea del personaje. Resultará muy difícil aburrirse.