En el mundo de las ballenas también hay famosos. Está ‘Moby Dick', un enorme ejemplar blanco que obsesionaba al capitán Ahab. También la que se comió al padre de Pinocho y la que se tragó al bíblico Jonás, aunque, afortunadamente, ninguna de ellas llegó a digerirlos. Y la cinematográfica orca ‘Willy', que necesitaba ser salvada... Pues bien, también hay que sumar a ‘Baly', la ballena de Bilbao, a este selecto club. Ayer, aunque unos espectaculares ‘invitados' a su tradicional desfile le hicieron un poquito de sombra, volvió a demostrar que ya es toda una celebridad.
Sólo había que ver lo atestada que estaba la Gran Vía , por donde discurrió la comitiva. La Plaza Circular , punto inicial de la marcha, era un hervidero de personas –sobre todo, padres y abuelos con nerviosísimos niños– que esperaban la aparición del majestuoso animal hinchable. Y cuando por fin salió, todos los peques irrumpieron en saludos y aplausos. Bueno, no todos. Telmo, de 7 años, se había subido a una papelera para sacar las mejores fotos de ‘Baly' y estaba muy concentrado en su tarea. «Le he sacado un montón», decía entusiasmado. Lo que no sabía es que, en esta séptima edición del desfile –dedicada al agua y a lugares donde tiene una especial importancia–, la Ballena , su marido el Pulpo y su hijo el Besugo venían con un acompañamiento estremecedor y digno de muchas instantáneas: un enorme toro de cobre con demonios subidos a sus lomos y dos espectaculares dragones, uno de ellos articulado y con humo saliéndole de la boca. Para su instinto de paparazzi fue un regalo verles aparecer. A Morgana, sin embargo, la visión de estos impresionantes engendros no le resultó agradable. La pequeña, de sólo dos años, había venido muy contenta desde Basauri con su amatxu, Bego, para ver a la Ballena. Pero cuando se topó con los fieros amiguetes del beatífico cetáceo... se echó a llorar desconsolada. «Es que está todo muy bien hecho. Y los demonios dan miedo con ese maquillaje...», justificaba su mamá. Lucas, también intimidado, sólo quería ver a la Ballena , porque una vez vio una «de verdad» y le encantó. De los otros «bichos», sobre todo del dragón móvil, no quería ni hablar.
A por el confeti
Lo cierto es que este monstruo mecánico causó pánico y fascinación a partes iguales. Según el ranking de un grupo de niños colombianos –Juan, Cristian, Hugo y Kevin– fue «lo mejor, lo mejor». Vamos, que le quitó algo de protagonismo a ‘Baly’. Qué cruel la fama, llega un advenedizo y se mete al público en el bolsillo. Bueno, no a todo. A Sandra, de 6 años, le entusiasmó la rellenita reina del desfile y «las mariposas que iban detrás».
Pero de toda la comitiva –donde hubo carrozas fantásticas, percusionistas, bailarines hindúes, avispas en bicicleta y un sinfín de maravillas– lo que más le gustó a Ander, un chiquitín de cuatro años con una pasmosa facilidad de palabra, fue recoger el confeti y las serpentinas que la exótica ‘troupe’ dejaba a su paso. Todo su botín lo depositó en la sillita de su hermana pequeña. «El mejor es el Pulpo, porque es el que más papeles ha echado», aseguraba.
Sin él saberlo, había ayudado al eficaz equipo municipal de limpieza que, en la cola del desfile, dejaba la calle impoluta con sus potentes aspiradores de tubo. Un espectáculo verlos trabajar. Al menos para Iker. Mientras su familia se iba, echó una mirada de admiración a los trabajadores. ¡Claro, con esa máquina...! ¡Normal que recojan más papelitos que nadie!