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Alexander Calder
Elogio de la ingravidez

El Guggenheim recupera el pulso del siglo XX con una selección de 75 piezas del revolucionario escultor

J. A. González Carrera. Bilbao

Escultura de Calder en el Guggenheim Bilbao

"Guillotina..." Estable del 63, prestado por el Beaubourg




Una enorme escultura, móvil a la menor corriente de aire, recibe al visitante del Guggenheim, colgado del atrio del edificio de Gehry, con motivo de la muestra dedicada a Alexander Calder: 'La gravedad y la gracia'. Con esta exposición, que ocupa la segunda planta, y con una nueva presentación de la galería del Fish, dedicada a Richard Serra, Carl Andre, Mario Merz y Richard Long, el centro completa la instalación de exposiciones de cara al verano y recupera con ello el pulso del siglo XX.

Otro móvil más sutil, de láminas negras, juega con la vista del espectador, entre los sinuosos e inmaculados volúmenes verticales del vestíbulo. Un tercero, 'Nenúfares rojos', de 1956, aparece también suspendido en este espacio del museo, al igual que lo hizo en el invierno de 1964 en la chimenea del cuerpo espiral del museo Guggenheim de Nueva York, en la muestra que éste dedicó al artista, entonces todavía vivo.

Casi 40 años después, el Guggenheim Bilbao acoge una nueva exhibición monumental de Calder, no por el número de obras expuestas, 75, sino por el concepto y la generosidad de espacio con que se presenta un conjunto de piezas ya de por si monumentales, sea cual sea su tamaño. Con ellas, Calder «llevó la escultura a un estado de transparencia e ligereza, desde una perspectiva cósmica aeoespacial», refirió la comisaria, Carmen Giménez, que calificó el trabajo del revolucionario escultor como un «elogio de la ingravidez».

El invierno, en Madrid
La exposición, que pasará el invierno en el Reina Sofía, de Madrid, fue aplazada hace dos años. Su celebración ahora es posible por el patrocinio del BBVA, afirmó el director del centro, Juan Ignacio Vidarte. Javier Ayuso, director de Comunicación e Imagen del banco, reiteró a su vez el «compromiso» de la entidad bancaria ­uno de los principales patronos del museo­, con la comunidad que la vio nacer hace más de cien años.

«Una exposición no se juzga por el número de obras», comentó Giménez, conservadora del Guggenheim de Nueva York, al serle planteada la comparación con la muestra celebrada en la National Gallery de Washington en 1998, en el centenario de Calder, con más de 250 obras. La experta desvinculó la muestra de la efemérides. Su origen estaría en «la estimulante exposición 'Picasso y la Edad de Hierro'», que ella misma comisarió para el Guggenheim neoyorquino en 1996, pero que no llegó a verse en Bilbao.

Giménez indicó que el propósito de la exposición es la de «ir a la esencia de Calder», y situarla en «una arquitectura de espacios ideales» con la que Gehry «también ha buscado el movimiento».

Razón antibélica
La experta, que firma el catálogo con el catedrático Francisco Calvo Serraller y Alexander S. C. Rower, recordó en estos tiempos de guerra que el desaparecido creador fue un antibelicista convencido. Cuando la guerra de Vietnam, Calder compró la última página de 'The New York Times', en enero de 1966, para expresar su opinión ante la persecución de que fueron objeto muchas personas en EE UU por manifestarse contra el conflicto. El artista acababa diciendo que «la reflexión y la razón no podían ser tomadas nunca como traición».

 

El mercurio de Calder junto al 'Guernica'

I. Esteban Bilbao
En principio iba a llamarse la 'Venta de Don Quijote' y hubiera servido para promocionar los vinos españoles. Pero la historia se torció para el lado equivocado, para el lado de la guerra civil. Los planes para la Exposición Universal de París de 1937 cambiaron y el director del pabellón español, el socialista Luis Araquistáin, mano derecha de Largo Caballero, decidió que allí se mostrara la cultura, la sociedad y la economía de la Segunda República.

La comisión cultural, formada por Max Aub, Louis Aragon y el arquitecto Luis Sert llamaron a Picasso para que participara, y lo hizo con su cuadro más famoso, el 'Guernica'. Enseguida se le sumaron dos artistas muy amigos entre sí, Joan Miró y Alexander Calder, además de Alberto Sánchez y Josep Renau.

Calder presentó su 'Fuente de mercurio', en la Fundación Miró de Barcelona, ya que Sert le pidió que hiciera una referencia a las minas de Almadén, de gran importancia económica, que habían sido tomadas por los franquistas. Calder firmó la obra como 'Calderón de la Fuente'. La pieza se dispuso en la entrada del pabellón, justo delante del 'Guernica' de Picasso.




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