Es un hombre pacífico, de postulados casi budistas, pero se ha hecho famoso por sus discusiones conyugales -cargadas de puyas venenosas que escuecen sólo de oírlas- en la tira cómica 'Escenas de matrimonio' (Telecinco). Hijo de Venancio Muro, un actor de los de antes, de esos secundarios heroicos que recorrían España en renqueantes autobuses, nunca concibió su profesión como un vehículo hacia el estrellato. Por eso, aunque ahora le vean a diario en televisión cerca de tres millones de personas, no quiere dormirse en la narcótica placidez del éxito y sigue trabajando en los géneros que le han dado de comer durante muchos años, como la zarzuela. El mes que viene -los días 16, 17 y 18- visitará Bilbao para interpretar en el Palacio Euskalduna 'La del manojo de rosas'.
-¡Además de ser un maestro de las riñas en 'Escenas de matrimonio', sabe usted cantar!
-¡Sí, sí, he hecho casi de todo en esta profesión! Teatro clásico, zarzuela, musicales, doblaje. En 25 años no he parado. ¡Sólo me ha faltado el circo!
-Pero han sido las broncas con su esposa televisiva lo que le ha aupado al podium de la fama. ¿Discutir es un arte?
-Más que un arte, es una necesidad, como hacer el amor... Claro que no podemos estar todo el día haciendo estas cosas, porque acabaríamos hechos cisco. Sería cansadísimo, igual que todas aquellas actividades que requieren mucha pasión. Y yo, mire, es que soy muy vago.
-Pues tanto en la zarzuela 'La del manojo de rosas' (1934) como en escenas de matrimonio', el leitmotiv es la 'guerra de sexos'. Setenta años de diferencia entre ambos productos y la misma canción.
-Afortunadamente, las relaciones de pareja han cambiado mucho en ese tiempo. Dése cuenta que la zarzuela discurre en tiempos de la República.
-Sí, la cosa ha debido de cambiar mucho, porque la protagonista de 'El manojo de rosas' se mete en unos líos tremendos cuando decide casarse con un obrero. Hoy en día los que están codiciados son los magnates.
-¡Claro, ahora todas sueñan con casarse con un futbolista o con un empresario mayor!
-A usted, que ni le gusta el fútbol, ni es un potentado, ¿cómo le ha ido en el amor?
-Yo me lo he tenido que currar con labia... No he sido de discotecas, porque esos sitios están hechos para quedarse callado y lucir el cuerpo. Definitivamente, no son para mí.
-Pero está felizmente casado.
-Tuve que trabajármelo.
-Entonces, ¿no ensaya usted las broncas en casa con su esposa?
-Noooooo. Lo único que mi personaje en 'Escenas de matrimonio' y yo tenemos en común es el número de pie y la hipoteca, ja, ja.
-¿Pero quién dice la última palabra en los momentos tensos?
-Siempre preferimos no decir esa última palabra, más que nada para que no se nos acabe nunca la conversación.
-¿Hombres y mujeres usamos distintas armas a la hora de discutir?
-Cada persona es un mundo, con sus propias armas. No creo que sea cuestión de ser hombre o mujer.
-¿Cuál es la suya?
-Soy poco de discutir.
-¿Por qué a la gente le gusta tanto ver parejas peleadas en la tele? ¿No tienen suficiente con lo de casa?
-Aunque es una tira cómica, es verdad que mucha gente se ve identificada en las riñas de un matrimonio de cuarentones mileuristas.
-Dicen que es usted un cocinero notable. ¿Qué plato le haría a su chica para celebrar una reconciliación?
-Cualquiera que se prepare con cariño. Unos huevos fritos con chistorra y patatas pueden ser perfectos. Además, cocinar me tranquiliza mucho.
-¿No encuentra relax fuera de la cocina?
-También me gusta perderme por alguna tabernilla. Aunque ahora tengo poco tiempo, entre el trabajo y la lectura de pregones de fiestas. Creo que me los curro, porque todavía no me han tirado tomates.
-¿No preferiría que le lanzaran ropa interior, como antes le pasaba Jesulín en el ruedo?
-De momento, no lo han hecho. Y no lo entiendo, porque bocalizo mucho mejor que él.
-¿Cuál fue la primera vez que se subió a un escenario?
-No me acuerdo.
-Pues vaya memoria la suya, oiga.
-¡Es que era un bebé! Mi padre, Venancio Muro, era actor de teatro y mi madre, responsable de vestuario. Estaban haciendo una obra y necesitaban un bebé que saliese a escena y fuese calladito. Y como yo cumplía los requisitos, me pusieron en brazos de la actriz y me sacaron al escenario, pero las cosas no salieron bien...
-¿No tuvo un buen debut?
-Pues no, me puse a llorar y la lié. Y ahí se acabó mi carrera hasta que ya fui chaval y empecé en compañías amateurs a los 14 años, ya más formalito. Lamentablemente, mi padre murió cuando yo tenía 10 años y me dejó a deber muchos consejos profesionales, además de pagas de domingo y collejas por las trastadas que hice.
-¿En el mundo de los actores también hay clases, señoritos y peones?
-No. El que llega a algo y se cree que ya está todo hecho se equivoca. Mis padres iban en autobús haciendo bolos por España, conmigo en brazos, así que ya sé que esta profesión es una carrera de fondo.
-Al conocer desde tan niño la dureza de la profesión, ¿nunca pensó en dedicarse a otra cosa?
-Como ya le he dicho soy muy vago. Tanto, que de pequeño quería ser jubilado. La cosa no cuajó, pero ahora disfruto muchísimo cuando puedo tirarme en el sofá.