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Y DESPUÉS, ¿QUÉ?



Gehry en Bilbao

Frank Gehry: «Yo habría hecho un Bilbao más vasco»

El arquitecto cree que se ha intentado constuir una ciudad «demasiado bonita»

«Usamos el arte y el edificio para conectar con la gente»

MERCEDES GALLEGO

Esta historia va de cómo un norteamericano que se pirra por el hockey logró desentrañar la negrura de la ría y dotó a Bilbao de un edificio que representa su pasado y lo lanzó al futuro. Frank Gehry (Toronto, 1929) aterrizó en Sondika un buen día de la mano de Thomas Krens, director de la Fundación Guggenheim , para asesorarle en la ubicación de un museo que ninguno de los dos quería hacer.

Al propio Krens le costó convencerlo para que se presentase al concurso. Gehry aún no lo sabía, pero sobre su único edificio de titanio estaba escribiendo su nombre en la historia, y de paso dejándose el corazón. Todavía hoy le traiciona la nostalgia cuando echa la vista atrás para acordarse de la ciudad que un día quiso hacer su hogar, pero en la que no le quisieron lo suficiente.

-Cuando lo diseñó, ¿sólo había estado en Bilbao una vez?
-No, volví una segunda vez e hice los bocetos en el hotel, en hojas con el membrete del López de Haro.

-¿Qué conocía de Bilbao en ese momento?
-Esa segunda vez me llevé a mi mujer, que es panameña, para que me diera las claves de la gente que íbamos conociendo, cosas que yo no podía captar porque no entendía el idioma. Lo que hice fue memorizar visualmente todo el lugar, leí mucho sobre su cultura, vi su arte, sus museos, lo que les gusta, intenté comprender su arquitectura clásica, porque ellos estaban muy orgullosos del clasicismo vasco. Entendí la política.

-¡Ésa es la parte más difícil!
-Sí, pero la entendí, porque algunos años atrás había hecho una piel para el "Guernica". Había una competición, que no fue real, para diseñar un museo para que el "Guernica" de Picasso volviera a Gernika. Eso era algo que me interesaba mucho, así que fui allí a verlo, sabía lo que eso significaba para ellos: Franco, nosotros lo odiábamos... Me interesa mucho la política. Y entendí ETA y todo eso, quiero decir, no lo entiendo, pero entendí lo que estaba pasando y lo que significaba. Entendí lo que le estaba pasando a Bilbao, que estaba perdiendo su industria, estaba perdiendo sus astilleros, su base económica, su necesidad de cambio.

-Lo interesante del Guggenheim es que, pese a ser un edificio tan moderno, refleja el pasado de Bilbao, la industria siderúrgica en la que creció el País Vasco.
-Lo sé, eso se me da bien. Me pasé mucho tiempo investigando y mirando cosas con mucha atención. Siento mucho respeto por la gente de la región y por su lugar. Se dieron muchas cosas, en mi mente yo también estaba listo para algo así, y me gustó mucho que Berta fuera parte de ello, porque tenía que ver con Latinoamérica.

Sólo un edificio
-¿Es cierto que pensó en comprarse una casa en Bilbao?
-Sí, eso fue después. Hasta Tom (Krens) iba a hacerlo; todos nos íbamos a comprar una casa en Bilbao. Lo que nos detuvo es que se me expresó que un edificio Gehry era todo lo que querían. Iban a hacer más edificios, pero no querían que los hiciera yo.

-¿Se lo dijeron así?
-Sí, prácticamente, así que eso me quitó las ganas. Soy arquitecto, ¿qué otra cosa iba a hacer? Y luego la gente que planificaba la ciudad empezó a hacer cosas en el paseo de la ría que para mí eran de un mundo diferente al que nosotros estábamos intentado construir. Esas luces extrañas y esas cosas. Creo que prácticamente todo lo que han hecho son cosas que a mí no me gustarían. Yo ofrecí ser parte de aquéllo y quería ayudarles, pero había una mentalidad de hacerlo bonito, de alejarse de la dureza que yo encontraba tan atractiva. Así que eso también me quitó las ganas. Me costó mucho, pero no me necesitaban, ¿verdad? Si hubiera comprado una casa y me hubiera quedado allí habría sido un pesado, y no quería hacerles eso. No estaba enfadado, sólo que la señal era: gringo, aléjate. Hiciste tu trabajo, gracias. Les gustaba lo que había hecho, pero no querían que participase más allá de eso. Y no es inusual, no les puedo culpar, ocurre a menudo.

-¿Quiere decir que ya le ocurrió antes en otros sitios?
- Sí, mayormente la gente una vez que terminas el edificio no quiere que te quedes por allí, es su edificio.

-Eso suena a madre de alquiler. Das a luz, te pagan, se quedan con el niño y te alejas de su vida.
-Sí, exacto, es un sentimiento extraño. No creo que ellos se den cuenta, pero me hubiera comprado una casa allí si no fuera por eso. Mi esposa y yo estuvimos mirando en Mundaka, pero sentí que era como el pariente que no debía quedarse demasiado tiempo.

-¿Qué le gustaba tanto de Bilbao como para querer vivir allí?
-Me encanta la gente. Me gusta su personalidad, es el tipo de personas de las que te puedes fiar con un apretón de manos, son muy leales. A ellos les gustaba mi edificio y eso me hacía sentir bien.

-¿Le gustaba la comida?
-Sí, entonces hasta gané peso... Me gusta el vino, el bacalao, el pacharán y me gustaba estar con ellos. Estoy deseando volver.

