El Arenal albergó ayer el primer curso infantil de cocina dentro del programa de la Aste Nagusia. La iniciativa corría a cargo de la federación de comparsas dentro del ya típico certamen gastronómico de tortillas, buscando dentro del mismo un espacio para los más jóvenes. El cocinero vizcaíno Ricardo Pérez no necesitó armarse de paciencia para enseñar a los niños cómo se hace una tortilla de patatas.
«Hemos concebido esto como una experiencia piloto. ¿Qué se pretende con este curso? Pues acercar la cocina a los chavales para que dentro de diez años sean ellos los que estén al otro lado de El Arenal haciendo una tortilla», explicaba este profesional de los fogones. Ni él que ejercía de maestro, ni la txupinera, ni tampoco el pregonero, que les acompañaron durante toda la mañana, robaron protagonismo a estos aprendices de Arzak. Los chavales, relegados a un discreto espacio dentro del recinto festivo, hicieron realidad una ilusión.
En la clase de cocina participaron una veintena de niños de entre 6 y 15 años. Uno a uno recibieron su delantal con la misma solemnidad que si hubiesen sido coronados chefs. Una vez ataviados y con la sartén por el mango, se abrieron hueco junto a los fogones para recibir una clase magistral de la mano del chef vizcaíno.
Todo un reto
Los pequeños habían ido allí para aprender cómo se hace una tortilla de patatas, el problema era que muchos de ellos ni siquiera habían batido nunca un huevo. El principal obstáculo, sin embargo, tanto para el maestro como para los niños, era pelar las patatas. «A mí esto me parece muy difícil, es que cuesta mucho quitarle la piel. Resbala», protestaba Laura. Con apenas 8 años trataba de enseñar a su pinche Eder cómo manejar el tubérculo sin que se le resbalase.
A la vista del panorama, Ricardo Pérez explicó a los pequeños cómo rematar la faena sin dejarse un dedo en el intento. Los más aplicados se atrevieron a hacer daditos y también hubo algún que otro corte, nada que no arreglase una tirita. A la hora de freír las patatas todos fueron muy valientes y controlaron bastante bien la situación. El público aplaudía las habilidades de estos futuros cocineros. Para Takeyu, comparsero de Hontzak, «la tortilla era fácil». No hablaba por hablar: los resultados se encargaron de rubricar su comentario optimista. Los cocineros de verdad alabaron el resultado final y todos tan contentos. Tampoco faltaron los elogios del pregonero, el primer tasquero –así se definió la semana pasada en entrevista a este periódico– que accede al cargo. «El año que viene repetimos con cien más», bromeaba el maestro, orgulloso después de ver y probar las tortillas de unos alumnos tan aplicados.