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Alemania y el peso de la memoria

Beuys, Richter, Kiefer y Darboven hacen inventario del pasado reciente de su país en una muestra en el Guggenheim Bilbao

Exposición mixta de arte alemán

J.A. GONZÁLEZ CARRERA
Joseph Beuys (Krefeld, 1921-Düsseldorf, 1986), pionero alemán del arte en vivo y maestro de las prácticas conceptuales, era piloto de la Luftwafe cuando fue derribado sobre la península de Crimea. Corría 1943. Unos lugareños le protegieron del frío y le curaron de sus heridas con piezas de fieltro y grasa animal. A su vez, Gerhard Richter, el gran pintor de Dresde (1932), vivió de niño la época del nazismo y de adolescente el régimen comunista en la parte oriental del país, antes de trasladarse a la República Federal a principios de los 60.

Más jóvenes que ellos, Hanne Darboven (Múnich, 1941) y Anselm Kiefer (Donaueschingen, 1945) nacían en aquella misma Alemania estremecida por la guerra. Los cuatro, como otros artistas germanos, han saldado cuentas con el pasado reciente de su país

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Los múltiples de Beuys
El Guggenheim Bilbao abre al público una exposición mixta, de fondos de los museos Guggenheim y también ajenos, que reúne algunos de los principales trabajos de estos cuatro artistas, ligados aquí por el afán de documentar el transcurso del tiempo con una perspectiva personal y política, detalló la comisaria de la muestra, Tracey R. Bashkoff, conservadora del Guggenheim de Nueva York.

En Beuys reinan el poder de evocación de las cosas, a menudo objetos de desecho reunidos en vitrinas (un simple trozo de fieltro, grasa animal en una lata, un tintero, un frasco de caldo de carne Maggi o la "Crítica de la razón pura", de Kant...) y la elocuencia contenida de las formas y las texturas, como sucede en la obra de la colección del Guggenheim Bilbao "Rayo iluminando un venado", referida a la fragilidad del mundo animal.

Hacía tiempo que el museo no mostraba esta obra principal de su colección en la que Beuys trabajó de 1958 a 1985, y que le sirvió de base para otras obras e ideas. Está reforzada en su nueva presentación por otras dos piezas del artista, dos mesas con útiles de trabajo que evocan la presencia de otros animales.

Pero lo principal que está acompañada por un despliegue de 570 de las casi 600 obras multiples que realizó el artista, interesado en la democratización del arte; objetos encontrados o creados, como cartas postales de sus "performances" y grabados que llenan tres salas enteras, y que han sido prestadas por la Fundación Broad (EE UU).

Kiefer vuelve a ocupar la galería dedicada al que es el mayor conjunto de un solo artista en la colección: cuadros enormes de raigambre expresionista realizados con pintura, emulsiones y materiales orgánicos, como plantas y frutos secos, y formas en plomo, como la escultura que simula un ala y parte del fuselaje de un caza de combate que hace a la vez de relicario que encierra una larga mata de pelo negro que sale por una tobera.

Con Richter y Darboven, el inventario alcanza niveles monumentales. Dos obras ingentes de ambos han encontrado acomodo en sendas salas: Richter con una selección de su "Atlas", una obra secuencial propiedad del Lenbachhaus de Múnich, que inició en los 60 y en la que confronta con textos y fotos familiares, de personajes ilustres y de prensa la normalidad de una vida común con imágenes del Holocausto e imágenes pornográficas.

Darboven, en un encargo para el Deustsche Guggenheim Berlín, hace inventario de la última década del XX en 9.720 cuartillas rotuladas a mano con el calendario gregoriano y anotaciones de hechos diversos. Están enmarcadas como un cuadro de Picasso de 1955y estampadas en paredes altísimas, lo que da a todo un aire de mausoleo. En su calles se alternan copias de cuadros y esculturas de Picasso, incluso un busto del artista más famoso del siglo XX, retratado incluso por unos escultores polacos como los emperadores romanos.

g.carrera@diario-elcorreo.com