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DOSSIER 1997


Un arquitecto con
"mucha suerte"

Frank Gehry, artífice del edificio que se ha erigido en símbolo del nuevo Bilbao, reflexiona sobre una experiencia "que se ha convertido en una parte muy importante de mi vida"

RAMÓN DE LUXÁN

Alguien ha exagerado un poco el efecto Guggenheim: "Carmen Giménez estuvo hace unas semanas en Los Angeles y me dijo que también éramos parcialmente responsables del alto el fuego declarado por ETA. ¿De verdad que lo somos?", pregunta Frank Gehry. Pues no será para tanto, pero la verdad es que, más allá de los tópicos interesados, no hay duda de que el museo inaugurado hace ahora un año se ha convertido en un formidable impulso de civilización y, si se quiere, en instrumento capaz de transmitir la visión renovada de un alma vasca que ahora está más segura de su capacidad de aportación a la modernidad del tercer milenio.


J. L. NOCITO
Frank Gehry, en una imagen tomada en el museo Guggenheim, poco antes de su inauguración.
Y Frank Gehry lo sabe. Al menos, conoce que el éxito exterior de su edificio ha aumentado el orgullo de este pueblo. "Me siento muy feliz por este éxito de los vascos", explica. "Es un gran triunfo para ellos y mi mayor gratificación es la forma en que ha contribuido a mejorar la imagen del país". No en vano, según los expertos, el Museo Guggenheim Bilbao ­junto con el Getty Center de Richard Meier­ es el principal ejemplo de la arquitectura contemporánea e, incluso, un auténtico paradigma de la modernidad. Claro que esto no ha impedido algunas opiniones adversas, como la del crítico de Art in America, Joseph Giovaninni, que ha calificado al museo de Gehry como edificio caótico. "Lo que pasa es que no es el típico edificio cuadrado", se defiende el arquitecto. "Además, todo el mundo sabe que el museo crea una sensación de reposo, un sentimiento confortable".

Y, ¿qué pasa con la autocrítica del propio autor? ¿Acaso considera que no hay ningún error o defecto en el diseño? "Pues claro que podría hacer algunos comentarios negativos", contesta Gehry. "Pero no es fácil hablar de estos temas, porque se trata de cuestiones relacionadas con las formas, los detalles, las cosas que estaban fuera de mi control o aquellas necesidades del cliente con las que no podía estar de acuerdo", puntualiza. "En cualquier caso, lo único que me preocupa es la integridad del edificio, la forma en que va siendo utilizado y algunos detalles que hubo que omitir por necesidades financieras".

Ajustes de diseño

Algo de esto es lo que ha pasado en la cafetería, donde la necesidad de dar respuesta a la afluencia masiva de público ha obligado a variar el proyecto original. El arquitecto matiza que el diseño de este espacio "era idóneo, lo que sucedió es que, por razones que desconozco, se redujo la superficie disponible. Pero no importa, porque yo les estoy ayudando a redefinir el diseño".


J. L. NOCITO
Gehry muestra un detalle a su colega Philip Johnson.
También se ha dicho, a medio camino del halago y la crítica, que en su diseño del Guggenheim, Gehry convirtió la disciplina arquitectónica en un puro ejercicio de creación escultórica. Claro que, para esto, para una afirmación que separa tajantemente la función del arquitecto y la del artista plástico, también hay una respuesta contundente: "Ese es un argumento falso, porque si miras los edificios clásicos te das cuenta que en el fondo también son esculturas. De hecho ­afirma el arquitecto­, Miguel Angel era escultor y al mismo tiempo un artista incomparable que abarcaba todos los campos. No entiendo por qué en los tiempos modernos se quiere hacer esa diferenciación; es autodestructiva y, seguramente, quienes la mantienen son personas que no tienen ni talento ni visión".

De todas formas, para Frank Gehry la experiencia de Bilbao no se ha limitado a la realización de un proyecto exitoso. Y es que, ya sea por sus largas estancias en la capital vizcaína o sus deliberadas inmersiones en el mundo de lo vasco, lo cierto es que el edificio al borde de la ría ha dejado una especial marca en su vida: "A lo largo de los años, he tenido otras experiencias similares, pero ninguna de esta magnitud. Tuve mucha suerte al ser elegido para realizar este proyecto. Me siento muy a gusto con los vascos; todo este país se ha convertido en una parte muy importante de mi vida", concluye.

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