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Arte de andar por casa

El Guggenheim muestra cuatro instalaciones que invitan al visitante a no quedarse quieto frente a las obras y a meterse dentro de ellas

IÑAKI ESTEBAN

LA MUESTRA

Lugar:
Museo Guggenheim, galería 105.

Fechas: Hasta el 11 de enero de 2009.

Proyecto Tiravanija: Abierto hasta el 31 de mayo. Consultar página web del museo.

LOS ARTISTAS

Rikrit Tirvanijar:
Nacido en Buenos Aires en 1961 y educado en Tailandia. Trabaja en la interacción entre el público y la obra.

Matthew Ritchie: Londinense de 1964, juega con un código de su invención.

Javier Pérez: Nacido en Bilbao en 1968, se fija en la relación entre el interior y el exterior de la persona.

David Altmejd: Nacido en Montreal en 1974, trabaja con las ideas de energía, transformación y regeneración. 'El problema de la jerarquía' (2003).

Hasta la cocina. La casa está abierta. Ni siquiera tiene puertas. Así es la invitación del artista Rirkrit Tiravanija, que ha convertido una sala del museo Guggenheim en una vivienda con sus sillones, su pequeña sala y su estructura: sin paredes, transparente para todos.

La obra de Tiravanija, argentino de origen tailandés, se integra en la exposición de instalaciones artísticas que se inauguró ayer, y en la que también se pueden ver obras del creador vasco Javier Pérez, del británico Matthew Ritchie y del canadiense David Altmejd.

La inquietante máscara de Pérez se sitúa frente un vestido de seda blanco e iluminado, encerradas las dos cosas al lado de otra habitación, en la que muestran los pájaros disecados de Altmejd dentro de un ambiente de película de terror. Fuera, los símbolos de Ritchie, un lenguaje inventado por el propio artista y formado por un código de 49 elementos, que se despliegan sobre el suelo, las paredes y también atrapados en el marco de los cuadros.

Las obras pertenecen a las colecciones Guggenheim de Bilbao y Nueva York y la muestra está comisariada por Nat Trotman, conservador de la fundación neoyorquina. Trotman, acompañado del director general del museo, Juan Ignacio Vidarte, delineó la historia de este género artístico, el de las instalaciones, predominante en el arte más reciente junto al videoarte y la fotografía.

Todo empezó en aquel Café Voltaire de Zúrich en el que los dadaístas liderados Tristan Tzara montaban sus espectáculos del absurdo para dinamitar las convenciones del arte. El comisario citó luego a los surrealistas, los herederos de Dadá, y mencionó los diseños de Dalí, que se pueden ver en la otra muestra del museo, 'Cosas del surrealismo'.

Plantas y sofás

Por último, en años los sesenta reverdeció el legado rebelde de los dadaístas por medio de las performances, actuaciones de las que luego quedaba una huella material, las instalaciones, los objetos que habían rodeado a los artistas mientras actuaban. Joseph Beuys, bien representado en las colecciones Guggenheim, encarna esta veta del arte, a la que se añade según Trotman la de Richard Serra, muy presente en el museo de Bilbao con sus enormes esculturas, con su énfasis en que la gente recorra las obras y los espacios que ellas generan.

Esta es la invitación de Tiravanija, la de andar y sentarse dentro y fuera de su instalación. El artista se ha inspirado en la casa que el vienés Rudolf M. Schindler construyó en West Hollywood entre 1921 y 1922. Le ha cambiado la madera y el cemento por el cromo y el acero, que se conectan con las plantas y los sofás del exterior. Sentarse para ver una de las piezas de videoarte que emiten las dos pantallas de la instalación, o meterse por los recovecos de la casa no sólo está permitido, sino recomendado.

Hombres-lobo

Según anunció Vidarte, mientras dure la exposición este espacio será utilizado por 2.300 asociaciones de mujeres, inmigrantes, tercera edad, ocio, medio ambiente, musicales, etc. para sus actividades. El Guggenheim mantiene el plazo abierto hasta el 31 de mayo para todas aquellas agrupaciones que quieran usarlo.

En la sala contigua se despliega la obra de Ritchie, más intelectual que la anterior, aunque también haya que pasear por ella. En la instalación se dan cita las teorías sobre el universo, la historia y la religión. Con sus colores y símbolos quiere, según el artista, provocar la reflexión del espectador sobre el hecho de que el ser humano no percibe un 95% de lo que ocurre a su alrededor.

En los cuartos oscuros se muestra la creación de Javier Pérez 'Máscara de seducción', compuesta por una careta confeccionada con piel y crin de caballo, por un vestido de seda y por un texto que detalla el apareamiento de la mantis religiosa. Es el juego seductor, la máscara y la delicadeza que todos escenificamos y que al final termina revelando nuestra identidad.

El montrealés David Altmejd, que representó a Canadá en la pasada Bienal de Venecia, utiliza una maqueta arquitectónica para situar su teatro de espejos, sus animales disecados y sus esqueletos de hombres-lobo junto a flores de plástico. «Su mensaje es optimista, ya que cree que de ese ambiente de horror nace la belleza, y de la descomposición, el renacimiento», explicó Trotman.

i.esteban@diario-elcorreo.com