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El culto a la elegante comodidad
La muestra sobre
los 25 años de la trayectoria de Giorgio Armani combina
moda, escenografía y música
Iñaki
Esteban
La
gente con invitación ha colgado ya el vestido de noche
o el traje en el armario, Giorgio Armani y su sobrina Roberta
todo un descubrimiento hacen las maletas para abandonar
Bilbao, y el común de los espectadores podrá entrar
en el Guggenheim, a partir de hoy y con la ropa que quiera, para
ver la exposición sobre el modisto italiano.
En la presentación que tuvo lugar ayer en el museo, su
director, Juan Ignacio Vidarte, resaltó la vocación
del Guggenheim de «reflejar todas las manifestaciones de
la cultura contemporánea». Vidarte destacó
la confluencia en Armani de la «tradición de la
alta costura con las necesidades funcionales de la vida urbana».
Al acto asistieron Luis de León en representación
de Iberdrola, empresa patrocinadora de la muestra; Josu Bergara,
diputado general de Vizcaya; los comisarios Germano Celant y
Harold Koda; el escenógrafo Robert Wilson, y el compositor
Michael Galasso, que ha creado la banda sonora de la exposición.
Más que hablar, Wilson recitó su pequeño
discurso, con pausas incluidas. «Sin luz no hay espacio
y esto es algo que siempre tengo en cuenta, tanto para montar
una ópera de Philip Glass como una obra de Shakespeare»,
declamó.
Armani no estuvo en la presentación. La noche anterior
fue muy larga y terminó en una discoteca de Bilbao.
La mínima expresión
Ya en el tercer piso, Germano Celant explicó que se ha
cubierto el suelo con una moqueta de color gris, en un tono muy
característico de la ropa de Armani, para contrarrestar
el ruido de las pisadas de los espectadores e introducirles sensualmente
en el contenido de la muestra.
Lo primero con lo que se encontrará el visitante será
un vestido de novia negro, un tipo de atuendo que suele cerrar
los desfiles de moda. En la primera sala se muestran los clásicos
trajes de chaqueta que Armani ideó para la mujer profesional
de los años setenta. Al lado se exponen las prendas para
hombres, casi iguales e intercambiables con las anteriores, signos
de la ambigüedad entre lo masculino y lo femenino, y expresión
de su idea de que lo elegante no debe oponerse a la comodidad
que exige la vida diaria.
«El color se reduce a la mínima expresión,
se eliminan los elementos decorativos propios de la alta costura,
el corte es simple, con muy pocas líneas», incidió
Celant, que así justificaba la etiqueta minimalista que
generalmente se le coloca a Armani. La limpieza estética
del diseñador está inspirada, según el comisario,
en la sencillez indumentaria de los antiguos griegos.
A continuación se pasa a unas prendas femeninas de noche
en las que el modisto combina una parte superior parecida a una
camiseta con una falda larga de raso. Con ellas anula la distinción
entre «lo deportivo, que por primera vez alcanza la categoría
de moda, y lo elegante o aristocrático. Armani es un hijo
del pop que rompe las jerarquías y nivela la alta y la
baja cultura», explicó Celant. Al inicio de su carrera,
el diseñador quiso superar la informalidad de los hippies,
manteniendo la comodidad, y la rigidez conservadora de las prendas
elegantes de la época.
El comisario subrayó las mínimas alteraciones en
el corte de los diseños del modisto, pequeños cambios
que sin embargo producen una gran cantidad de variaciones en
el aspecto final de la ropa. «¿Cuántos tipos
de negro existen?», preguntó delante de un conjunto
de vestidos de noche. «Prácticamente infinitos.
Es siempre el mismo color y a su vez es siempre diferente»,
añadió para explicar la multiplicidad dentro de
una misma idea, patente en las colecciones del italiano.
En el fondo de la tercera planta se exhiben las escasas prendas
que Armani ha confeccionado en rojo. Luego vienen los vestidos
estampados con flores, de influencia latina, y las referencias
a los años treinta y cuarenta, un periodo que le gusta
por su cine y por la indumentaria que lucían sus estrellas,
como Vivian Leigh. «Pero él no cita esos vestidos
en sus diseños ni incorpora sus detalles. Más bien
los recuerda y sueña a partir de ellos».
Pasarela iluminada
Un pasillo con fotografías expresamente tomadas para la
muestra por destacados profesionales da paso a la última
colección de Armani. El recorrido continúa por
una sala dedicada a su estrecha relación con el cine,
presidida por una pantalla en la que se proyectan las películas
vestidas por el modisto. A los lados, se exhiben un traje de
Pedro Almodóvar, una falda de terciopelo negro de Joaquín
Cortés y otras prendas pertenecientes a importantes estrellas
de Hollywood.
Al salir se encuentra en semicírculo un gran muestrario
de la obra del diseñador a lo largo de sus veinticinco
años de carrera y finaliza el recorrido con una reconstrucción
de una pasarela iluminada por debajo un diseño que
Armani siempre utiliza en sus desfiles, sobre la que pasa
el espectador ante la atenta mirada de los maniquíes.
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