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DOSSIER 1997

¿Cuánto cuesta un 'Salle'?

IÑAKI ESTEBAN. BILBAO

'Some Came Running', 1990-91.
Si alguno se acerca a la exposición de David Salle en el Guggenheim, se encapricha con algún cuadro y desea colocar algo parecido y con la misma firma en la salita de su casa, que llame a un tal Larry Gagosian en Nueva York (su galerista) y vaya preparando unos 40.000 dólares, es decir, unos siete millones de pesetas al cambio actual.

El precio siempre es un síntoma, y uno de los más reveladores, por cierto. David Salle, un artista que se benefició como nadie de la moda del arte en los ochenta, no está de moda. Tuvo su reinado indiscutible en esa década, junto a su compañero de curso Eric Fischl, Julian Schnabel y Jean-Michel Basquiat. Los cuatro representaban la vuelta a la pintura, al expresionismo, el rechazo de la austeridad conceptual y la victoria del yo del artista, muchas veces embarcado en un egotrip de considerable recorrido.

Todo eso ha pasado y la otra facción que ya sacaba el cuello en los ochenta ­Cindy Sherman, Jeff Koons...­, justo la que representaba un arte despojado de la pretensión de originalidad individual, ha vencido al menos de momento, porque el mundo del arte da muchas vueltas y quién sabe si la opción que Salle encarna volverá otra vez (como van y vuelven los cortes de chaqueta).
Pero vayamos al ejemplo: la subasta que se celebró en Christie´s de Nueva York en noviembre de 1998. Una foto de Sherman con el anodino pero elocuente título de Nº 216 se vendió por 96.000 mil dólares, quince millones y medio de pesetas. Y un no menos anodino muñeco con forma de oso, titulado Amore y recogido por Jeff Koons en un todoacien de los que tanto le gustan, subió hasta los 134.500 dólares, nada menos que ventiún millones y medio.

'An Agreement', 1984.
En la misma sesión se pujó por un salle justo hasta los 34,500 dólares, cinco millones y medio de pesetas, y por cierto se lo llevó el mismísimo Larry Gagosian. También en noviembre de 1998, Sotheby´s de Nueva York vendió un cuadro de 203 x 129 cm., con una estimación de 35.000-45.000 dólares, por 32.200, es decir por debajo del precio de salida. Un inmenso mural valorado por esta casa de subastas entre 70.000 y 90.000 dólares se quedó sin nuevo dueño. Las últimas ventas en Sotheby´s, en noviembre del pasado, arrojan estas cifras: una obra fechada en 1981, de 182 x 228 cm., estimada en 30.000-40.000 dólares, se adjudicó por 37.775; y otra del 83, con unas dimensiones de 157 x 111 cm. y un precio valorado entre los 40.000-60.000 dólares, llegó a venderse por 68.500, casi once millones de pesetas.

Hombre, no está mal. Pero nada comparable a las expectativas que generó en los ochenta, donde él y Schnabel ­curiosamente representados en Europa por Bruno Bischofberger, ese gran amigo del director de la Fundación Guggenheim, Thomas Krens­, constituían las esperanzas más firmes de los inversores.

Cosas de la vida, aquel David Salle provocador y vocacional pornógrafo se ha convertido en un artista importante, en un artista de museo, en ya un trozo inevitable de historia pero con pocos seguidores, en un artista incómodo para los críticos porque su arte no se lleva y se ve de soslayo. Su cotización se mantendrá precisamente por esa razón, porque está y estará en los libros y en los museos, y porque, digámoslo claro, queda mejor un salle en la salita de casa que los letreros luminosos de Jenny Holzer. Y, además, cuesta menos.

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