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DOSSIER 1997

¿Cuánto cuesta un 'Clemente'?

 

IÑAKI ESTEBAN . BILBAO

'Meditación: Trigonometría', 1993.
Si para comprar un cuadro de David Salle, pintor que actualmente expone en el Guggenheim, bastaba con fundirse los ahorros o con pedir un crédito personal, para poner un clemente en la salita habrá que hipotecar ésta, el dormitorio principal y el cuarto de los niños, pobrecitos, qué culpa tendrán ellos.

Es cierto que el próximo 23 de febrero se subastará en Sotheby's de Nueva York un cuadro del italiano, titulado Ettaloim (My Milk) y de unas dimensiones de 186 por 149 cm., con un precio de salida de 8.000 a 10.000 dólares, entre 1.360.000 y 1.700.000 pesetas al costoso cambio actual. Pero la cifra es engañosa y aun siendo de las etapas mejor valoradas del artista ­está datada en 1981­ debe de tratarse de una obra menor, porque la cifra es inusualmente baja.

Vayamos a la última subasta en el Sotheby's londinense de arte contemporáneo, celebrada el 10 de diciembre de1999. Una obra grande, muy grande, de 3 metros y medio de alto por cuatro y medio de ancho, se vendió por 47.700 libras esterlinas, unos trece millones de pesetas, una buena cantidad aunque por debajo del precio de salida, estimado en un mínimo de 50.000 libras. El cuadro, eso sí, es de los buenos. Se titula Ricordo, fechado en 1983, y se ha exhibido en importantes museos de Estados Unidos.

'Mañana', 1982.
En la misma casa aunque esta vez en Manhattan, el 18 de noviembre de 1999 se pujó por una acuarela de Clemente ­264 por 114 cm. y pintada en 1982­ hasta los 96.000 dólares, más de 16 de millones de pesetas, algo más de la cantidad de salida. El precio de un clemente que realmente merezca la pena y que sirva como buena inversión anda por ahí, millón arriba, millón abajo. Ahora bien si uno se conforma con un pequeño Autoritratto del pintor de Nápoles, le valdrá con aflojar un millón y medio de pesetas, precio de venta en la subasta de Sotheby´s celebrada el 10 de diciembre de 1998 por esa obra procedente de la galería Bruno Bischofberger, un nombre que se repite en el Guggenheim, por qué será.

Clemente es uno de los artistas más valorados de su corriente, aquella que comenzó a triunfar a principios de los años ochenta y que reivindicó la pintura figurativa. Comparado con Salle, también de su generación y de la misma tendencia, pese a sus muy distintas sensibilidaes, está por el doble de precio. A sus compañeros italianos de la transvanguardia ­Sandro Chia o Mimmo Paladino­ también les dobla o casi. Lo mismo le sucede respecto a colegas neoyorquinos como Julian Schnabel, al que el mercado aprecia mucho menos que el museo de Bilbao, su segunda casa, como si dijéramos, a tenor de la frecuencia con que se expone su obra. De los neofigurativosvictoriosos en los ochenta, y hoy en una suave decadencia, sólo le ganan Jean-Michel Basquiat y Miquel Barceló.

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