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Palazuelo y la geometría de la vida

Una muestra de 350 obras, algunas nunca antes expuestas, descubre en el Museo Guggenheim de Bilbao al gran artista abstracto español

J. A. GONZÁLEZ CARRERA Exposición de Palazuelo en el Guggenheim Bilbao
Pablo Palazuelo fue piloto de aviación en el bando sublevado durante la Guerra Civil española; de familia anglófila, interrumpió sus estudios de arquitectura en Oxford y decidió regresar a España al inicio de la contienda. Todavía tardaría una década en dedicarse al arte abstracto, particularmente a la pintura, pero las vistas desde el aire, las referencias visuales que podía encontrar sobre la superficie roturada de trigo y cebada, compartimentada y marcada hasta la saciedad de la Península Ibérica, están en el origen, inconsciente o no, de la visión geometrista de la naturaleza que domina en su extraña y fascinante obra.


Manuel J. Borja-Villel, director del Museo de Arte Contemporáneo de Barcelona (Macba) y co-comisario de la retrospectiva que el Guggenheim dedica desde ayer a uno de los artistas españoles más importantes de la segunda mitad del XX, apunta esta posibilidad para explicar la esencial, vitalista y poética visión de las cosas, y de las relaciones entre ellas, que parece encerrar la obra de Palazuelo.

Pigozzi se hizo con unas 500 fotos, la mayoría del tamaño de los clichés, obtenidas por contacto; sólo algunas fueron ampliadas. 300 de ellas forman parte esencial de la muestra '100% África' que el Guggenheim Bilbao, con el patrocinio de Seguros Bilbao, dedica desde hoy a una de las mejores colecciones de arte subsahariano.

José Rodríguez Espiteri, sobrino del nonagenario artista y presidente de la Fundación que lleva su nombre, no cree que Palazuelo esté muy de acuerdo con la comparación. Sin embargo, resulta bastante apropiada para afrontar la contemplación de un universo que, a primera vista, resulta incomprensible para el gran público, pero que encierra una estrategia, entre ordenada y caótica, similar a la de la vista aérea del paisaje: formas heterogéneas creadas a medias entre la naturaleza y los seres humanos, aparentemente repetidas e interrelacionadas.

Borja-Villel acude también a las fuentes del trabajo de Palazuelo, a la estructura íntima de las cosas que puede apreciarse a través del microscopio electrónico; un invento contemporáneo que ha influido en numerosos artistas del siglo XX. La obra de este artista, derivada de la abstracción apuntada por pioneros como Paul Klee, Vasily Kandinsky, Piet Mondrian y los constructivistas más contemporáneos, como Naum Gabo y Anton Pevsner, está además animada por las matemáticas, por la música, por los pensadores Mircea Eliade y Gaston Bachelard, y también por la filosofía y la caligrafía orientales

Las 'familias'

La muestra, que reúne 350 obras de todas las etapas creativas del gran artista madrileño -algunas nunca expuestas-, es una coproducción del Guggenheim Bilbao, en una de sus contadas iniciativas propias, con el Macba, centro donde ya se ha exhibido este invierno y que se ha encargado de la búsqueda y estudio de las piezas. La selección, que incluye esculturas y dibujos, está guiada por el afán de mostrar el trabajo de Palazuelo en su tensión creativa, un proceso en el que unas obras llevan a otras, formando «familias».

Los comisarios consideran que está probado el pionero trabajo 'performativo' (teatral) de la obra de Palazuelo, que llega a remitir incluso a la música y que se caracteriza por su «dinamismo». En suma, una abstracción «absolutamente personal» basada en la geometría, pero «no la geometría precisa a la que estamos acostumbrados», sino a la que subyace en todas las cosas, sean minerales, animales o vegetales.

Para Palazuelo, «todo es proceso, juego... La obra acabada no existe; queda abierta para que sea el espectador quien la complete», indica Borja-Villel, quien pone el acento en la «modernidad» que esto suponía en los años 50 y que queda perfectamente reflejado en la «más ambiciosa exposición» dedicada a un artista que inició su aventura abstracta a finales de los años 40 y que en la década siguiente fue en paralelo con el expresionismo norteamericano y el informalismo europeo, pero sin asociarse a nada.

Artista 'soltero'

Palazuelo coincidió en París, a finales de los años 40, con Eduardo Chillida. «De todos los artistas españoles allí presentes, es posiblemente el que le resultaba más cercano; de hecho, mantuvo su amistad», constata Borja-Villel. Compartió con el creador vasco un tiempo de estancia en el Colegio de España y «un interés común por determinada filosofía alemana». También tuvieron el mismo galerista, Aimée Maeght. «Pero Palazuelo es un artista soltero, en el sentido 'duchampiano' de la palabra, y de algún modo esto mismo ha protegido su obra».

Borja-Villel considera que cuando los artistas tienen éxito «se les hace muy difícil sobrevivir; ya que es más complicado decir que no que decir que sí». «En el caso de Palazuelo -asegura-, ese estar fuera de todo, de tendencias y modas, ha protegido mucho su trabajo; por eso, es consistente y coherente en su trayectoria desde el principio».

g.carrera@diario-elcorreo.com