Celedón ha enfundado la boina sin saber que sus recién rematadas fiestas han sido las del millón de participantes. Hasta 51 veces ha tenido que coger la tirolina San Miguel-Postas para concitar a lo largo y ancho de la ciudad tantos parroquianos durante los seis días y noches de desmelene. Así, al menos, lo aseguró ayer la teniente de alcalde y concejala de Cultura, Maite Berrocal,-en sustitución del alcalde Lazcoz, ya entregado a las vacaciones- en la habitual rueda de prensa que sigue a la traca final del día 9. «Han sido unas fiestas difíciles de superar: cálidas, familiares, tranquilas -se dejó notar la nueva hornada de policías municipales que debutó en julio- y marchosas a la vez, en las que el número de participantes ha superado el millón», se atrevió a cifrar.
Durante una conferencia de prensa en la que tradicionalmente se impone la grandilocuencia del responsable político de turno, la concejal del PSE quiso repartir las medallas. «Han sido un éxito de fiestas fruto de un éxito colectivo. No sólo todos los departamentos municipales han trabajado duro para que todo saliera bien, sino otro muchos colectivos, como los blusas, los hosteleros o los propios medios de comunicación, que han hecho un trabajo estupendo para difundir la celebración».
Distribuidos los elogios, Berrocal sacó lustre al balance poniendo el énfasis a las dos trabas a las que se enfrentaba esta última edición de La Blanca: la ausencia de un fin de semana en los festejos, que asegurara un batallón de visitantes, y la sombra de La Blanca 2007, «tan emblemática y sentimental» por coincidir con el cincuentenario del debut volador del aldeano de Zalduondo. «Pese a todo ello, y a una meteorología un tanto extraña, las fiestas han ido de menos a más y hemos comprobado que sabemos divertirnos muy bien», piropeó.
En su repaso general por lo acontecido en la ciudad entre la tarde del 4 de agosto y la noche del 9, la 'número dos' del Gabinete Lazcoz destacó las «impresionantes» cifras de participación que registraron las cerca de 300 actividades programadas por el Ayuntamiento. Ello, pese a la pobre acogida que el público brindó al cantautor euskaldun Ruper Ordorika y a su concierto, programado para la apertura del día 4; o al descenso de en torno a un 25% de los espectadores de teatro.
La ausencia de crítica también se extendió sobre la apretada y asfixiante recepción oficial de La Blanca, y que tuvo lugar por primera vez en Ataria, el inacabado centro de interpretación de la naturaleza que se asoma a los humedales de Salburua. Incluso, y según avanzó la concejala de Cultura, no descartan repetir lugar el próximo año, pero tampoco 'bautizar' otro escenario. Sin hacer referencia alguna a las críticas vertidas desde las filas del principal grupo de la oposición, el PP, por lo que considera una caída en picado del celo en mantener las calles limpias en esos días, la edil del PSE no anticipó grandes cambios para las próximas fiestas. En este punto, reivindicó la calle como el escenario principal donde discurre La Blanca y se mostró dispuesta a reforzar su oferta.
«Queremos intensificar la actividad familiar durante las corridas de toros, dar más protagonismos a los creadores locales y apostar más por los espectáculos participativos en detrimento de los pasivos», se limitó a detallar.