UN AÑO PARA RECORDAR

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DOSSIER 1997

Paisajes, recorridos, laberintos

RICHARD SERRA

HASTA EL 17 DE OCTUBRE DE 1999

Poco o mejor dicho, no hay nada que objetar a la exposición del escultor norteamericano Richard Serra (San Francisco, 1939) en el Museo Guggenheim Bilbao. Se mire por donde se mire resulta excepcional, única e irrepetible. No sólo nos ofrece la oportunidad de ver la obra de uno de los mejores escultores que existen en la actualidad sino que además lo hace como es debido; esto es, en

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Richard Serra en la mitad de una de sus esculturas.
las mejores condiciones museográficas y con un riguroso criterio artístico a cargo de Carmen Giménez, responsable de esta muestra y también de la anterior colectiva que presentó a Serra en Bilbao, en 1983 en el Museo de Bellas Artes.

Para empezar hay que tener en cuenta que esta presentación en Bilbao es muy diferente a la muestra celebrada entre septiembre y enero en el Museo de Arte Contemporáneo de los Angeles. Aquí la cantidad de piezas es mayor, son ocho Torqued Ellipses ­cinco sencillas y tres dobles­, algunas de ellas producidas recientemente en Alemania; mientras que allí se mostraron sólo tres, dos simples y una doble. A ello se suma en Bilbao la presencia de la monumental y conocida Serpiente, que funciona perfectamente como nexo y pasillo de unión entre sendos grupos de elipses, las del plano de entrada y las del fondo de la galería. En este sentido, el conjunto nunca más volverá a exponerse reunido ya que en el futuro cada una de las elipses funcionará individualmente.

Pero lo que más marca la diferencia y significa esta exposición es la magnífica puesta en escena y el pulso sostenido con el soberbio edificio de Frank O. Gehry. Resulta admirable la conjunción, el diálogo, el intercambio de señales, elementos y modos estéticos entre arquitecto y escultor, entre los respectivos trabajos de ambos. Son muy pocas, más bien excepcionales, las ocasiones en que se puede ver una relación plástica tan enriquecedora. Es evidente que los planteamientos espaciales de ambos son diferentes pero la arquitectura de Gehry resulta el escenario idóneo para la presentación de la obra de Serra y viceversa.


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Serpiente
Desde el exterior, las elipses habitan el fish (sala donde se ubican las esculturas), lo invaden creando paisajes, recorridos o laberintos reales o ficticios. No obstante, conviene distanciarse para apreciar la visión global, desde arriba y a nivel del suelo; ambos puntos de vista son espectaculares y permiten obtener múltiples imágenes, notar la ocupación del espacio, el juego de volúmenes y la superposición de planos.

De otro lado, es imprescindible penetrar en el interior de las monumentales elipses y recorrerlas para sentir experiencias espaciales determinantes, para comprobar las tensiones, el movimiento y el efecto desestabilizador que producen. Serra reclama la participación activa del espectador y a la vez, desafía cuestiones fundamentales de la escultura como son el peso, la gravedad o el equilibrio. El plano, la línea o el borde se desvían totalmente de la vertical según la estructura diferente de cada pieza y en consecuencia, las sensaciones. son absolutamente distintas, dramáticas y tensas en unos casos, flexibles y divertidas en otros.

En definitiva, la exposición no solo demuestra la validez del trabajo de Richard Serra sino también la madurez creativa y el buen momento que atraviesa su obra, potente y rigurosa, sugerente e inigualable.

ALICIA FERNÁNDEZ

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