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DOSSIER 1997

Viaje sin retorno

Francesco Clemente ofrece un intenso recorrido alrededor de su obra, realizada con materiales como el gouche, el pastel y óleo, que se alían delante del espectador dentro de una visión mística y esotérica de la vida. (Del 14 de febrero al 4 de junio).

ALICIA FERNANDEZ. BILBAO

'Tijeras y mariposas', 1999.
Óleo sobre lienzo, 231x233 cm.
Tras presentarse en la sede del Museo Guggenheim en la Quinta Avenida de Nueva York llega a Bilbao la exposición retrospectiva del pintor Francesco Clemente, una de las figuras más conocidas de la transvanguardia, practicante del neoexpresionismo, la figuración y el pensamiento místico oriental. La muestra, que se inaugura el próximo 14 de febrero, permanecerá abierta al público hasta el 4 de junio.

Nacido en Nápoles, en 1952, Francesco Clemente es un pintor joven pero con una fructífera producción reconocida internacionalmente desde su presencia en la Bienal de Venecia de 1980. A partir de ese momento buena parte de su obra se ha mostrado en ocasiones anteriores, aunque de un modo fragmentario y según las diferentes técnicas empleadas. En 1984 la Nationalgalerie de Berlín presentó un conjunto amplio de sus pasteles; en 1987 la Fundación Caja de Pensiones de Madrid enseñó frescos y el Museum für Gegenwartskunst de Basilea acuarelas y dibujos; ya en 1990 el Philadelphia Museum of Art organizó una extensa monográfica con sus obras sobre papel.

En este sentido, conviene destacar el intento de la actual exposición en el Guggenheim por reunir el corpus completo de la obra de Clemente junto a la presentación de obras significativas que marcan y definen la evolución del pintor. Algo que Lisa Denison, comisaria de la muestra, subdirectora y conservadora jefa del Solomon R. Guggenheim Museum, ha tenido muy en cuenta a la hora de seleccionar las cerca de 150 piezas que componen el recorrido.

Es más, fiel a la particular personalidad del artista y a su existencia migratoria ­repartida entre Italia, la India, Estados Unidos y últimamente el desierto de Nuevo México­, Denison no ha ordenado cronológicamente el conjunto sino que ha optado por un discurso evolutivo organizado entorno a las distintas referencias temáticas que articulan el singular lenguaje plástico de Clemente: la metafísica, la numerología, la mitología y la astrología, entre otras. De esta forma para Lisa Denison «la exposición es más un viaje que una visión general de toda su carrera».

'Sin título', 1983.
Metamorfosis creativa
A ese planteamiento temático responden los ocho apartados en que se han distribuido los espacios de la segunda planta del Museo. Son ocho secciones abiertas y flexibles con obras que, a pesar de pertenecer a diferentes fechas y periodos, mantienen una relación y construyen un hilo conductor. El propio artista describe la trayectoria narrativa de la exposición: «Primero estableces el 'Yo'. Después lo abandonas por el 'Nonato'. A continuación, atraviesas un campo de transformación en 'Bestiario'. Seguidamente, tomas posesión de tus poderes en 'Transformación en ella'. En este punto, puedes recoger tus armas en 'Amuletos y oraciones'. Y por último, todo se desintegra en la nada en 'Cielo'. Una vez iniciado el viaje ya no hay retorno».

Junto a estas secciones se incluye una parte dedicada al compromiso de Clemente con la literatura y en especial, a sus colaboraciones con poetas amigos suyos. Además en las Estancias con las pinturas al fresco se expone (sala 209) la instalación mística de La estancia de índigo (1983-84) una habitación casi oscura, parcialmente iluminada por cierta luz natural que penetra por una claraboya, y con paredes pintadas de azul índigo y cubiertas de pinturas sobre papel. También pueden verse la serie Las catorce estaciones (1981-82) y las diecisiete pinturas de La habitación de la madre (1995-96) montada en el Guggenheim Bilbao con motivo de la inauguración del museo en 1997.

El espectador puede recorrer las partes de modo alterno e independiente para comprobar el desarrollo de una obra en continua evolución y metamorfosis. Por que, precisamente, es la capacidad metamórfica de Clemente lo que más le distingue de otros creadores. Es tal la variedad de estilos, disciplinas y temas que aborda que de toda su obra se desprende un fluido constante de imágenes.

Clemente cambia su identidad artística con la facilidad de quien domina el espacio pictórico y potencia la impronta visual. Elementos naturales, ornamentos, decoraciones, símbolos y ceremonias forman composiciones en las que unas cosas se suman a otras para contar, en definitiva, las obsesiones espirituales del pintor.

Toda esa diversidad se refleja en los óleos, acuarelas, pasteles, gouaches, dibujos, frescos e ilustraciones de libros expuestos. Son obras que inciden en la multiplicidad creativa de un artista convencido de que «no hay una sola verdad sino muchas verdades y fragmentos. Movimientos entre el Este y el Oeste, la materia y el espíritu, lo consciente y lo inconsciente».

El resultado varia según la visión de cada apartado y alcanza puntos álgidos ante piezas formidables como algunos de los autorretratos de los años 80, las miniaturas y las ilustraciones de libros. No menos interesantes son las grandes acuarelas, las témperas y en general, la facilidad con la que Francesco Clemente trabaja las técnicas tradicionalmente clásicas para adecuarlas a sus intereses.

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