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Los clásicos visitan el Guggenheim

El museo reúne 20 obras maestras de la principal pinacoteca
de Viena para recorrer el arte desde Egipto hasta la Edad Moderna

LA MUESTRA: 'Todas las historias del arte'

Lugar:
Museo Guggenheim.

Fechas: Hasta el 18 de enero de 2009.

IÑAKI ESTEBAN

La primera obra de la exposición, un retrato de la infanta María Teresa firmado por Velázquez, presagia un recorrido por la franja dorada del arte; un presentimiento pronto reforzado al mirar a derecha e izquierda, a las figuras egicpias y griegas. No ha terminado aún la sala de acogida, en la tercera planta del Guggenheim , y parece como si la cantidad de belle za ya fuera suficiente. En realidad, el festín acaba de empezar y se podrá disfrutar de él hasta el próximo 18 de enero.

Titulada "Todas las historias del ar te", y con el patrocinio de Iberdrola, la exposición que se inauguró ayer reúne unas doscientas obras del Kunsthistorisches Mu seum de Viena, un centro artístico con tres millones de piezas de primera clase, reflejo de la opulenta dinastía de los Austrias. Francisco Calvo Serraller, catedrático de la Complutense de Madrid, y Carmen Giménez, conservadora de la Fundación Gu ggenheim de Nueva York, se han en cargado de la selección de las obras y de su disposición en el monu mental edificio de Gehry, no siempre acogedor para los menudos retablos de los flamencos.

El privilegio reside en poder contemplar en una sala grande un número reducido de obras maestras -de 15 a 20 cuadros-, que gozan de mucho espacio para respirar y que puedan gozarse sin agobios. La muestra no ahoga y se ve con facilidad gracias a una distribución muy clara y clásica por géneros: el retrato, la pintura histórica y relgiosa, el desnudo, las costumbres, los bodegones y el paisaje.

Según Calvo Serraller, la exposición también quiere superar las rígidas barreras entre el arte "superior", la pintura y la escultura, y el "inferior", la artesanía de joyas, utensilios para comer y beber, yelmos, armaduras, cofres y otros ejemplos de la "industria". Sin embargo, es tan apabullante en cantidad, calidad y fuerza la presencia de cuadros y efigies que el gran arte empequeñece al supuestamente menor. El director general del Guggenheim , Juan Ignacio Vidarte, enmarcó la muestra dentro del programa habitual del museo, que no se limita a los siglos XX y XXI, aunque se centre en ellos.

La sección del retrato se inicia con Velázquez y viaja a la Antigüedad de Egipto, Grecia y Roma. Hasta el siglo XVI, los pintores retrataban a las figuras emblemáticas del poder, ya fuera de la corte o la Iglesia, que aspiraban a inmortalizarse a través de su imagen. A partir de esa época, los primeros burgueses empiezan a rivalizar con aristócratas y arzobispos a la hora de contratar a los artistas, y el foco se mueve también hacia ellos y hacia otros per so najes, como escritores e intelectuales; los nuevos ejemplos morales de quienes los pintores expresan su carácter y psicología más que su papel social.
El mito y el desnudo.

En la tercera planta del Guggenheim se cuelgan retratos de Hans Holbein -la tercera mujer de Enrique VIII, Juana Seymour-, de Michael Sittow -la primera esposa del monarca inglés, Catalina de Aragón-, de Tiziano, Tintoretto y Ru bens. Además de obras que nunca antes habían salido de Austria, hay sorpresas como el autorretrato de Sofonisba Anguissola, una pintora italiana del XVI ninguneada por la historia del arte y que ahora está siendo reivindicada por las estudiosas feministas.

Flamencos intimistas y retorcidos e italianos luminosos y propocionados van trenzándose en esta exposición, que tiene en la pintura histórica su siguiente parada. Al lado o dentro de ella surgen los rotundos desnudos de "Venus después del baño", de Juan de Bolonia, y de "Marte, Venus y Cupido" de Tiziano, hombres y mujeres que exhiben sus encantos con la excusa de que son personajes mitológicos, pues si hubieran sido "reales" los veladores de la moral políti cos y religiosos no lo habrían permitido.

Después de los bodegones de Arcimboldo y Brueghel el Viejo, llegan los paisajes, algunos que recuerdan la amistosa coexistencia de los animales en el paraíso, como el del flamenco del siglo XVII Roelant Savery, y otras estampas idealizadas de Inglaterra como las de Thomas Gainsborough.
Todas son historias del arte salidas de un museo, el de Viena, que se ha acercado a Bilbao con una selección de sus fondos cuya calidad tardará en volver a verse en la ciudad. No es cuestión de perdérselo.
i.esteban@diario-elcorreo.com