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Kandinsky y sus amigos
Contemporaneidad

Kandisnsky siempre contemporáneo

Enrique Portocarrero-Bilbao

Formas caprichosas. (1944) de Vasili Kandinsky.

No es nueva la invocación a la permanente contemporaneidad de Kandinsky. De hecho, el propio entendimiento de su universo plástico, es decir, la comprensión de una constante experimentación de raíces románticas que aspiraba a la poesía pura, explica por sí sola el devenir estilístico de la pintura en el siglo XX. Y es que Kandinsky, más allá de su consagración como padre de la abstracción, se acercó a la pintura abandonando la tradición académica, formulando una nueva concepción del arte que se apoyaba más en los estados anímicos que en la asociación representativa y hasta suministrando unas claves que siguen siendo decisivas en la historia del arte de nuestro tiempo.
Es por todo ello que el estudio y la contemplación de la obra de Kandinsy, con toda su evolución cronológica y su acertada experimentación, ofrece un singular panorama de los orígenes de la abstracción, del diálogo con los maestros de la modernidad y, por supuesto, de la posterior decantación en corrientes unas veces imbuidas del automatismo psíquico, otras del arte primitivo y unas más de un equilibrio entre espontaneidad y reflexión.


Pintura con borde blanco. (1913), de Vasili Kandinsky

Está claro, pues, que la frase de Kandinsky «todos los medios son sagrados, si son interiormente necesarios», marcó un rumbo estilístico de vigencia incontestable. Algo bien visible, por otra parte, en aquellas muestras consagradas a Kandinsky, donde el montaje permite recorrer las distintas etapas de su personal indagación, una vez digeridas y sistematizadas las influencias impresionistas, simbolistas expresionistas y 'fauves', para invocar finalmente la realidad de su propio lenguaje plástico. Un lenguaje, claro, que se forja pasando por el inicial acento expresionista, por el alejamiento posterior de los elementos figurativos, por la elaboración doctrinal de su formidable teoría artística, por la asunción de una clásica pedagogía de la Bauhaus que se orientaba a la síntesis entre lo geométrico, lo arquitectónico y lo constructivo; o por una abstracción final a medio camino entre lo surrealizante y lo estructurado.

 


Una notable innovación artística, además, que está profusamente representada y documentada en los fondos de la Fundación Solomon R. Guggenheim, como consecuencia de la orientación inicial de la baronesa Hilla Rebay y el propio Guggenheim por ese llamado arte 'no objetivo'. Y un logrado acierto, también, porque una muestra de contexto sobre Kandinsky no sólo sirve como excelso ejemplo para continuar con la revisión de la colección permanente del Museo Guggenheim, sino también para explicar la totalidad de la colección y la totalidad del arte moderno y contemporáneo.
Enrique portocarrero

 




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