Bronceado como siempre y con la misma voz fuerte, rasposa, de siempre. Como si no pasara el tiempo. Le va bien. Pepe Sancho está de enhorabuena porque además de estar paseando por Levante con ‘Enrique IV’ acaba de estrenar la comedia de Plauto ‘Miles Gloriosus’, un alegato contra la guerra.
- ¿Qué es ‘Miles Gloriosus’?
- Una manera divertidísima de reflejar la opinión del pueblo sencillo frente al empeño de los gobernantes de meterse en la guerra. Es una obra antibelicista que se burla de los militares, sin compasión, y que parece mentira que tenga dos mil y pico de años de antigüedad.
- Plauto parece un señor del siglo XX.
- Es el mejor comediógrafo de su época. Está muy bien que lo redescubramos y estrenar en Mérida, en se ambiente, no te cuento. No hay mejor sitito para estrenar una comedia que se burla de los que tienen armas. Y además, vestidos de la época, claro.
- Ahora se viste a los personajes de forma contemporánea.
- Yo no me meto, pero ¿para qué hacer eso si como estaban están muy bien? Los clásicos aguantan sin cambios.
- Lo que parece que no cambia tampoco es el mundo. Que una comedia antibelicista tan vieja siga siendo actual...
- Cambia lo que nos rodea, pero el ser humano sigue siendo exactamente el mismo. ‘Miles Gloriosus’ demuestra lo poco que hemos cambiado. Odio, rencor, guerra, codicia, miedos... Lo mismo.
- De los clásicos suelen representarse más tragedias que comedias. ¿Por qué?
- Porque las tragedias están mejor vistas por la progresía, no por el pueblo. Se supone que una comedia de aquella época va a gustar menos, pero está comprobado que no es así. Nos reímos igual.
- ¿Y cuál es tu personaje?
- Yo soy el guía que va a introducir al público en la obra. Les cuento todo lo que va a pasar y luego lo vemos juntos. Empiezo desde el patio de butacas, vestido de calle y me transformo en el esclavo del soldado vanidoso que interpreta Pepe Viyuela. Enseguida me lo camelo.
- Está bien tener un guía en un clásico, ¿no?
- Aparezco como Pepe. Me felicito por estar ahí y les felicito a ellos por haber venido. Y sí, les ayudo a entrar en la acción, les aviso de que no se trata de una cosa densa. Les digo que vamos a burlarnos de un oficial del ejército romano.
- Que es Viyuela.
- Como personajes y como actores somos muy distintos. Nunca había trabajado con él, pero es un actor espléndido. Yo soy su esclavo y él, el glorioso, el más brillante, el más apuesto y el más todo. Cuanto más elogias su vanidad, más fácil es engañarlo al pobre. - ¿Has tenido que hacer eso muchas veces en la vida real?
- Alguna vez, sí. Pero llega un momento en que te cansas y vas por libre. Dorar la píldora da mucha pereza y para eso, mejor dorársela uno mismo. Ya no lo hago.
- Estás también con ‘Enrique IV’.
- El teatro es la esencia de nuestra profesión. Hago cine alguna vez y televisión, lo mismo. Pero sin el teatro, nada. Un actor que no hace teatro está un poco huérfano, la verdad.
- Parece que al teatro le va mejor que al cine.
- Mira, el teatro siempre ha estado en crisis, más o menos. Pero lo del cine... De repente sale una peli y se llenan las salas. No es que el cine español remonte, es que al público le gusta una peli; hay mucha gente viviendo de eso pero no hay una industria. El acto de ver cine cambia constantemente, desde las palomitas hasta la descarga por Internet. Y sin embargo, ir al teatro es una liturgia insustituible. La gente nunca dejará de ir.