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Alma y memoria de Rusia

La muestra repasa ocho siglos de coleccionismo en el gran país del Este, de los iconos dorados a la catarsis de la escuela conceptual

J.A. GONZÁLEZ CARRERA
Con 'La novena ola', el famoso cuadro romántico del pintor del XIX Ivan Aivazovski que representa el duelo constante del ser humano con la incontrolable Naturaleza, llega al Guggenheim Bilbao el mayor repertorio de arte salido de Rusia para ser mostrado en Occidente. Hoy se abre el público, hasta el 3 de septiembre, y promete ser uno de los principales reclamos para el turismo cultural de esta primavera-verano en España.

La gigantesca muestra incluye más de 300 piezas, la mayoría cuadros y esculturas de un centenar de autores del siglo XII a nuestros días. Se trata de una versión ampliada de la presentada el pasado otoño-invierno en el Guggenheim de Nueva York, que batió su récord de público, con más de 400.000 visitantes.

Arte ruso en Bilbao
Gloria al Gran Stalin
Han abierto sus colecciones para la ocasión la moscovita Galería Tretiakov, fundada por el magnate del lino Pavel Tretiakov a finales del XIX, con la mayor colección de pintura rusa; el inevitable Ermitage, de San Petersburgo, donde Catalina la Grande, en el XVIII, guardó el arte occidental que su abuelo Pedro comenzó a coleccionar; el Museo Estatal Ruso de la misma ciudad, el Pushkin de Moscú y del Museo del Kremlin, entre otros, han abierto sus colecciones para la ocasión.

De nuevo una macroexposición del Guggenheim requiere de una asociación eventual de patrocinadores, en este caso Iberdrola y el BBVA.

También han hecho sus aportaciones infinidad de olvidados museos rusos de provincias, lo que permite abundar en una visión abrumadora por momentos de la evolución del arte de aquel país, desde la Edad Media, en que se multiplican la pintura y la escultura religiosas bajo la dorada influencia bizantina, con infinidad de iconos; se ha reconstruido incluso, sobre una enorme pared, la disposición de las pinturas del iconostasio del Monasterio de San Cirilo, expoliado cuando la Revolución, en 1917.

Los ambulantes
La muestra transita por las corrientes realistas del XIX y se detiene en los llamados pintores ambulantes, un grupo de artistas que se oponen al academicismo, que ejercen la crítica social y prefieren exponer de pueblo en pueblo; Ilia Repin, gloria de la pintura rusa de la época, con su imponente loa del esfuerzo común maltratado por la explotación ciega, que plasma en 'Los sirgadores del Volga', es uno de ellos, como los paisajistas Isaac Levitan e Iván Shiskin, con toda una escena hiperralista de un paisaje nevado.

La muestra es abundante en retratos, escenas simbólicas y paisajes fascinantes, realizados cuando los artistas rusos acusan, sobre todo en el XIX, la influencia de Occidente. Vasili Smirnov, un academicista, encumbra el simbolismo al pintar la muerte de Nerón; pero parece que se refería más bien al asesinato en plena calle del zar Alejandro II.

Un conjunto de obras de pintores impresionistas y posimresionistas franceses, de Degas y Marquet a Matisse y Gauguin, y también del Picasso cubista, reunidas por los comerciantes Serguéi Shchukin e Iván Morozov, anticipan una convulsión en el arte ruso.

Stalin ante el espejo
Los creadores del gran país del Este harán de todas formas sus propias aportaciones a las vanguardias del XX, sobre todo el constructivismo, aunque sobre él la exposición pasa como de puntillas, con algunas pocas obras de Tatlin, Popova, Rodchenko y Malevich.

Dostoievski

El realismo socialista tiene un despliegue inusitado de obras que alcanzan formatos monumentales, donde se exaltan los hechos de guerra, los grandes líderes y los actos históricos del régimen soviético, sobre todo del omnipresente Stalin y del recuerdo de Lenin.

Plastov, Samojvalov, Shegal, Volkov, Jorzev, Milnikov y sobre todo Alexander Deineka son algunos de sus principales exponentes. El trabajo, el deporte y la vida moderna son idealizados, mientras en los años 70 y 80 comienzan a filtrarse ciertos guiños críticos con el arte oficial del régimen comunista gracias a los conceptuales Ilia Kabakov y Francisco Infante-Arana, hijo de exiliados españoles.

Un cuadro de Stalin ante el espejo, de Komar y Melamid, aporta una independiente interpretación de la historia reciente de Rusia.

La muestra llega hasta las videoinstalaciones de artistas como el Kabakov de los 90, con una obra referida al arte ruso del XX traída de Nueva York, Alexander Brodski, Grisha Bruskin, Oleg Kulik, Timur Novikov y Alexander Brodski, entre otros.

En una obra multimedia, Serguéi Bugaev registra en los muros de una estancia imágenes de la Rusia del XX; en una filmación una persona con un ataque de neurosis es sujetada a duras penas por los médicos.