Celedón volverá a realizar el tradicional paseíllo a la balconada de San Miguel del 4 de agosto acompañado por blusas y la música de la fanfarre Biotzatarrak. El alcalde de Vitoria, Patxi Lazcoz, ha logrado, por tanto, lo que quería: repetir la buena experiencia del año pasado y evitar que Gorka Ortiz de Urbina llegue a su destino magullado y al borde del colapso. Así al menos lo han acordado ambas partes en una reunión celebrada el pasado miércoles, según ha podido saber EL CORREO.
El Celedón de carne y hueso iniciará por tanto su paseíllo una vez que el muñeco haya culminado su descenso, el día del Chupinazo, rodeado por medio centenar de voluntarios entre blusas y músicos. Está previsto que en el cortejo participen miembros de diferentes cuadrillas. «El año pasado salió todo muy bien. De esta manera Gorka lo lleva mejor y a nosotros no nos importa», reveló a este periódico uno de los participantes en la reunión.
Y es que hay un antes y un después de este popular paseíllo. Hasta el pasado año, la persona que encarnaba a Celedón era protegida en su recorrido hasta la escalinata de San Miguel por agentes de la Policía Local. Pero en los últimos años, este trayecto, que apenas llega a quince minutos, se había convertido en una experiencia demasiado tortuosa. La multitud trataba de tocar y agarrar a Gorka Ortiz de Urbina y a sus escoltas sin ningún tipo de respeto, por lo que el personaje que encarna las fiestas de La Blanca llegaba a la balconada maltrecho, sin fuelle y, en muchas ocasiones, con el paraguas destrozado y la ropas hecha jirones.
Graves incidentes
Además, en 2005, cinco de los nueve agentes que acompañaban a Celedón acabaron en urgencias por las agresiones sufridas en forma de puñetazos y empujones. Incluso, uno de los policías fue rociado con un aerosol. Todo ello convertía en una labor complicada conseguir voluntarios que escoltaran a Ortiz de Urbina el día 4.
Pero el Chupinazo del año pasado, cuando se conmemoraba el cincuenta aniversario del descenso del aldeano de Zalduondo, la situación dio un giro radical. Los blusas aceptaron escoltar a Ortiz de Urbina y a Iñaki Landa, quien también ha encarnado la figura de Celedón -faltó José Luis Isasi, ya gravemente enfermo-, para celebrar las bodas de oro.
Y todo fue como la seda. «Excepcional» fue el adjetivo con el que los diferentes partidos políticos calificaron el paseíllo. No hubo ni un solo incidente durante el recorrido de la comitiva desde la calle Postas hasta la balconada de San Miguel. Para el alcalde, Patxi Lazcoz, Vitoria vivió ese día un arranque de la fiesta «especialmente emocionante», presidido por una actitud de «tolerancia y concordia». Por eso, ya anunció hace un año su intención de invitar a los blusas a repetir la experiencia.
Las cuadrillas han cogido el guante. Eso sí, este año, el paseíllo lo hará sólo Gorka Ortíz de Urbina. Iñaki Landa será un espectador más.