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Rauschenberg eleva la basura a la cima del arteRodeo Olympics Glut

El Guggenheim celebra la genialidad y el humor del gran artista del reciclaje

 

IÑAKI ESTEBAN

LA MUESTRA: 'Gluts'

Fechas:
Hasta el 12 de septiembre.

El recorrido: Sesenta obras con mucho espacio entre sí y muy aptas para una arquitectura como la del Guggenheim.

La serie : Al tener las piezas el mismo concepto, la muestra permite profundizar sin agobios en un aspecto fundamental de Rauschenberg, el reciclaje.

Los títulos: Si se hubieran traducido al castellano, quienes no sepan inglés entenderían mejor la exposición y el humor del artista.

Vuelve al Guggenheim el gran Robert Rauschenberg capaz de transformar en arte la chatarra, los desperdicios de la sociedad de consumo, los letreros inservibles, los anuncios caducos. Las sesenta esculturas de su serie 'Gluts' (Excesos), que desde hoy y hasta el 12 de septiembre se pueden ver en el museo, condensan su actitud artística, la práctica de que cualquier material sirve por 'innoble' que sea, así como su insaciable curiosidad y la crítica de su realidad inmediata.

Como explicó la comisaria de la exposición, Susan Davidson, el artista estadounidense (Port Arthur, Texas, 1925) trabajaba siempre en series, y la que ahora se expone surgió a mediados de los ochenta, cuando viajaba por las tierras texanas y vio las consecuencias del exceso en las reservas de petróleo: la caída de los precios y el cierre de numerosos negocios, que fueron tomando el aspecto de ruinas. Por eso un sector de la crítica ha percibido en estas esculturas una apariencia fantasmal, como la de las poblaciones que se abandonan y se quedan sin gente, aunque Davidson prefirió destacar el entusiasmo de Rauschenberg por los desperdicios y el optimismo acerca de su valor.

El artista, fallecido en mayo de 2008, subrayó el aspecto crítico de 'Gluts' cuando expuso por primera vez las esculturas en la galería de Leo Castelli en el Soho de Nueva York, en 1986. «Es tiempo de excesos. La codicia es desenfrenada. Tan sólo la expongo, tratando de que la gente abra los ojos», declaró entonces.

La opulencia derivada del petróleo se había desvanecido y había dejado un paisaje de espectros salpicado de gasolineras cerradas, automóviles abandonados y barriles oxidados. Pero además de esta nota social él tenía una afición por los desechos que venía de muy lejos, de la época de los 'combines', en la que introdujo en el espacio del lienzo cabezas de animales disecados, neumáticos y botellas de Coca-Cola (antes que Andy Warhol), por lo que se le consideró un pionero del arte pop.

La belleza está en el suelo
El artista, que tenía un estudio enorme en la isla Captiva, cerca de la costa de Florida, solía ir a un desguace y cargaba su descapotable con las chapas más variadas. Rauschenberg se entusiasmaba viéndolas y admirándolas, según muestran las fotografías del catálogo, un aspecto en el que también incidió la comisaria de la muestra. Como dijo uno de sus grandes amigos, el músico John Cage, en referencia a su pasión por los objetos más ordinarios y cotidianos, «la belleza está ahora en el suelo para quien se tome la molestia de descubrirla». A lo que él añadía: «Es una pena que la gente piense que los platos, espejos o botellas son feos, porque vivimos con ellos todos los días». El arte no se podía desprender de la inspiración de la calle y de la vida.

El director general del Guggenheim, Juan Ignacio Vidarte, recordó que el museo reservó para Rauschenberg la primera muestra individual que organizaba, en 1998, justo después de la exposición inaugural, a la que el artista también asistió. «En esta ocasión le queremos rendir un homenaje póstumo», añadió.

Davidson, que ha compartido el comisariado con David White, conservador de los fondos de la familia Rauschenberg, explicó que la exhibición se ha organizado mediante un criterio visual, no cronológico, de modo que las obras aparecen agrupadas por su parecido o por su color. Quien aún se acuerde de la exposición de 1998 tendrá la sensación de que ésta es menor, en cantidad y en calidad, si bien las piezas están distribuidas con mucho espacio entre ellas y, en conjunto, la muestra se recorre con facilidad, interés y placer, con el mismo buen humor con el que Rauschenberg hizo esta serie.

La comisaria aludió, en repetidas ocasiones, al toque humorístico que desprenden estas obras del estadounidense y que se desvela en sus títulos. La pena es que sólo están escritos en inglés, sin traducción ni en las etiquetas de la sala ni en el catálogo, y así quien no tenga una conocimiento medio de la lengua inglesa puede perderse parte de la gracia de la exposición.

Como explicó David White, el creador estadounidense -de sangre alemana y cherokee-, iba sin ideas preconcebidas al estudio y trabajaba para que de sus manos surgieran las combinaciones de los materiales de desecho, que casi nunca pintaba o arreglaba: el proceso creativo consistía en mezclar partes de distinta procedencia para crear algo nuevo y misterioso.

Espacio colorista
La muestra se desarrolla en la tercera planta del Guggenheim y empieza con un conjunto de obras cuyo material procede de señales de autopista, letreros con nombres de calles, etc., unas piezas que aluden al sentido de la dirección. En la siguiente sala predominan las esculturas blancas, un momento de sosiego antes de entrar a un espacio colorista y bullicioso en el que se encuentra una de las pocas composiciones en que se percibe la huella de su brocha, 'Rodeo Olympics Glut'.

Después de atravesar un pasillo con fotos y textos sobre la vida y la trayectoria de Rauschenberg, se llega a la sala en la que se exhibe una de las obras más significativas de la muestra, 'Primary Mobiloid Glut', compuesta por los restos de una bicicleta, un trozo de escalera y una tubería. En ella se desvela el homenaje del artista a Marcel Duchamp, creador dadaísta y sin el cual no podrían entenderse las corrientes conceptualistas de la actualidad. Duchamp asimismo utilizó una rueda de bicicleta, que puso encima de una silla para presentar su primer 'ready-made' en 1913, obras de arte hechas con objetos encontrados y también con mucho humor, como las del propio Rauschenberg.

La muestra termina con una sala en la que predominan las piezas de color gris metálico, como las que usó para la escenografía de una de las obras de su amiga la coreógrafa Trisha Brown. En todo el recorrido se revela la pasión por el reciclaje del artista, que la comisaria interpretó en clave ecológica, aunque no dejó claro si Rauschenberg tuvo esa intención o si trata de un significado posterior y según los valores del momento actual. La serie 'Gluts' proclama en todo caso la alegría de reutilizar las cosas, de mirar los desperdicios con los ojos abiertos, con una mirada estética y crítica que sabe cómo transformar la basura en diamantes, y que, como dijo el comisario David Smith, no prejuzga si un material es más noble que otro para llevarlo al terreno del arte.