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El genio de la figura

El Guggenheim muestra la gran restrospectiva de Juan Muñoz, con más de 60 grupos de figuras, instalaciones, dibujos en tela de gabardina, escritos y obras radiofónicas

 

LA MUESTRA: Juan Muñoz, restrospectivas

Lugar:
Museo Guggenheim Bilbao.

Fechas: hasta el 5 de octubre. Horario: martes a domingo, de 10 a 20 horas; en julio y agosto abre también los lunes.

Entrada: 12,50 E (bonificaciones jubilados, estudiantes y grupos; gratis menores de 12 acompañados).

Conferencia-debate: Adrian Searle, crítico-jefe de 'The Guardian', profesor del Royal College, y Lynne Cooke, conservadora-jefe del Museo Reina Sofía: dos visiones sobre Juan Muñoz.Auditorio, mañana, 28, 19 horas; entrada gratis (taquilla de amigos).

J.A. GONZÁLEZ CARRERA
«Para mí, lo que ves no es lo que parece», dejó dicho Juan Muñoz, el gran artista español muerto en el verano de 2001 con sólo 48 años, al que el Guggenheim de Bilbao dedica la más completa exposición organizada nunca sobre él. Lo decía en referencia a unas piezas sonoras pensadas para la radio, en las que, para referirse a la incomunicación entre las personas, intentaba contar unos juegos de cartas sin que el receptor pudiera ver carta alguna; pero sirve también para intentar indagar en sus famosas instalaciones arquitectónicas con figuras que hablan de la soledad y la inquietud humana ante el paso del tiempo, donde el mayor misterio es el presente, lo que creemos que vivimos y lo más inaprensible de todo.

Mientras tanto, del pasado y del futuro se puede hablar, como los grupos de figuras de Muñoz, que hablan, lloran o ríen, retratados de manera repetitiva pero con distintos ademanes, tanto en resina y telas pobres como en bronce; pillados como 'in fraganti', Muñoz les quita el color de la vida para demostrar que dicen algo.

«Juan fue un artista muy diferente entre los de su generación; aportó una visión nueva a la escultura internacional, cuando el empleo de la figura humana y la narración en el arte eran anatema. El era un gran escrtitor y un gran contador», sitúo al recordado creador Sheena Wagstaff, conservadora jefe la Tate Modern y comisaria de una exposición que en Londres, en apenas tres meses, ha recibido 95.000 visitantes, «casi el doble de los que solemos tener».

Londres-Madrid

En el Guggenheim Bilbao, que cuenta en su colección con una obra del artista -'Sombra y boca', de 1996-, estará cuatro meses, antes de ir a la Fundación Serralbes, de Oporto, y al Reina Sofía, de Madrid. Y es que el artista madrileño fue también bastante londinense; allí fue pronto a estudiar arte; allí conoció a la que sería su mujer, la escultora vasca Cristina Iglesias, y allí creó buena parte de su obra. Para la Tate ideó la instalación más grande y compleja de su carrera, 'Doble Bind', una obra pensada para la sala de turbinas de la antigua central; la muerte le sorprendió cuando ultimaba la exposición.

La pieza, que pertenece a sus herederos, no ha vuelto a ser montada; «cuando se haga deberá ser para bastante tiempo, dada su complejidad», opinaba Wagstaff, que ha contado en esta ocasión con Carmen Giménez, gran conocedora de la obra de Muñoz y del juego espacial creado por Gehry en el Guggenheim. La muestra será distinta en cada lugar, porque las figuras de Juan Muñoz «se hacen cargo de cada espacio»; recoge desde sus primeros y misteriosos balcones colgados y su mítica 'Tierra baldía', donde un hombre cabezón sentado en altura observa un 'mareante' campo de baldosas simuladas en algo parecido al 'sintasol'; pasa por múltiples instalaciones y los primeros conjuntos de figuras planteadas como muñecos tentetiesos, y acaba en un grupo de cien chinos risueños que se reúnen en corrillos, como decenas de hombres hacían antes cada lunes en bastantes ciudades españolas, ávidos de comentar la jornada de Liga.

Entre sus influencias, el autor teatral Luigi Pirandello y probablemente Rodin, lejano padre de la escultura moderna, lo mismo que obras concretas como la acuarela de un árabe en cuclillas obra del renacentista Gentile Bellini o el de una mítica vedette francesa del XIX retratada por Degas, que era capaz de mantenerse colgada en el aire mordiendo el cabo de una cuerda. Muñoz le hace un homenaje en bronce por todo lo que significa acerca del apego humano a la vida. Tres conjuntos de figuras que se ríen sin parar las unas de las otras colocadas junto a la entrada anticipan el universo interior.

g.carrera@diario-elcorreo.com