![]() UN AÑO PARA RECORDAR | ||||||
| |
Uno de los efectos más claros que se aprecia a partir del fenómeno Guggenheim es que Bilbao y, con él, el País Vasco han ampliado los foros de difusión. Junto a la imagen Guggenheim, estos foros han pasado a formar parte de un circuito turístico cultural cuya repercusión más inmediata es la afluencia masiva de un tipo determinado de público. Para una galería de arte contemporáneo, supone captar el interés de este público por el producto que se representa, en su mayoría arte vasco contemporáneo y una puerta para conseguir uno de nuestros objetivos; difundir el arte de nuestra comunidad.
El museo Guggenheim ha significado un montón de dinero. Económicamente lo es todo. Ha sido un cambio positivo para la economía de la ciudad, se nota en el ambiente, y sobre todo, en la zona que rodea al Guggenheim. Restaurantes, comercios y nosotros los taxistas notamos que hay mucha más afluencia de personas, principalmente franceses. Además, la imagen que el museo da a la ciudad es muy diferente a la que existía hace un año; de hecho, hay personas que no conocían Bilbao y con el museo, lo conocen; incluso lo visitan. En conjunto, el museo ha sido positivo en todos los campos, y la verdad es que yo no había creído en esto.
El Museo ha sido necesario para que un montón de donostiarras se hayan enterado, por fin, de que Bilbao es hermoso.
Una arquitectura de una audacia proyectual fantasiosa, y ejecutada con osadía tecnológica, ha cumplido su primera misión, gracias a su conversión en una pasarela de moda para retratar bajo su rótulo a ídolos populares fichados para la ocasión, que son estimulantes para una afluencia multitudinaria de imitadores peregrinos hacia La Meca Americana una especie de mito y rito, mezcla de Lourdes y Sagrada Familia de la postguerra, aliviados y divertidos con sensaciones de Disneylandia. El emplazamiento tan forzado origina una pésima accesibilidad que desemboca en un espacio de vulgarismo, ajeno al propio museo e infectado de obstáculos publicitarios que contribuyen a perturbar la contemplación de su majestuosidad, conceptos que no preocupan ni a la propia institución. Esto es significativo de un descrédito e incapacidad municipal que demuestra que Bilbao no está capacitado para recibir dignamente un proyecto de esta naturaleza. PAULO PRADA Creo que todos estamos de acuerdo cuando decimos que el Guggenheim ha sobrepasado las expectativas que los organizadores, administradores y todos los involucrados se habían planteado cuando el proyecto empezó. No sólo por su indudable valor cultural y estético, sino por el hecho de que el Guggenheim representa todo un renacimiento en la vida cotidiana de Bilbao y el País Vasco. Las cifras hablan por sí mismas en cuanto a visitantes y el negocio que ayudan a generar pero el éxito del museo está en boca de los propios bilbaínos. Visto desde fuera de sus fronteras, el museo incrementa la atracción cultural de España.
| |||||
|