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Y DESPUÉS, ¿QUÉ?



Los niños de nueve colegios asombran con su arte en el Guggenheim

ISABEL URRUTIA

CENTROS ESCOLARES

Las Viñas
, de Santurtzi; Tomás Camacho, de Bilbao; Ruperto Medina, de Portugalete; Basurto, de Bilbao; Aperribai, de Galdakao; Amaña, de Eibar; Arrateko Andramari, de Eibar; Intxaurrondo, de San Sebastián; Divino Maestro, de Vitoria.

El auditorio del Guggenheim parecía una caja de grillos antes de que apareciera el director general del museo, Juan Ignacio Vidarte, flanqueado por el artista Asier Mendizabal y Gorka Martínez, representante de la BBK. Entonces, milagro, se hizo el silencio. Los 183 pequeños que abarrotaban la sala miraron al frente, apoyaron la espalda en el respaldo y dejaron de pegar botes.

Se nota que tenían la lección bien aprendida: el arte es cosa seria. Les interesaba muchísimo la presentación de una exposición muy especial, que recoge las obras pulidas, pintadas, recortadas o modeladas por todos ellos a lo largo de este curso. Tienen entre seis y doce años, más de alguno no había visto ni de lejos a "Puppy" y ahora se sienten como en casa dentro del coloso de titanio. No es para menos: hasta el 23 de agosto, se podrá admirar su creatividad en la sala 103B.

Nueve colegios públicos del País Vasco han participado en la duodécima edición del programa "Aprendiendo a través del arte", impulsado por el Guggenheim, con la colaboración del Departamento de Educación del Gobierno vasco y el patrocinio de la BBK. El objetivo es reforzar el currículum de Educación Primaria por medio de actividades -diseñadas por artistas como Naia del Castillo, Jorge Rubio, Maider López, Joserra Melguizo, Jon Mantzisidor...- que profundizan en diversas asignaturas, ya sea Conocimiento del Medio, Lengua y Literatura, Matemáticas, Química o Física.

Tarea complicada
Visto lo visto, el esfuerzo ha merecido la pena: desde el espantapájaros de material reciclable hasta la recreación de la Vía Láctea con esferas de polietileno, la muestra no tiene desperdicio. Los pequeños se han empleado a fondo y con ganas. Veinte sesiones de trabajo, de hora y media, dan para mucho durante el año escolar. Asier Mendizabal, uno de los creadores que colabora con el proyecto, recordaba ayer que «el arte puede ser una herramienta de conocimiento, exactamente igual que leer y escribir».

Los chavales escuchaban muy calladitos. Y algunos como Dongli Lin, de origen chino, y Oriana Oramas -medio española y medio cubana- les daban luego vueltas y revueltas a esas palabras. Tienen poco más de ocho años, son alumnos del centro Tomás Camacho, de Bilbao, y dicen que «el arte está muy bien porque puedes hacer amigos».