-Usted ha dicho que se tarda tanto en hacer estos edificios que para cuando se acaban ya no les gusta.
-Sí, he dicho eso, pero no es que ya no me gusten, es que para cuando se acaban ya he tenido otras ideas, he pensado en otras formas de resolverlo, y como son ideas nuevas parecen mejores. Cuando lo ves construido y sabes que lo podías haber hecho mejor no te sientes a la altura. Lleva un tiempo superarlo, paso por unas épocas terribles.

-¿Qué habría hecho distinto?
-No sé, ya no me acuerdo, no tiene importancia, porque realmente no es que sea mejor, sólo son ideas diferentes.

-La gente dice que es su obra maestra. ¿Lo siente así?
-Para mí es muy difícil decir algo así, es como preguntar cuál de tus hijos te gusta más.

-¿Se puede decir al menos que representa un antes y un después en su carrera?
-Eso lo dirán los historiadores. Para mí es continuo, tengo edificios que se relacionan con ése, algunos que ni siquiera se han construido, e ideas que se expresaron antes.

-Como Disney, que lo diseñó antes aunque se construyera después, y son familia.
-Bueno, eso es culpa de Bilbao, porque Disney Hall se diseñó en piedra y hubiera quedado mejor. En la piedra se refleja la luz por la noche y brilla, y como es una sala de conciertos pensé que debía verse bien de noche, y entre medias se construyó Bilbao en metal, y a mis clientes de aquí les gustó el metal y quisieron cambiarlo. Les dije que no, que no debían hacer eso, porque Bilbao es un museo que se usa durante el día, y el metal se ve bien durante el día, pero por la noche se vuelve negro y es muy difícil de iluminar, pero ellos lo querían en metal porque se ahorraban cinco millones de dólares.

Artistas amenazados
-¿Ve algunas similaridades con Abu Dhabi?
-Sólo que es Tom y es un Guggenheim, eso ya son muchas, pero es en el desierto y eso requiere una idea nueva. No puede ser como Bilbao.
-Justo cuando la gente le criticaba por repetirse, usted va y hace ese edificio en Nueva York que es un concepto totalmente diferente a todo lo que ha hecho.

¿Era una declaración de principios?
-Salió así. Yo nunca, nunca, me he repetido a mí mismo. Cualquiera que diga que me repito debería enseñarme un edifico que he repetido en otro.

-Algunos artistas se sienten amenazados por el museo, que puede ser una obra de arte más famosa que la suya.
-Pues sí, Richard Serra no pondría una escultura fuera.

-¿Porque no quiere competir con el edificio?
-Ése es su problema. Desde entonces dice que mi edificio es chatarra. ¿Lo ha leído? Los vascos deberían hacerle esto... (saca el dedo de en medio).

-¿Qué le pareció a usted cuando lo leyó?
-Me sentí herido, pero es típico de él, así que no me importa.

-¿Por qué cree que ha dicho eso?
-No lo sé. Supongo que si mi edificio es chatarra entonces sus hierros oxidados encajan perfectamente (sonrisa traviesa).

-¿Le gusta el uso que se ha hecho de esa gran sala donde han puesto sus esculturas?
-Queda bien.

-Cuando hace un edificio así, ¿está pensando en cómo se verán dentro las obras?
-Sí, totalmente, pero también trabajo con Tom, que es el experto, supuestamente. Él tiene sus opiniones sobre las galerías. Como la grande, en la que no estábamos de acuerdo. Yo quería poner dos muros y convertirla en tres galerías en vez de una enorme, como ha quedado, y él no me dejó.

-Es curioso, porque mucha gente ha pensado que es demasiado grande.
-Eso pensé yo también. Todavía sigo creyendo que la instalación de Richard Serra se vería mejor con esos dos muros. Traté de convencerle, pero a él tampoco le gustaba.

-¿Cómo quiere que se sienta la gente dentro de sus edificios?
-Quiero que se sientan bien, cómodos, de buen humor, estimulados, inspirados. Quiero que cuando vayan a escuchar un concierto el edificio les ayude a conectar con los músicos. En el caso de un museo quiero que sientan la conexión con la ciudad en la que está. Por eso en el Guggenheim hay una porosidad que lo abre a la ciudad, y cuando vas pasando por las obras de arte siempre ves Bilbao. Sabíamos que tendríamos gente de otras partes del mundo y queríamos que vivieran la ciudad. Usamos el arte y el edificio para conectar a la gente con Bilbao, y creo que lo conseguimos, porque la gente me habla continuamente de la ciudad, de la comida, de los vascos y de la relación que establecen.

-En cierto modo usted hizo por la ciudad algo que ya había hecho con su vida, superar sus inseguridades. Ahora finalmente se sienten bonitos.
-Sí pero ahora están haciendo el paseo de la ría demasiado bonito. Bueno, a lo mejor es la naturaleza humana.

-¿Qué habría hecho usted si le hubieran dejado?
-Les hice algunos estudios, ahora ya no me acuerdo. Pero las plantas, los jardines, las aceras, los arreglos de luz, todo lo que han puesto alrededor es un lenguaje corporal diferente a lo que yo hubiera hecho. Lo mío habría sido más Bilbao, más vasco. Ellos han creado la sensación de algo que viene de otro sitio. Creo que el Guggenheim no se podría construir en ninguna otra parte, pertenece a ese lugar. Tiene una materialidad y da una sensación que es la interpretación de los vascos y su cultura. Y creo que ellos han abandonado eso para poner citas de otros lugares. Eso me ha hecho sentir mal.

-¿Y si le ofrecieran hacer algo más, lo haría?
-Claro, de todos los sitios en los que me gustaría trabajar el primero es Bilbao, me encantaría hacer otro edificio allí.