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Y DESPUÉS, ¿QUÉ?



Territorio Guggenheim

La idea de un 'satélite' del museo en Urdaibai aún debe superar pruebas decisivas. De fructificar, haría de Vizcaya uel lugar con mayor presencia norteamericana en el mundo

J.A. GONZÁLEZ CARRERA

La idílica tarjeta postal de Urdaibai y Busturialdea puede cambiar para siempre con la construcción en los próximos años de un museo de arte contemporáneo administrado por el Guggenheim Bilbao. Lanzada ya al aire esta semana por el diputado general de Vizcaya, José Luis Bilbao, la idea contemplada en el plan estratégico que el museo todavía prepara para el cuatrienio 2009-2012 es, de momento, como unas señales de humo que surgen entre los pinares y que habrá que ir interpretando.

De llegar a fructificar, el territorio de Vizcaya pasaría a ser el lugar con mayor presencia de la Fundación Solomon R. Guggenheim en el mundo. Ni siquiera Nueva York le iguala. El emblemático museo de la Quinta Avenida, bastante más pequeño que el de Bilbao y con menos visitantes, sigue solo en Manhattan; los intentos de la fundación de abrir allí un centro mayor han fracasado hasta ahora. En los años 90 llegó a tener un segundo espacio en el SoHo, en una vieja fábrica de vestidos de novia, que le permitió llevar a cabo un programa de exposiciones con artistas emergentes, pero no funcionó como se esperaba -apenas llegaba a los 300.000 visitantes anuales, en todo un Nueva York-, y cerró.

El proyecto del nuevo museo de la marca en Vizcaya cuenta a favor con el empeño de la máxima autoridad del territorio, que se ha comprometido a dedicarle ya una inversión de 100 millones de euros y a construir una autovía de Amorebieta a Gernika, a fin de garantizar que no le fallan las cuentas que presenta por delante: si la pernoctación media de los 600.000-700.000 turistas que llegan cada año atraídos por el Gugenheim Bilbao «es hoy de 1,8 días», un nuevo museo a menos de 50 kilómetros, que requeriría de una excursión, debería incrementarlo «hasta los 2,4 ó 2,6 días». En la Diputación y en Busturialdea casi todos se frotan las manos, ante el revulsivo económico que creen representaría para la comarca y el rédito electoral que se le supone.

Todo por hacer
En realidad todo está por hacerse; lo más importante, determinar si realmente sería una iniciativa viable, tanto desde el punto de vista de Nueva York como de Bilbao. La Diputación de Vizcaya sólo está en condiciones actualmente de poder fijar el solar en el que se levantaría el nuevo museo; puede que en el mismo Gernika, un tanto venida a menos en lo económico y con amplios suelos industriales disponibles como los de la antigua fábrica de armas Astra, propiedad del Ayuntamiento -hoy regido por Eusko Alkartasuna-, y los de la antigua empresa cubertera Dalia, que son de titularidad foral. También cuenta con posibiliaddes algún lugar con vistas a la ría entre Forua y Busturia.

En contra tiene la llamativa disonancia registrada de partida entre la propia Diputación de Vizcaya y el Gobierno vasco, los dos socios institucionales del museo de Abandoibarra; de momento, no van de la mano en esto. Es «una iniciativa de la Diputación de Vizcaya», que está «abierta a la participación o no de otras instituciones; todavía quedan muchas cuestiones que perfilar...», advertía la portavoz del Gobierno, Miren Azkarate, al conocer que Bilbao había decidido que el nuevo espacio del que se venía hablando dentro del museo se ubicará en Vizcaya.

Adelantado por el diputado general vizcaíno el pasado martes sin contar con el lehendakari, la idea surge en medio de una soterrada tensión en el PNV. Para el lehendakari -decía dos días después del anuncio de Bilbao- es «una idea en proyecto» que hay que llevar a cabo «entre todos»; para el diputado general de Vizcaya y varias voces del aparato del partido, el proyecto «está trabajado», «más avanzado de lo que hoy se puede explicar, porque hay muchas instituciones y personas implicadas».

Epoca de turbulencias
Pergeñada en una época de turbulencias para los responsables del Guggenheim, marcada por el caso del desfalco y la pérdida de más de 6 millones de euros en una operación de compra de divisas para adquirir obras de arte, la difusión de la idea es como un bálsamo en medio de investigaciones parlamentarias y judiciales.

Para el Guggenheim Bilbao, lo mismo que para la casa madre neoyorquina, necesitada de rentabilizar sus colecciones, lo mismo que su papel de operador artístico para otros, el interés parece claro. José Luis Bilbao aseguraba ante la opinión pública contar con el respaldo de Nueva York a la idea del nuevo museo, convencido de que allí -ha dicho literalmente- «están encantados porque lo pagamos nosotros».

Pero no es tan sencillo. La Fundación tiene más cosas en qué pensar además de en la cuestión económica; entre otras, si Urdaibai es el mejor enclave para un museo, qué arquitecto tendría, cuál sería su programación y los apéndices por añadir a los acuerdos con las instituciones vascas de principios de los 90; por ejemplo, aquel pacto incluía el pago de un canon por el uso de la marca que ascendió a 20 millones de dólares de la época.
Sin el dinero de los vascos no habría nada que hacer, pero Nueva York tiene la última palabra.

g. carrera@diario-elcorreo.com .