La pasada temporada conquistó Vista Alegre. El Cid estoqueó en solitario seis toros de Victorino Martín. Salió a hombros por la puerta grande y, lo que es más importante, convenció a propios y extraños. Consagrado tras su gesta bilbaína, el diestro de Salteras vive la temporada del apoteosis. De no ser por su deficiente manejo de la espada. Esperemos que en Bilbao remate con los aceros lo que esperamos sean dos tardes de gloria. Un sabor que ya conoce en el coso de la calle Martín Agüero.
–Después de su gesta de la pasada temporada, ¿regresar a Vista Alegre tendrá para Vd. especial significado? –Recordar aquella tardemepone los pelos de punta. Fue todo un acontecimiento, muy emotivo.Me hacemuchísima ilusión volver a Bilbao. –¿Cómo recuerda aquella tarde? –Cada vez más grande... ¡enorme¡ Día tras día te vas dando cuenta de que lo que hice fue realmente grande. El ambiente que se respiró en la plaza, la tensión que viví en el patio de cuadrillas, el ir de menos a más, la puerta grande de Vista Alegre, hacen de aquella tarde algo irrepetible. Nunca volveré a vivir una tarde como aquella... ¡aunque vuelva a matar seis ‘victorinos’¡ No hay dos tardes iguales, pero como la de aquel 25 de agosto de 2007, ninguna. –En Las Ventas se pusieron celosos. –Sí, sí... lo dije tras el paso por Bilbao y lo digo ahora, la próxima ocasión que mate seis ‘victorinos’ será en Madrid. Por última vez –risas–. A excepción de mi compromiso con Madrid no creo que vuelva amatar seis toros en mi vida, o por lo menos eso espero... ¡tampoco pondría la mano en el fuego¡ (risas). Con Madrid se cumplirá un sueño personal de siempre: matar seis toros en mi Sevilla, en Bilbao... y en Madrid. También ellos lo merecen, es mi segunda casa, lo haré. –Su idilio con Las Ventas le garantiza un magnífico recibimiento. –No te puedes ni imaginar a qué velocidad se rompen los idilios. Que no te quepa la menor duda de que si las cosas no salen bien la magia se esfuma en un instante. Con Bilbao no existía idilio y mira cómo nos entregamos los unos a los otros.
–En cuanto a su manejo de la espada, ¿lo que en principio fue motivo de gracia terminó convirtiéndose en una cruz muy pesada? –¡Vamos¡... y no sólo en Madrid, en muchas plazas. La verdad es que no estoy siendo regular con los aceros. Casi todos los días estoy cuajando faenas importantes que no siempre soy capaz de rematar con la espada. De no ser por la dichosa espada hubiera conquistado muchas más puertas grandes.Me ha tocado la negra: mato bien dos, pincho los tres siguientes,mato uno por arriba, pincho otros dos... Bueno, ya pasará... –¿A qué achaca su irregularidad? –A la falta de sincronización. A veces no marco bien los tiempos de la suerte, otras veces entro amatar demasiado rápido,me acelero y pincho. La verdad es que también necesito que el toro seme venga, a toro parado no lo veo tan claro. –Ha pinchado faenas de auténtico clamor y pese a las ovaciones se resiste a dar vueltas al ruedo. ¿Por qué? –No lo sé. En toda mi carrera profesional habré dado tres o cuatro vueltas al ruedo, ni una más. No soy de dar vueltas al ruedo sin trofeos en las manos. Ya sé que es un reconocimiento bonito del público y que muchas vueltas tienen más importancia que algunas orejas, pero... ¡es mi forma de ser¡, prefiero saludar, de verdad que me siento igualmente recompensado saludando que con una vuelta completa al ruedo. –Entre el blanco y el negro existe una dilatada gama de grises. –Soy como soy. No me gusta eso de «ha estado bien, pero no». –¿Esta temporada está viendo a los toros muy pronto? –Sí. Estoy en un momento de gran confianza. Incluso los miembros de mi cuadrillamedicen «pruébalo antes de...» y yome voy directo a aprovecharlo. Últimamente noto que los toros cada vez duran menos, cada vez tienen menos muletazos. Hay que aprovecharlos desde el primer instante. La moneda está para tirarla al aire. Ya veremos cómo sale, si de cara o de cruz. Lo que hay que hacer en el toreo es apostar. –¿Por qué se rompen menos toros? –Estadísticamente 2008 no está siendo un año regular en cuanto al comportamiento de los toros. Fíjate en mi caso, de 110 toros que llevo lidiados hasta la fecha, de verdad me habrán roto media docena. La proporción es mínima. Es verdad que en la actualidad los toros prácticamente no se caen, pero se emplean menos, salen más mansotes, se mueven por allí, por inercia, no para embestir por derecho. Cuesta mucho trabajo darle muletazos limpios a este tipo de toros que no se templan.
–Por cierto, ¿qué hace usted en el segundo puesto del escalafón con más de cincuenta corridas toreadas? –(Risas) Es verdad que este año he toreado más en la primera mitad de la temporada.Antes de llegar agosto ya había cumplido más de la mitad de mis compromisos para esta campaña. Al planificar la temporada preferí dejar días libres en los meses de agosto y septiembre, no torear tan de seguido. Decidimos cargar de festejos en plazas de primera y segunda categoría los primeros meses, suplimos pueblos por capitales: dos tardes en Valencia, tres en Sevilla, cuatro en Madrid... Parece que no, pero cuesta una barbaridad. Ahora llega septiembre y ando más desahogado. –Hablemos de Bilbao. Va a lidiar los encierros de Jandilla y Torrealta. ¿Vuelve a cambiar de planteamiento? –Así es. Son dos ganaderías que me gustan mucho, están en buen momento, van magníficamente presentadas a Bilbao y siempre echan toros importantes; toros encastados, que se mueven para bien, que quieren coger la muleta y transmiten emoción al tendido. Son ganaderías en las que confío mucho. –¿Y los ‘victorinos’? –Las cosas excepcionales, si las repites, dejan de serlo.TantoVista Alegre como la ganadería deVictorino siempre van a estar ahí. –En Bilbao harán doblete seis matadores. ¿Por fin los gallos al corral? –Solo sé que a Bilbao llego con los dientes apretados. Es una feria que marca de forma decisiva la temporada. En Vista Alegre hay que ratificar lo hecho en Sevilla y Madrid. Son tardes en las que hay que dar el do de pecho y estar a la altura. Están los toreros más en forma del escalafón y va a haber competencia hasta en el patio de cuadrillas.