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DOSSIER 1997


¿Dónde está el museo?

Cierta deriva dirige el proyecto Guggenheim

ALICIA FERNÁNDEZ

A un año de la inauguración, objetivo cumplido. Nadie duda del importante papel representado por el Guggenheim Bilbao en la proyección y difusión exterior de una imagen social y una realidad diferente del País Vasco. Todas las expectativas de visitantes han sido superadas. La fantástica arquitectura de Frank O. Ghery, con todo tipo de alicientes en su interior y en su exterior, se ha convertido en el fondo ideal para cualquier acto o celebración, ya sea un vídeoclip, un desfile de moda o un libro nuevo.


J. L. NOCITO
Sala dedicada a Sol LeWitt durante la exposición inaugural.

Así, desde lo arquitectónico, el País Vasco cuenta con uno de los edificios más singulares de este final de siglo, una arquitectura audaz y sorprendente por todas partes. Desde lo social, está clara la repercusión del Guggenheim como emblema de la sociedad vasca actual y buque insignia de la regeneración económica y urbanística del Bilbao metropolitano. Sin embargo, a pesar de todos estos factores favorables, un año después de su apertura se mantienen algunas de las primeras dudas. La más importante desde el punto de vista artístico: ¿dónde está el contenido museístico?

Si un museo vale por su colección permanente y el Guggenheim Bilbao no la tiene y nunca la tendrá, porque se basa precisamente en la itinerancia de las colecciones propias entre sus distintas sedes; entonces, el museo como tal no existe y es errónea esta denominación. No obstante, bien se puede considerar como un espacio de muestras temporales, o como un espléndido contenedor para exhibir obras, de arte o no, propias o prestadas, según sean las características de la exposición.

De esta forma, conviene considerar cuáles han sido los criterios seguidos a la hora de elaborar la oferta de este año. Su variable calidad demuestra que la programación, siempre confeccionada por el equipo americano, responde más a la oportunidad del momento que a un criterio artístico riguroso. No hay un plan director, ni una línea seria de desarrollo artístico, sino que cierta deriva dirige el proyecto. Tampoco parece necesario un director artístico, ni tan siquiera se considera convenientemente al equipo curatorial; todo se dirige desde Nueva York, donde saben aprovechar las ofertas y sacarles el máximo rendimiento.

No se discuten los logros de la cultura del entretenimiento tan nombrada por Krens en la gestión museística, ni la posibilidad del conocimiento a través de ella. Sin embargo, son mejorables los medios y la presentación, que deben facilitar la comprensión de la obra plástica, así como el discurso coherente de la historia del arte. De momento, el Guggenheim Bilbao ha cumplido su función publicitaria, pero está pendiente la museística con una organización artística seria y de calidad.

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