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Bazar surrealista

Muebles, vestidos, joyas, pinturas y obras tridimensionales componen en el Guggenheim Bilbao la más completa muestra sobre el movimiento que plasmó el inconsciente en arte y diseño

J.A. GONZÁLEZ CARRERA Cosas del surrealismo
«El surrealismo soy yo; no me podéis echar», proclama Salvador Dalí en 1940, cuando el poeta André Breton, el purista 'pope' e ideólogo del movimiento surrealista, le expulsa del grupo por «abusar de las imágenes surreales» para ganar dinero; 'Avida dollars' (Ávido de dólares) llama al genial y controvertido artista español, que lleva unos meses apoteósicos en EE UU, con la sociedad consumista rendida a sus pies, mientras una nueva guerra se extiende por Europa.

Breton había proclamado en 1924 y en 1930, con los dos manifiestos del surrealismo, la preeminencia de un orden estético y existencial nuevo, basado en las teorías de Freud sobre el significado de los sueños y el análisis del inconsciente a través de formas de expresión automáticas o irreflexivas, tanto en literatura como en la música y el arte; incluso había pretendido ligar su causa con la del socialismo.

Pero su empeño era como ponerle puertas al campo. El caudal de imaginería era incontenible y su asociación con las artes aplicadas, lo mismo con el teatro, el cine, la moda, el diseño de muebles, joyería o publicidad, inevitable.

El Museo Guggenheim Bilbao abre hoy al público la mayor y más completa muestra sobre el cúmulo de relaciones que se establecieron con el surrealismo en estos campos; protagonizadas tanto por los principales artistas del movimiento, como René Magritte, Max Ernst, Jean Arp, Joan Miró, Salvador Dalí, Giorgio de Chirico, Yves Tanguy, Man Ray, Óscar Domínguez, André Masson, Eileen Agar e Isamu Noguchi, como por los más significados diseñadores asociados al movimiento, caso de la modista Elsa Schiaparelli, el decorador y diseñador de muebles Jean-Michel Frank y el arquitecto Frederick Kiesler.

La exposición se compone de más de 250 piezas provenientes de coleccionistas de todo el mundo; no en vano el surrealismo fue el último gran movimiento surgido en París; tan rupturista y atractivo, tan loco e hipnotizante, tan chic y tan popular al mismo tiempo, que su impulso y su influencia se repartieron a los cuatro vientos, como si hubiese estallado una bomba colosal en pleno París, cuya onda expansiva aún se siente hoy en día.

Universo

Nunca se había hecho una muestra tan completa sobre el universo del surrealismo; «creemos que puede ser una de las más importantes en la historia de este museo», aseguraba en la presentación el director general del centro, Juan Ignacio Vidarte. «Si André Breton y Louis Aragon vivieran se les pasaría el berrinche que agarraron; lo nuestro con este museo es más que un patrocinio; nos sentimos plenamente identificados con su forma libre y a veces arriesgada de hacer las cosas», proclamaba a su vez Javier Ayuso, director de comunicación del BBVA, entidad que financia la muestra.

La exposición, comisariada por Ghislaine Wood, conservadora del Victoria and Albert Museum está organizada por esta institución londinense dedicada a las artes decorativas y el diseño en coproducción con el Guggenheim Bilbao y el Museo Boijmans Van Beuningen, de Rotterdam; ha sido vista ya tanto en Inglaterra como en Holanda, con gran éxito de público. En Bilbao, la muestra ha sido adaptada a las galerías de la tercera planta del Guggenheim de acuerdo a una escenografía-mostrador del equipo de arquitectura Metaphore. El espectador es guiado a través de un mobiliario-muro envolvente plagado de escaparates y recovecos que transforman y unifican la precepción de galerías muy distintas.

«Me encanta además que la exposición se pueda presentar en España, de donde proceden algunos de los artistas más importantes del movimiento surrealista, como Dalí, Miró, y Óscar Domínguez», enfatizó Wood; la especialista dio a conocer cómo en Bilbao la muestra contará además con préstamos especiales de la Fundación Gala-Salvador Dalí, como el 'Busto de mujer retrospectivo', copia exacta hecha en 1970 del original de 1933, y el diaporama que despliega en tres dimensiones la asociación del rostro de la actriz Mae West con su propio apartamento que Dalí hace en 1934-35.

Dalí ha tenido la vista de procurarse una vía triunfal de entrada en EE UU al incluir en su trabajo guiños evidentes con algunos iconos de la cultura popular de EE UU como la popular actriz, conocida como el primer símbolo sexual de Hollywood. Su boca le inspira un sofá con la forma de los labios. De talante ingenioso y desvergonzado, no es difícil imaginarse en qué pensó Dalí cuando ideó el famoso mueble junto con su amigo y mecenas inglés el arquitecto Edward James.

El genio ampurdanés firma cerca de una treintena de piezas de la exposición; es con mucho el creador más representado, con cuadros como el tríptico 'Paisaje con muchacha saltando a la cuerda' y las dos pinturas como siluetas 'Pareja con la cabeza llena de nubes', todas prestadas por el museo Boijmans; también joyas, algunos vestidos, como el modelo esqueleto que crea con la mayor diseñadora surrealista, Elsa Schiaparelli, que viste a Gala.

Del canario Óscar Domínguez, inventor de las decalcomanías automáticas y de acción rápida, muy celebradas por Breton, la exposición incluye la famosa carretilla de madera perfectamente tapizada como una 'chaisse longe' con satén rojo; objeto clave en el que Man Ray, el artista norteamericano metido a surrealista en París, fotografía a una modelo tumbada en 1937.

La muestra está dividida en cinco secciones dedicadas a las creaciones de escenografia y vestuario de Miró, André Masson y Giorgio de Chirico para el ballet; las asociaciones de objetos muy ligada con el dadaísmo de Man Ray, Jean Arp, Marcel Jean y el propio Dalí; la visión irreal de la naturaleza que introducen Miró, Noguchi y Arshile Gorky; el uso del cuerpo humano, sobre todo el femenino, donde Dalí vuelve a brillar en sus joyas y aparece con otros en las páginas de 'Vogue', y los interiores plagados de imágenes ilusorias, con sus equipamientos; un género histórico al que los artistas y arquitectos surrealistas vuelven para ponerlo patas arriba.

g.carrera@diario-elcorreo.com