![]() UN AÑO PARA RECORDAR | ||||||
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De la reivindicación de la realidad de la colección Blake-Purnell al expresionismo abstracto realizado por Helen Frankenthaler va un abismo. No existe justificación artística alguna para la presentación de ambas exposiciones a no ser la conveniencia y la oportunidad del momento.
Forma y figuración: obras maestras de la Colección Blake-Purnell se presentó en vez de la anunciada muestra de la Colección Nasher de escultura. El cambio respondió a una acelerada operación del señor Krens para hacerse, por donación o depósito, con la colección de los doctores neoyorquinos. A lo que hay que añadir que la fácil digestión por el público del arte figurativo aseguraba el incremento de visitantes. Por lo demás, el contenido de la exposición respondió fielmente al gusto privado de sus propietarios, excesivamente incisivo en el caso de algunos artistas como Claudio Bravo y exquisito con las obras de artistas españoles, sobre los cuales se han celebrado en los últimos años diversas exposiciones retrospectivas en Madrid. Su presentación en algunas de las salas más fallidas de la exposición anterior las dedicadas a Schnabel, Basquiat, Barceló y Nauman supuso el inicio de la continua metamorfosis de los espacios que practican sus responsables. Entonces, por fin pudieron verse también parte de las compras realizadas por la fundación americana para la colección propia del Guggenheim Bilbao. El resto de ellas habían aparecido insertadas en la muestra inaugural. Helen Frankenthaler
Con todo, mereció la pena tener la oportunidad de ver la obra de Frankenthaler en directo. La presentación de las catorce obras de gran formato reflejó el interés de una de las figuras artísticas del expresionismo abstracto americano, quizás la menos comprendida por la crítica del momento y desde luego, la representante más lírica que supo imprimir a sus lienzos cierto sentido atmosférico con su técnica a la acuarela y su pintura muy diluida sobre la superficie. | |||||
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